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Los secretos del arte rupestre de la Amazonia revelados por dos investigadores colombianos
Los secretos del arte rupestre de la Amazonia revelados por dos investigadores colombianos
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14.1.26

Carlos Castaño-Uribe y Carlos A. Lasso llevan más de cinco años analizando miles de fotografías inéditas del arte rupestre de la Amazonia, un trabajo pionero en Sudamérica no solo por tratarse de la primera vez que se unen un biólogo y un antropólogo para tal fin, sino porque el arsenal de imágenes con las que cuentan hoy, gracias a las investigaciones en Chiribiquete, así lo permiten, como en ningún otro lugar del continente.

  • El biólogo Carlos A. Lasso y el antropólogo y arqueólogo Carlos Castaño-Uribe se unieron para descifrar los mensajes que ocultan las pinturas plasmadas desde hace miles de años por los pueblos indígenas amazónicos originarios.
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  • Fusionaron la antropología, la etnoarqueología y la biología para investigar, analizar y deducir sobre miles de iconografías del arte rupestre de la serrania del Chiribiquete, el Inírida y las serranías de La Lindosa, El Tunahi, La Macarena y otras formaciones de la basta region de la Amazonia y la Orinoquia colombiana.
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  • El estudio revela que los indígenas convivieron no solo con la fauna silvestre actual sino también, con armadillos gigantes, gonfoterios o mastodontes y tigres dientes de sable, entre otras especies. En otras palabras, convivieron con fauna pleistocénica extinta hoy, propia del final del pleistoceno y comienzos del Holoceno.
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  • En un libro aún inédito que se encuentra en fase de consecución de recursos, pondrán sobre la mesa la hipótesis de que el poblamiento del continente americano es mucho más antiguo de lo que se plantea.
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La densa manigua de la Amazonia, el bosque húmedo tropical más grande del planeta que cubre nueve países de Sudamérica, esconde un mundo lleno de secretos que el hombre occidental no ha podido descifrar.

Uno de los grandes interrogantes está en los lienzos pintados hace miles de años por los pueblos indígenas en los tepuyes y mesetas del Escudo Guayanés, sitios donde plasmaron una escritura ancestral a través de dibujos y símbolos.

En la Amazonia y Orinoquia colombianas, este arte rupestre ha sido descubierto en sitios como el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, un patrimonio mixto de la humanidad, y en otras serranías de esta enorme región, tales como La Lindosa, La Macarena, El Tunahí, Cerro Morroco y afloramientos graníticos del río Inírida y el Orinoco Medio.

Animales, plantas y seres espirituales de estos grupos cazadores tempranos -con sus armas, utensilios, herramientas y prácticas originarias- documentan escenas de caza, pesca, preparación de presas en campamentos temporales, entre otros, y conforman la denominada “Capilla Sixtina” amazónica: creaciones milenarias que han sobrevivido a los estragos del tiempo y el clima y que se han empezado a revelar al mundo a partir de los mensajes y los significados que han permanecido ocultos durante siglos.

Uno de los autores es Carlos Castaño-Uribe, el antropólogo, arqueólogo y ambientalista colombiano quien “descubrió” para la ciencia de la conservación la serranía del Chiribiquete en 1987 y la declaró (como director de parques Nacionales en ese momento) como el área protegida más grande de Colombia. El investigador lleva más de 35 años estudiando estos trazos de lenguaje cultural y milenario. El otro autor es Carlos A. Lasso, investigador del Instituto Alexander von Humboldt y uno de los biólogos más reconocidos del país por su trabajo en la Amazonia y la Orinoquia.

