Comunicados de prensa
Ciudades resilientes
Biodiversidad en las urbes: ¿cómo están las ciudades en Colombia?
Biodiversidad en las urbes: ¿cómo están las ciudades en Colombia?
autor
Prensa Instituto Humboldt
publicación
5.2.24

Yopal, Montería, Villavicencio, Pereira, Pasto y Bucaramanga fueron las ciudades elegidas para participar en un estudio sobre ciudades resilientes y biodiversas. Aunque se registran avances, las ciudades aún enfrentan retos como son las islas de calor, la rápida urbanización y la baja cobertura arbórea; entre otros. Estos son algunos de los hallazgos.

Biodiversidad en las urbes: ¿cómo están las ciudades en Colombia?
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  • En el 2022, se adelantó una convocatoria para formar parte de un estudio sobre el estado de la biodiversidad en las urbes y su relación con la acción climática. 

  • Yopal, Montería, Villavicencio, Pereira, Pasto y Bucaramanga fueron las ciudades seleccionadas para conocer el estado de sus ecosistemas urbanos.

   

Bogotá, enero 16 de 2024. Los retos que enfrentan las ciudades de América Latina y el Caribe no son pocos, al ser una de las regiones más urbanizadas del mundo. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, se estima que ocho de cada 10 de sus habitantes viven en zonas urbanas, lo que ha ejercido una enorme presión sobre los recursos naturales y la salud de los ecosistemas. 

Estas presiones exponen a las ciudades a múltiples riesgos como: deslizamientos, sequías, temperaturas altas, inundaciones, tormentas e incendios forestales. Por tanto, se deben hallar alternativas para equilibrar el crecimiento urbano a la vez que se controla el impacto sobre el medio ambiente. 

Al respecto, las Soluciones basadas en la Naturaleza -SbN- se han convertido en una importante medida de mitigación, adaptación y conservación, ya que la naturaleza misma ofrece soluciones, al aportar productos para el consumo básico, reducir el impacto, magnitud y frecuencia de los riesgos de desastres naturales y brindar una mayor capacidad de enfriamiento en las ciudades por medio de las coberturas vegetales; entre otras. 

Una radiografía de las ciudades colombianas

Con el objetivo de identificar cuáles ciudades en Colombia han presentado avances en estrategias de SbN; en el 2022 se adelantó una convocatoria para formar parte de una investigación sobre el estado de la biodiversidad en las urbes y su relación con la acción climática. 

Yopal, Montería, Villavicencio, Pereira, Pasto y Bucaramanga, fueron las ciudades seleccionadas para conocer el estado de sus ecosistemas urbanos (ver videos de las ciudades). Este estudio, que hace parte del primer año del proyecto “NaBa: Ciudades Resilientes basadas en la Naturaleza”, fue implementado por ICLEI Colombia y el Instituto Humboldt y financiado por el fondo UK-PACT del Reino Unido para acelerar las transiciones climáticas. 

“Se hicieron mapeos para identificar las contribuciones de la naturaleza a las personas y conocer la resiliencia del territorio, con el fin de establecer áreas estratégicas que deban considerarse en la planificación y la gestión urbana. Luego, se entregaron recomendaciones para que los tomadores de decisiones avancen en la implementación y promoción de SbN frente a la crisis climática”, explica Diana Marcela Ruíz, investigadora del Centro de Soluciones Basadas en la Naturaleza del Instituto Humboldt. 

El balance muestra que, si bien, algunas de las ciudades de Colombia han avanzado en estrategias de conservación de la biodiversidad y adaptación frente al cambio climático; también se evidencia que el crecimiento urbano acelerado está poniendo en riesgo varios de los ecosistemas clave en dichas ciudades.

Al respecto, Alejandro González, director de ICLEI Colombia, señala el desafío que enfrentan las ciudades en cuanto a la generación de una articulación efectiva con sus áreas urbanas circundantes. “Esta colaboración busca fortalecer los instrumentos de planificación de los municipios adyacentes para priorizar el agua como eje central en su ordenamiento territorial. Se pretende visibilizar las relaciones de interdependencia entre los territorios y promover la necesidad de avanzar de manera conjunta en la conservación de las fuentes hídricas, proteger los ecosistemas estratégicos y la implementación de SbN. Esto se traduce en una mejor adaptación al cambio climático para todas las regiones involucradas”.

¿Cómo les fue a las ciudades?

En Bucaramanga, se evidenció que las zonas con mayores contribuciones en términos de almacenamiento de carbono, capacidad de enfriamiento, calidad de hábitat y regulación de amenazas, son las áreas protegidas de orden regional, como los Distritos Regionales de Manejo Integrado (DRMI), que incluyen los escarpes occidentales y los cerros orientales. Las comunas que cuentan con una mayor presencia de áreas verdes tienen una mejor capacidad para mitigar las islas de calor y retener agua. 

No obstante y, pese a estos avances, los resultados señalan que el área urbana de Bucaramanga presenta zonas con bajas contribuciones de la naturaleza a las personas y también existen ecosistemas, como los cerros orientales, que experimentan fuertes presiones debido a asentamientos informales y prácticas agrícolas y ganaderas inadecuadas. Estas amenazas contribuyen al deterioro progresivo del ecosistema. (Aquí puede conocer los resultados completos). 

