Se oye el canto de las aves y luego entra la voz de María, que se lamenta porque ya no se escucha el chilaco, que siempre cantaba ahí, en el Guaviare, a las 5:00 a. m. Aparece la selva, antes mucho más espesa e imponente, y ahora golpeada por la deforestación que azota a esta y otras zonas de la Amazonía colombiana.