El bosque más grande de palmas de cera del planeta es, desde hoy, un Santuario de Flora declarado por Parques Nacionales Naturales. Esta decisión reconoce el valor ecológico de un territorio estratégico de la Cordillera Central donde convergen bosques altoandinos y páramos y donde se refugia esta especie endémica del norte de Los Andes, catalogada En Peligro Crítico de extinción en Colombia por la Lista Roja de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN).
El Instituto Alexander von Humboldt respalda y felicita la declaratoria de esta nueva área protegida, una decisión que representa un paso histórico para la conservación de la palma de cera y de los ecosistemas altoandinos del país.
"Estamos dando un paso significativo para conservar las poblaciones de palma de cera que quedan en el planeta. No podemos decir que la tarea de asegurar la supervivencia de la palma de cera ya está hecha, pero sí que hemos dado el paso más importante que teníamos que dar en ese propósito", dijo Hernando García, director general del Instituto Humboldt.
En este territorio se han registrado cerca de 163 especies de plantas, 304 especies de aves y 34 especies de mamíferos, muchas de ellas con un papel fundamental en el equilibrio ecológico de la región.
Durante la última década el Instituto Alexander von Humboldt aportó el conocimiento científico que permitió visibilizar la importancia de este ecosistema y fortalecer las acciones de conservación junto a las comunidades locales y a 14 entidades que impulsaron acciones de gobernanza, restauración y financiamiento. Asimismo, respaldó técnicamente el proceso de declaratoria del Santuario y participó en las discusiones científicas que sustentaron esta decisión de conservación.
“La importancia de Tochecito no está solamente en las palmas que existen hoy, sino en lo que este territorio puede llegar a ser en el futuro. No estamos protegiendo únicamente lo que vemos ahora, sino la posibilidad de que, en 20 o 50 años, estos paisajes recuperen grandes bosques de palma de cera como los que admiraron los viajeros del pasado. Estos palmares tienen una capacidad extraordinaria de regeneración y la declaratoria es fundamental porque permite que ese proceso natural pueda ocurrir”, explicó Rodrigo Bernal, botánico, investigador de Palmares de Tochecito y experto en palmas y palmeras.
La declaratoria como área protegida representa un paso fundamental para garantizar la permanencia de este ecosistema estratégico, amenazado históricamente por la transformación del hábitat, y fortalece las acciones orientadas a conservar una especie que cumple un papel esencial en la dinámica ecológica de los Andes colombianos.
Entre los 2.000 y 3.750 metros sobre el nivel del mar, en la vertiente oriental de la Cordillera Central, se encuentra la cuenca del río Tochecito, un territorio de 8.885 hectáreas donde hoy el nuevo Santuario integra cerca de 2.000 hectáreas: un área protegida clave para la conservación de la biodiversidad colombiana.
Este paisaje, tan grande como el municipio de Chía (Cundinamarca), alberga cerca de 300.000 individuos adultos de palma de cera (Ceroxylon quindiuense), la mayor población conocida a nivel mundial de esta especie, reconocida como árbol nacional de Colombia por la Ley 61 de 1985 y considerada la palma más alta del planeta, con ejemplares que pueden superar los 60 metros de altura.
Un territorio donde la palma sostiene la vida
La importancia de Palmares de Tochecito trasciende la presencia de la palma de cera. Sus bosques altoandinos y ecosistemas de páramo conforman un corredor ecológico estratégico que conecta diferentes ecosistemas de montaña y brinda refugio a una alta diversidad de especies, entre ellas fauna silvestre amenazada.
Entre ellas se encuentran el loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis) y el perico paramuno (Leptopsittaca branickii), aves que dependen estrechamente de estos bosques: utilizan las cavidades de los troncos de la palma para reproducirse y encuentran en sus frutos una fuente fundamental de alimento.
La conservación de estos palmares es, por tanto, determinante para proteger no solo una especie emblemática de Colombia, sino también las relaciones ecológicas que permiten la supervivencia de múltiples especies asociadas.
Además de su importancia biológica, Palmares de Tochecito cumple una función esencial para la regulación hídrica regional. La zona hace parte de la cuenca alta del río Coello, donde nacen y confluyen fuentes de agua como las quebradas San Rafael, Dantas y Pajaritos, que alimentan el río Toche y posteriormente el río Coello.
Estos ecosistemas de montaña contribuyen a mantener la disponibilidad y calidad del recurso hídrico que sostiene actividades productivas, sistemas de riego y comunidades del departamento del Tolima.
La declaratoria del área protegida se suma a los esfuerzos de conservación que desde hace varios años adelantan actores locales e institucionales para garantizar el futuro de este paisaje.
En este territorio se desarrolló la iniciativa "Un paisaje protegido en Tochecito", liderada por la Fundación Santo Domingo, la Fundación Ecológica Las Mellizas y el Instituto Humboldt, en alianza con propietarios locales y con el apoyo de Cortolima.
A través de procesos de planificación predial participativa en las veredas Alto Toche y Las Lajas, se identificaron herramientas de manejo que fortalecen la conservación de la biodiversidad y promueven prácticas sostenibles. Entre las acciones implementadas se encuentran la instalación de cercos para favorecer la regeneración natural de la palma de cera, sistemas de saneamiento hídrico y estrategias de ecoturismo sostenible que buscan armonizar la conservación con las dinámicas de las comunidades que habitan el territorio.
Para el director del Instituto Humboldt, “esta declaratoria marca el inicio de una nueva etapa de trabajo. El reto ahora será promover la restauración de los bosques y palmares, consolidar un paisaje de conservación que trascienda los límites del Santuario y seguir trabajando de la mano con las comunidades, las reservas de la sociedad civil y los productores para ampliar la conservación de este ecosistema estratégico”.
La declaratoria de esta área protegida reconoce el valor de un paisaje donde la palma nacional, los bosques de montaña, las aves amenazadas y las fuentes de agua hacen parte de un mismo sistema ecológico.
