- Los sistemas tradicionales de producción, basados en ciencia y saberes ancestrales, son clave para la soberanía alimentaria, la construcción del derecho humano a la alimentación, la equidad de género y la resiliencia climática.
- La sociobiodiversidad evidencia cómo la diversidad cultural y la diversidad biológica están profundamente articuladas en la gestión sostenible de los territorios y la conservación de la biodiversidad por el uso.

El sur del Tolima es un territorio profundamente diverso. Allí conviven identidades territoriales como pueblos indígenas, comunidades negras y campesinas, cada una con historias y saberes sobre el manejo, uso y conservación de la agrobiodiversidad y formas de organización propias. Entre los pueblos indígenas se encuentran los Pijao, presentes en los cabildos Ico Valle de Anape en Ataco y Yaguara en Chaparral, y el pueblo Nasa Wes’x, con presencia en los resguardos de Gaitania en Planadas y Las Mercedes en Rioblanco.
Las comunidades negras están representadas principalmente por familias de origen chocoano que llegaron al sur del Tolima por trabajo, para actuar como profesores normalistas en zona rural y urbana en épocas de violencia armada. Hoy se organizan en asociaciones, consejos comunitarios y fundaciones enriqueciendo la diversidad cultural del Tolima, con su presencia y territorialidad, creación y puesta en marcha de la cátedra afrocolombiana, conocimientos clave sobre cultivos, cocina tradicional y formas colectivas de trabajo.
A estas comunidades se suma el campesinado, recientemente reconocido como sujeto político de derechos, quienes se reconocieron a través de diversas identidades territoriales auto reconocidas como: mujer artesana campesina, trabajador jornalero, campesino pescador agricultor, indígena campesino, mujer negra lideresa social agricultora, hombre afrodescendiente campesino entre otras, lo que permitió evidenciar una subjetividad atravesada por lo étnico, racial, el género y por los vínculos relacionales con la tierra.
La investigación AgroSocioBio Tolima surge de una estancia posdoctoral realizada en el marco del Programa Orquídeas, Mujeres en la Ciencia 2024. Fue implementada en el territorio, conversando con las comunidades y observando de cerca cómo transcurre la vida en el campo, los bosques y ríos. Se visitaron 40 sistemas tradicionales de producción ubicados entre los 457 y los 2506 m s.n.m.r, un rango altitudinal que permite una enorme diversidad de cultivos, ecosistemas y prácticas agrícolas. También se caracterizaron 16 productos de la sociobiodiversidad, se realizaron 4 talleres de confluencia de saberes y sabores, se indagó la (In)Seguridad Alimentaria a través de las encuestas “Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES)” (FAO, 2018) y la “Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA)” (FAO, 2012) adicionalmente se analizó la gobernanza alimentaria en los municipios.
Los sistemas tradicionales de producción integran ciencia, conocimientos ancestrales, prácticas ecológicas y experiencias de vida para producir alimentos, futuro, equilibrio y adaptación. A través de recorridos por fincas, huertas, vegas y montañas, se revela que estos saberes locales son clave para la soberanía alimentaria, la equidad de género y la resiliencia frente al cambio climático.
La montaña organiza la vida productiva
La producción agrícola en el sur del Tolima se organiza de acuerdo con la altura de la montaña. En la zona baja, entre los 400 y 1000 metros, predomina el bosque seco tropical (ecosistema colombiano más amenazado). Allí se cultivan especies como cacao, maíz clavo, yuca y una gran variedad de frutales, entre ellos coco, plátano cachaco, cacao, mango, anón, acompañados de palma real y producción de especies menores como aves y cerdos.
En la zona intermedia, entre los 1000 y 1900 m s. n. m., se encuentra la región cafetera. El café se cultiva bajo sombra, acompañado de árboles como cámbulo, cedro y gualanday, que ayudan a regular la temperatura y proteger el suelo. En zonas húmedas llamadas “vagas” se siembran cultivos como bore, diversidad de plátanos, acompañados de iraca como planta silvestre.
