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¿Por qué los incendios actuales son atípicos? Esta es la explicación del  Instituto Humboldt
¿Por qué los incendios actuales son atípicos? Esta es la explicación del Instituto Humboldt
autor
Instituto Humboldt
publicación
28.8.26

La sequía asociada al fenómeno de El Niño aumenta el estrés de los ecosistemas y las condiciones para la propagación de los incendios. El Instituto Humboldt explica qué ocurre con los ecosistemas después del fuego y cuál es la mejor manera de asumir su recuperación.

En el caso de especies de fauna, “los impactos son un poco más inciertos cuando están asociados a especies que son un poco más móviles, llámese mamíferos y aves que se tienen que desplazar de los sitios donde estaban habitando para ubicar otros sitios que no fueron afectados por los incendios”, explica José Manuel Ochoa Quintero, gerente del Centro de Estudios Socioecológicos y Cambio Global del Instituto Humboldt.

La pérdida de cobertura vegetal también implica la pérdida de hábitat para diferentes especies y puede afectar la conectividad entre los remanentes de bosque. Esta situación es especialmente importante cuando los incendios afectan corredores naturales asociados a los ríos, que permiten el desplazamiento de las especies entre diferentes áreas.

El fuego también puede afectar los suelos. Cuando un incendio ocurre con alta intensidad, los suelos pueden perder parte de su capacidad para absorber e infiltrar agua. Esto puede tener consecuencias durante las lluvias posteriores, al modificar la forma en que el agua llega a los ríos y afectar las condiciones del agua que alimenta los acueductos.

“Perdemos los bosques, perdemos los rastrojos que son esos bosques del futuro y perdemos toda la vida que hace parte de esos bosques y, muy importante, perdemos esa capacidad de los suelos para retener el agua en época de lluvias”, explica García.

Los efectos también pueden extenderse a las comunidades rurales. En los territorios afectados por los incendios pueden coexistir ecosistemas naturales, viviendas y sistemas productivos, por lo que las consecuencias de un incendio pueden involucrar tanto la biodiversidad como las condiciones de vida de las personas.

Ojo a las especies invasoras

El fuego tampoco deja un territorio vacío. Después de una perturbación, algunas especies pueden colonizar rápidamente las áreas afectadas y modificar el proceso de recuperación. En las tierras altas, especies como el retamo espinoso, la acacia y el pino requieren especial atención y manejo, debido a que pueden aumentar la disponibilidad de material combustible y contribuir a generar condiciones favorables para nuevos incendios durante las temporadas secas.

En los ecosistemas secos también es importante prestar atención a Prosopis juliflora (trupillo) y Vachellia farnesiana (aromo). Aunque se trata de especies originarias del trópico, presentan un alto potencial invasor y pueden colonizar áreas luego de impactos como el fuego. Aunque su capacidad invasora no es comparable con la de especies como el retamo, sí presentan un gran potencial, especialmente en ecosistemas secos.

En las zonas de bosque seco, el Instituto Humboldt también ha identificado a la Leucaena leucocephala (leucaena) como una especie con alto potencial invasor que puede colonizar las áreas afectadas cuando se pierde la cobertura del bosque.

Es importante precisar que la leucaena no está declarada oficialmente como especie invasora; el Instituto Humboldt la ha identificado con alto potencial invasor. La preocupación radica en que, cuando está presente en el paisaje y se pierde la cobertura del bosque, puede colonizar las áreas quemadas y dificultar que el proceso de recuperación avance hacia la vegetación nativa.

Una situación similar puede presentarse en los páramos con el retamo espinoso, especialmente cuando esta especie ya está presente en áreas perturbadas del paisaje. Por esta razón, la recuperación debe incluir seguimiento a las especies que aparecen después del incendio y acciones de manejo cuando estas puedan impedir el restablecimiento de la vegetación nativa.

No siempre hay que sembrar

Una vez controlado el fuego comienza una etapa determinante: la recuperación del ecosistema. Y allí una de las primeras decisiones debe ser establecer si la naturaleza puede recuperarse por sí misma o si necesita intervención.

Ante la preocupación de las comunidades después de un incendio, es común que se promuevan jornadas inmediatas de siembra. Sin embargo, intervenir sin conocer las condiciones del territorio puede ser contraproducente: los ecosistemas afectados necesitan tiempo para recuperarse y, en muchos casos, la primera acción debe ser proteger el área y permitir que opere la regeneración natural.

Esto implica controlar los llamados tensionantes, como la entrada de ganado, el turismo no gestionado u otras actividades que puedan dificultar la recuperación. También es necesario evaluar la presencia de remanentes de vegetación nativa cercanos. Estos pueden funcionar como fuentes de semillas y favorecer la regeneración natural del ecosistema.

La recuperación puede darse a través del banco de semillas que permanece en el suelo, de especies que toleran el incendio o que pueden rebrotar. También pueden llegar semillas mediante las lluvias, el viento, el agua y diferentes animales.

Cuando estas condiciones están presentes, puede ser más adecuada una restauración pasiva, que permita que el ecosistema avance en su recuperación con una intervención mínima. En cambio, cuando existe una degradación severa, el incendio eliminó los remanentes de bosque que permanecían en el territorio o existe una baja capacidad de regeneración natural, puede ser necesario implementar acciones de restauración activa.

Para el caso de los bosques secos, después de los incendios que han afectado grandes coberturas asociadas a ese paisaje, la mejor medida es aislar la zona quemada y es preferible que esos bosques que quedaron con su memoria ecológica puedan ser parte fundamental de la recuperación de esos bosques que vienen después de la quema”, explica García.

Por eso, la recuperación no puede responder a una fórmula única. Antes de sembrar, es necesario entender qué se quemó, qué sobrevivió y qué necesita cada territorio para recuperarse.

Ciencia para decidir

Ante este escenario, el Instituto Humboldt enfocará sus esfuerzos de investigación en el bosque seco tropical para comprender mejor los impactos del fuego y generar conocimiento que permita orientar estrategias de manejo, restauración y recuperación.

El análisis buscará determinar qué tipo de coberturas están siendo afectadas por los incendios, bosques nativos, bosques en regeneración o áreas prioritarias para restauración, y establecer qué condiciones pueden favorecer o limitar su recuperación. La información sobre la cercanía de remanentes de vegetación nativa, por ejemplo, permitirá identificar áreas donde puede favorecerse la regeneración natural y diferenciarlas de aquellas que requieren acciones de restauración activa.

El Instituto Humboldt también está utilizando información de sensores remotos e imágenes satelitales, incluida información provista por la NASA, para analizar cuánto bosque se perdió, qué condición tenía antes del incendio y qué ocurrió con la conectividad de estos ecosistemas.

Este conocimiento será fundamental para que los tomadores de decisiones puedan priorizar acciones de prevención, monitoreo y recuperación de acuerdo con las características de cada territorio. La información también busca contribuir al trabajo de las autoridades ambientales, comunidades, empresas, productores y demás actores que participan en la recuperación de estos territorios.

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