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Megafauna en la Amazonia

Carlos Castaño-Uribe y Carlos A. Lasso llevan más de cinco años analizando miles de fotografías inéditas del arte rupestre de la Amazonia, un trabajo pionero en Sudamérica no solo por tratarse de la primera vez que se unen un biólogo y un antropólogo para tal fin, sino porque el arsenal de imágenes con las que cuentan hoy, gracias a las investigaciones en Chiribiquete, así lo permiten, como en ningún otro lugar del continente. Según Lasso,

“hablamos de más de 90.000 imágenes pintadas en Chiribiquete, algunas de las cuales pueden datar del final del Pleistoceno (20.000 años), una época conocida por la presencia de la megafauna, es decir animales gigantes, ya extintos. Castaño-Uribe y Thomas van der Hammen dataron pinturas del Abrigo del Arco en 1991 y 1992 con más de 19.000 años”,

información que se mantuvo a la espera de una nueva datación con técnicas más avanzadas y que recién empiezan a ser comprobadas y complementadas con estudios que Castaño y Lasso están adelantando con colegas italianos.

Para los investigadores, varias de estas pinturas son mucho más antiguas de lo que se suponía en el medio arqueológico.

“Esto podría indicar que el continente sudamericano fue poblado mucho antes”, dicen. “Entre las pinturas milenarias que se analizan se revela la posibilidad de convivencia del hombre temprano con grandes animales extintos del Pleistoceno como posibles gonfotéridos o mastodontes (elefantes con colmillos muy grandes) como también figuras que podrían tratarse de posibles felinos “tigre dientes de sable” con colas cortas, llamas amazónicas (parecidas a las de los Andes, con largos cuellos), armadillos prehistóricos, dantas gigantes, felinos más grandes y de otras especies como grandes chigüiros de un mayor tamaño a los recientes. En el libro, estas evidencias cuentan con comentarios biológicos, antropológicos y arqueológicos, además de la visión indígena contemporánea”, comentan los expertos.

Otro de los hallazgos del estudio es que los indígenas amazónicos del Pleistoceno no fueron necesariamente los causantes de la desaparición de la megafauna de la época. Según Lasso, una investigación de Thomas van der Hammen muestra que cambios climáticos que disminuyeron las lluvias hace unos 14.000 años, terminando el Pleistoceno, provocaron probablemente la conformación de sabanas y refugios de bosques tropicales en la Amazonia, sitios donde quedó concentrada la fauna actual y una pequeña parte de la fauna pleistocénica, junto claro está, con los humanos. Estos cambios en la vegetación pusieron fin a la vida de la megafauna herbívora y eso tuvo un efecto cascada sobre los grandes carnívoros.

En las pinturas milenarias de la Amazonia y Orinoquia, Lasso y Castaño-Uribe han identificado todos los grupos biológicos de la fauna, es decir mamíferos, aves, reptiles (tortugas, cocodrilos, lagartos y serpientes), anfibios, peces e invertebrados (ciempiés y arañas cavernícolas).

Los animales más representativos en el arte rupestre de Chiribiquete son el jaguar y el venado, sin embargo en las otras serranías y formaciones rocosas estudiadas difieren de las especies más representativas donde los peces óseos, rayas, los caimanes y cocodrilos son el icono pictórico por excelencia.

De acuerdo con el libro de los investigadores que aún no se ha publicado, todos estos hallazgos de megafauna y fauna actual demuestran que la Amazonia y la Orinoquia albergaron una variada y muy compleja diversidad que ha servido de sustento milenario a las comunidades indígenas. Para los investigadores, el sentido de equidad, corresponsabilidad, equilibrio y carácter auspicioso que desde siglos atrás estas poblaciones fomentaron con un carácter cosmogónico y chamanico, permitió una adecuada armonía de todos estos seres vivos.

El biólogo Lasso asegura que las fichas de los animales del Pleistoceno del futuro libro, fueron revisadas por un paleontólogo venezolano de la Universidad de Zürich (Prof. Jorge Carrillo Briceño), experto en la materia.

“La coincidencia entre nuestro estudio con el suyo, fue superior al 90%, lo que da soporte a los resultados de esta investigación”.

La publicación, única en su género, se encuentra actualmente en etapa de consecución de recursos por parte de los expertos.