Por encima de los 2000 metros se extiende la zona alta, donde el clima es más frío y el paisaje corresponde al bosque andino. Aquí se destacan la ganadería lechera y las huertas de clima frío, con cultivos como tomate de árbol, mora, papayuela y ulluco.Estos sistemas combinan producción y conservación. Las familias cuidan las fuentes de agua, mantienen árboles nativos y adaptan sus prácticas a las condiciones del territorio.
Principales hallazgos
La conservación de semillas criollas es una práctica fundamental en los sistemas tradicionales. Las semillas se conservan dentro de los mismos sistemas de cultivo a través de la siembra en parcelas o huertas y se transmiten de generación en generación como un patrimonio vivo. Estas semillas representan autonomía, ya que permiten a las familias no depender de mercados externos, son clave para mantener la diversidad genética de los cultivos y para adaptarse a los cambios del clima y del entorno.
Aunque los hombres suelen manejar el conocimiento relacionado con los árboles, la madera y el uso forestal, son las mujeres quienes concentran el saber sobre la agrobiodiversidad alimentaria, son ellas quienes deciden qué se siembra en las huertas, cómo se conservan las semillas y qué alimentos llegan a la mesa. También conocen las plantas medicinales y las combinaciones que garantizan una dieta diversa. Sin este conocimiento, la seguridad alimentaria de las familias rurales no sería posible. Es importante destacar que en Ataco y Rioblanco el 70 % de las personas participantes de la investigación fueron mujeres, mientras que en Planadas fueron el 80 % y en Chaparral el 100%.
La agrobiodiversidad está directamente relacionada con la soberanía alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a decidir cómo producen, distribuyen, comercializan y consumen los alimentos. También se conecta con la Seguridad Alimentaria y Nutricional, que garantiza el acceso permanente a alimentos suficientes y nutritivos. En este contexto, los sistemas tradicionales se convierten en herramientas para defender la vida y la dignidad.
Durante los recorridos se registraron 1177 menciones de plantas alimenticias entre convencionales (aquellas comunes en la agricultura como variedades de yuca, leguminosas, plátano y calabazas) y no convencionales (aquellas que no se siembran o son más espontáneas en el agroecosistema y consumen en la alimentación como el cilantro cimarrón, las guascas, la papa cidra o el chachafruto), 422 plantas ornamentales, 383 menciones de árboles, 127 especies de animales de cría, 14 animales ornamentales y/o domésticos, además de un registro interesante sobre polinizadores y animales silvestres visitantes de las propiedades rurales. Estas cifras reflejan mucho más que biodiversidad: hablan de la relación cotidiana entre las familias y su entorno, de lo que se siembra para comer, para sanar, para compartir, para proteger y celebrar.
Bajo la perspectiva de la sociobiodiversidad, la investigación indaga las relaciones entre la diversidad cultural y diversidad biológica. A través de esta, descubre las relaciones tejidas entre las entidades territoriales con los productos forestales no maderables aprovechados de manera sustentable de bosques y ríos. El concepto integrador, nos recuerda a la humanidad que no existe biodiversidad sin el componente cultural, pues es el que la gestiona y conserva a través de los conocimientos tradicionales y del uso sustentable.
Cosechar el futuro
La investigación agroecológica evidencia cómo otros modelos de relación con la tierra han coexistido ancestralmente y es posible replicar en modelos insostenibles como los monocultivos. Demuestra que las relaciones tejidas entre los sistemas de conocimiento de las identidades territoriales y la diversidad biológica producen alimentos nutritivos y saludables, calidad de vida, y bienestar.




REFERENCIAS
FAO. 2018. “Escala de experiencia de inseguridad alimentaria - Preguntas frecuentes”. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura - FAO: 17.
FAO. 2012. “Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA)”. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura - Comité Científico de la ELCSA. https://www.fao.org/4/i3065s/i3065s.pdf (el 20 de marzo de 2024).