En Montería, el río Sinú y el bosque ripario son dos importantes referentes, en los que pueden presentarse, de manera positiva, diferencias de hasta siete grados menos de temperatura en comparación con la zona urbana circundante. El río es, además, el ecosistema más representativo para todas las contribuciones, cumpliendo un papel fundamental en el equilibrio ecológico del territorio, el sustento básico, la regulación y prevención de desastres, el mantenimiento de hábitats y las experiencias físicas. 

El río Sinú, en Montería, cumple un papel fundamental en el equilibrio ecológico del territorio. / Foto: Jhon Nel Rodríguez

No obstante, el resto de la ciudad presenta niveles reducidos de cobertura vegetal arbórea, lo que genera una disminución en las contribuciones de la naturaleza a las personas. También se muestra un aumento en la degradación de sus ecosistemas más relevantes, como los humedales ubicados en la zona urbana y periurbana (humedal Berlín y Furatena, respectivamente) y de la Ciénaga de Betancí, que se encuentran  fuertemente intervenidos por la expansión urbana y la ocupación irregular o amenazados por la expansión de la frontera agropecuaria. (Aquí puede conocer los resultados completos). 

En lo que respecta a Villavicencio, se evidencia que la estructura ecológica principal está compuesta por los ecosistemas de montaña, como el piedemonte de la cordillera oriental, los bosques de galería de los principales ríos del municipio, así como las Reservas Forestales Protectoras Nacionales y la densa red de humedales ubicados a las afueras o el interior del perímetro urbano. El sistema hídrico de Villavicencio también desempeña un papel fundamental como hábitat vital para el municipio. 

Aunque el análisis revela grandes variaciones en la cantidad de agua captada entre años promedio y años secos, en general, el municipio presenta buenos niveles en el suministro hídrico. Esto puede significar una baja vulnerabilidad ante eventos de cambio climático, pero también resalta la importancia de los ecosistemas de montaña para garantizar este recurso. (Aquí puede conocer los resultados completos). 

En Pereira, las zonas con mayores contribuciones al almacenamiento de carbono, capacidad de enfriamiento, calidad de hábitat y regulación de amenazas, se encuentran en la parte alta de la cuenca y coinciden con áreas protegidas. Estas áreas albergan ecosistemas de páramo o bosque andino y, en general, se encuentran en buen estado de conservación. 

Las zonas ubicadas en la parte media de la cuenca también están bien conservadas, pero la cuenca baja presenta un mayor grado de deterioro y, por lo tanto, menores contribuciones. Esta situación se debe a la presencia de actividades agropecuarias y explotación de recursos naturales. En general, el área urbana presenta zonas con bajas contribuciones de la naturaleza a las personas, especialmente en las comunas altamente urbanizadas y con escasa vegetación, lo que genera un fuerte efecto de isla de calor y niveles reducidos de retención de agua. (Aquí puede conocer los resultados completos). 

En Pasto, los ecosistemas que aportan mayores contribuciones en el almacenamiento de carbono, capacidad de enfriamiento, calidad de hábitat y regulación de amenazas, son el bosque andino, el páramo, la laguna de la Cocha, el volcán Galeras y las zonas de bosque cercanas a los cuerpos de agua o presentes en áreas periurbanas.

Aunque la laguna de la Cocha presenta altos niveles de contribución a las personas, las zonas circundantes muestran bajos aportes en retención de carbono y calidad de hábitat. Esto se debe a que están amenazadas por actividades agrícolas, ganaderas y turismo no regulado. Estas actividades atentan contra el potencial ecoturístico de la zona.

Las zonas con menores aportes en almacenamiento de carbono, calidad del hábitat y mitigación del calor se encuentran, principalmente, en el área urbana y sus alrededores. Esto se debe a la baja cobertura vegetal de la ciudad, donde los pocos espacios verdes se concentran en los bordes de la trama urbana. (Aquí puede conocer los resultados completos). 

El Volcán Galeras, en Pasto, es uno de los ecosistemas que más aporta en contribuciones de la naturaleza a las personas / Foto: Franklin Ruíz

En el caso de Yopal, el río Cravo Sur se destaca como el ecosistema más representativo y se considera que su alto valor natural es fundamental para el sustento básico de los habitantes de la ciudad al proporcionar diversos bienes y servicios. Las zonas con mayores contribuciones en el almacenamiento de carbono, capacidad de enfriamiento, calidad de hábitat y regulación de amenazas, son los bosques andinos y subandinos del piedemonte, las sabanas inundables, los bosques de galería, los parques naturales y los humedales. 

Sin embargo, el modelo de provisión hídrica de la ciudad muestra cambios significativos entre un año normal y uno seco, con una reducción en la captación de agua por parte de las bocatomas, pasando de más de 3000 mm anuales a menos de la mitad durante las temporadas secas. Esto indica cierta sensibilidad del municipio a los efectos del cambio climático, especialmente en períodos prolongados de sequía. 

El casco urbano sufre un déficit de cobertura vegetal y arbórea, lo que resulta en bajas contribuciones en términos de capacidad de enfriamiento, almacenamiento de carbono, retención hídrica y calidad del hábitat. Esto está relacionado con la escasa vegetación y falta de espacios verdes en la ciudad, así como con la impermeabilización del suelo debido a la urbanización. (Aquí puede conocer los resultados completos). 

Para mayor información:

ICLEI: 

iclei-colombia@iclei.org

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