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Carlos Castaño–Uribe, Carlos A. Lasso y Fernando Montejo en Chiribiquete

La ciencia tiene la palabra

Este estudio étnico, biológico, antropológico y arqueológico del arte rupestre en la Amazonia y la Orinoquia colombianas, y la Tradición Cultural Chiribiquete , deja varias conclusiones que generarán una gran discusión en el ámbito científico.

La primera, según comenta Castaño-Uribe, es que el poblamiento del continente sudamericano, comparado con la llegada de los humanos por el estrecho de Bering (cultura Clovis), es mucho más antiguo de lo que se creía y que esto permite relacionar al Hombre Temprano con la posible presencia de la megafauna extinta, algo que ha sido rechazado y considerado ilógico, absurdo y disparatado por la mayoría de los investigadores en este campo.

La segunda conclusión a la que llega Lasso es que en la Amazonia sí existió una fauna pleistocénica y convivió durante muchos años con los indígenas. Además de las figuras en los pictogramas milenarios, ya hay otros estudios relacionados con los registros fósiles que así lo demuestran.

“En la Amazonia brasileña han encontrado pinturas y fósiles donde las fechas de datación coinciden en gran medida con las nuestras. Es decir, que el humano sí estuvo ahí y lo representó en sus paredones como parte de su cosmología y sus deidades”.

Este biólogo con cerca de 40 años de experiencia, asegura que el nuevo estudio con Carlos Castaño-Uribe le permitió romper varias barreras y empezar a considerar ciertas creencias que no hacen parte de su profesión.

“Los científicos somos cuadriculados y siempre nos basamos en pruebas comprobables. Con esta investigación aprendí que debemos tener la mente más abierta para entender otros fenómenos y elementos cosmológicos y creer en lo que se ha llamado la biogeografía chamánica, es decir, la interacción de los indígenas con la naturaleza, esas creencias y deidades”, comenta Lasso.

Para Castaño-Uribe, uno de los grandes legados que permitirá esta investigación es demostrar nuevamente que se está frente a un territorio sagrado y de larga ocupación humana lo que lo convierte en uno de los paisajes culturales más antiguos de América del Sur.

“Los murales de Chiribiquete y los abrigos rocosos de otros sitios periféricos en la Amazonia y el Orinoco con pinturas rupestres muestran una continuidad ritual, evidenciada en múltiples capas estilísticas, colores, técnicas y motivos. Esto sugiere que Chiribiquete y el resto del sistema tepuyano o rocoso periférico fue usado por diferentes grupos humanos a lo largo de milenios, manteniendo una visión afín y derivada de mucho de lo que se muestra de forma explícita en Chiribiquete como nodo ceremonial”, dice Castaño.

La etnología amazónica y orinoquense en Colombia muestra que muchos pueblos indígenas —tanto del noroeste amazónico como del piedemonte— comparten mitos, símbolos y prácticas que se reflejan en el arte rupestre de Chiribiquete. Las formas figurativas y naturalistas, además de las imágenes geometrizadas y abstractas, que sólo están presentes de forma integral en esta serranía y que permiten interpretar mucho de los otros contextos rupestres no sólo de Colombia sino de Sudamérica, ponen en un relieve excepcional el legado pictórico y ancestral de este lugar.

Este estudio no solo aborda la identificación de las especies sino que permite también poner en primer plano los posibles significados culturales que hacen parte de una herencia simbólica inimaginable, muchas de las cuales están relacionadas directamente con la aproximación chamánica, como con los animales de poder asociados a fuerzas cósmicas y guardianes de los mundos.

En el arte rupestre de Chiribiquete queda evidente que este lugar funciona como un legado pictórico y rupestre de gramática visual de la espiritualidad amazónica, un sistema que comunica la relación entre humanos, espíritus y naturaleza, y donde es claro ver el vínculo entre diferentes mundos y tiempos humanos y biológicos.


Más información:‍

Prensa Instituto Humboldt
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❝Entre las pinturas milenarias que se analizan se revela la posibilidad de convivencia del hombre temprano con grandes animales extintos del Pleistoceno❞.