
Sus troncos cilíndricos pueden medir hasta seis metros de circunferencia y alcanzar una altura cercana a los cuarenta metros.
Colombia cuenta con dos tipos de robles de la familia Fagaceae: el Quercus humboldtii (roble blanco) y el Colombobalanus excelsa (roble negro), únicos en el mundo. La distribución de este último se limita a los departamentos de Valle del Cauca, Santander, Antioquia y Huila, en donde existe la mayor concentración.
Dentro de las diferentes categorías de amenaza, el roble se encuentra en el nivel vulnerable, lo que significa que, si no se actúa pronto, entrará en un riesgo mayor y, a mediano plazo, desaparecerá.
El Libro Rojo de las especies forestales (elaborado por el Instituto Alexander von Humboldt, el Ministerio de Ambiente y el Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia) establece que en el país, existen 1.100 km2 de bosque de este árbol nativo, que es igual a 110.000 hectáreas (ha), de las cuales 36.000 están en Huila y corresponden al 5% del total de los bosques que hay en este departamento.
En este ente territorial, su vulnerabilidad se incrementa por la tasa de deforestación general, que es de 10.000 ha por año, y por la destinación del suelo para la producción de café.
La profesora María Claudia Diez, ingeniera forestal de la Universidad Nacional de Colombia y doctora en Ciencias Agropecuarias, dice que este panorama evidenció la necesidad de revisar el grado real de amenaza del roble en las zonas cafetera.
Apreciado
El Colombobalanus excelsa, descrito por primera vez en 1979, recibió este nombre por su majestuosidad y gran tamaño. Los ejemplares se ubican en zonas altas de las cordilleras central y oriental.
Allí constituyen ecosistemas estratégicos al albergar una gran diversidad de flora y fauna, en la que se destacan mamíferos como el oso de anteojos y la danta de páramo, y aves como el atlapetes, el saltarín dorado y el colibrí cabecicastaño.
Asimismo, las poblaciones del árbol llegan a tener hasta 500 individuos adultos por hectárea y sirven para proteger las fuentes de agua de extensos terrenos cafeteros, entre los 1.500 y los 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Sus troncos cilíndricos pueden medir hasta seis metros de circunferencia y alcanzar una altura cercana a los cuarenta metros. Con su madera se fabrican viviendas y vías férreas, y se utiliza como leña y carbón, pero uno de sus usos más comunes es como postes para el sostenimiento de cultivos. “Donde existe café hay robles, y esto provoca conflictos en el uso del territorio.
Es impresionante ver los bosques disminuidos, con árboles gigantes tumbados por algunos cafeteros que los queman para extender la siembra del grano y usarlos en plantíos como los de granadilla”, asegura María Claudia Diez.
Conservación
En 2009 comenzó un proyecto conjunto entre la UN, Colciencias, la Fundación Natura y la Corporación Autónoma del Alto Magdalena (CAM), cuyo fin es establecer las medidas necesarias para conservar la especie.
La investigación buscó la participación activa de la sociedad.
Los expertos comenzaron a ofrecer mayor información a la población sobre la importancia del cuidado del roble negro.
Ya se han entregado cartillas en escuelas y veredas, y se pretende enseñar a reconocerlo, porque una de las grandes amenazas es que la gente todavía no entiende la importancia del árbol o no conoce la finalidad de las medidas de conservación.
Una de las ventajas del roble es que sirve para certificar café verde.
Los caficultores que salvaguarden estas tierras pueden ampliar su mercado.

En el país existen 1.100 km2 de bosque de este árbol nativo que se está acabando.
Tomado de: www.eldiario.com.co



