“Antes la ciénaga tenía el agua clara y se podía pescar tranquilamente. Los peces eran abundantes y predecibles; bastaba con conocer las épocas y los lugares para asegurar la jornada. Hoy, en cambio, “ya no se sabe dónde están, las redes regresan casi vacías y la incertidumbre se volvió parte del día a día para nosotros los pescadores”, recuerda Fidel Enrique Escorcia de 74 años, quien ha pasado casi toda su vida en las orillas del río Man en Cantagallo, Bolívar.
Desde sus 17 años, la ciénaga Colombia se convirtió en su casa, en su escuela y en su forma de entender el mundo gracias a que sus padres lo llevaron a vivir allí para buscar no solo el sustento en el agua, sino también un lugar al cual pertenecer. Desde entonces, la ciénaga Colombia se convirtió en su casa, en su escuela y en su forma de entender el mundo.
Viudo y padre de dos hijos, como pescador artesanal ha vivido de lo que el agua le ofrece: bocachico, bagre y todas las especies que históricamente han habitado la ciénaga. Durante décadas, su rutina fue sencilla y constante: salir al amanecer, lanzar las redes, regresar con pescado suficiente para alimentar a su familia y compartir con la comunidad.
Fidel ha sido testigo de la desaparición de las aves migratorias. Comenta que antes los cielos se llenaban de pájaros que encontraban en la ciénaga alimento y descanso, pero que ahora muchos ya no llegan. “No tienen dónde comer, ya no existen las pajareras”, dice con tristeza.
Un esfuerzo colectivo por recuperar el ecosistema deteriorado
La transformación del territorio ha sido profunda. Recuerda cuando la ciénaga tenía cerca de 3.500 hectáreas y el espejo de agua parecía infinito. Hoy, ese mismo ecosistema se ha reducido a unas 200 hectáreas.
Según Fidel, esta pérdida no es casual. La atribuye a múltiples factores: el dragado indiscriminado, la expansión de cientos de bufaleras, la minería ilegal y los impactos asociados a la hidroeléctrica de Ituango. Todos estos procesos, acumulados en el tiempo, han alterado el curso natural del ecosistema y han puesto en riesgo no solo la fauna y flora, sino también a las comunidades que dependen de ellos.
Lejos de resignarse, Fidel se convirtió en un referente social en su región. Hoy es el presidente del Comité de Pescadores de la Ciénaga Colombia, una organización conformada por 22 pescadores y sus familias, que trabajan de manera colectiva por la protección y recuperación del cuerpo de agua.
En este contexto, el Instituto Humboldt, con el apoyo del Fondo Colombia Sostenible y en articulación con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, ejecutan el proyecto “Zonificación Ambiental Participativa para el ordenamiento ambiental y la gobernanza territorial” (ZAP).
En el desarrollo del componente 3, el proyecto apoya a la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (Corantioquia) en la gestión del Área de Especial Interés Ambiental (AEIA) Humedales del río Man y Ciénaga Colombia, localizada en la subregión del Bajo Cauca antioqueño.
Un llamado a la conservación
Más allá de su rol como líder comunitario, Fidel considera una obligación de todos el cuidar la ciénaga Colombia, ya que —como él mismo afirma— los seres humanos no pueden vivir sin agua. Su compromiso va más allá del discurso: este humilde pescador es un Guarda Ciénagas, capacitado por Corantioquia, y participa activamente en procesos de formación y sensibilización ambiental, asistiendo a capacitaciones lideradas por la Universidad de Antioquia.
Para Fidel y su comunidad, este acompañamiento institucional representa una oportunidad concreta de cambio para su territorio. Desde su liderazgo, impulsa reuniones, gestiones ante instituciones y espacios de diálogo comunitario. Siendo una de las soluciones más urgentes el lograr que la ciénaga sea declarada área protegida: “eso nos puede servir mucho a nosotros los pescadores, porque así vuelven los pescados y las aves, los animalitos”, explica.
Su voz, curtida por los años y la experiencia, se ha transformado en un símbolo de resistencia y esperanza: defender la ciénaga no es solo una causa ambiental, es una lucha por la vida, la memoria y el futuro de toda la comunidad.

Sobre el proyecto ZAP
El Proyecto “Zonificación ambiental participativa para el ordenamiento ambiental y la gobernanza territorial” es implementado por el Instituto Humboldt, financiado por el Fondo Colombia Sostenible con recursos de los gobiernos de Noruega, Suecia y Suiza, y la administración fiduciaria del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en coordinación con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y, las comunidades rurales participantes de Bajo Cauca Antioqueño y Sur de Bolívar.
Su objetivo es implementar el Plan de Zonificación Ambiental en las subregiones y municipios PDET, con el fin de orientar y promover el uso ambientalmente adecuado del territorio y fortalecer la gobernanza territorial.
