Sábado 07 de Julio de 2012 00:00

Colombia desaprovecha su biodiversidad

Por: Sandra Uribe Pérez

Una confusión en cuanto a los alcances de la bioprospección ha limitado los avances del país a la investigación básica. Orquestar a los actores del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, así como tender puentes entre academia, Gobierno, industria y sociedad, es clave para darle un uso sostenible a la biodiversidad y proporcionar bienestar social.

 

Colombia es el primer país del mundo en diversidad de aves y orquídeas; el segundo en plantas, anfibios, peces dulceacuícolas y mariposas; el tercero en reptiles y palmas; y el cuarto en mamíferos1. En toda esta riqueza, explica el profesor Jaime Aguirre2, los expertos del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia “han hallado y nombrado centenares de especies desconocidas”.

 

Según Aguirre, director del ICN, la invaluable colección de flora y fauna del país que se halla en este centro contiene, entre otros, “un herbario con 500.000 plantas y una muestra zoológica de 241.000 ejemplares”. Pero no es suficiente conformarnos con saber que tenemos todo este patrimonio. Como dice la profesora Dolly Montoya, del Instituto de Biotecnología de la UN (IBUN): “los anaqueles de las bibliotecas están repletos de tesis que hablan de plantas, animales y microorganismos promisorios”, pero su potencial es solo una de tantas falsas expectativas “porque no están en el mercado”.

 

Hace veinte años todavía en el país se dudaba sobre la posibilidad de explorar la riqueza biológica, tal como lo habíamos hecho con los recursos minero-energéticos (petróleo, oro...). Pero con esa actitud proteccionista solo logramos dejar el campo libre para el tráfico ilegal de fauna y flora silvestre y la biopiratería, que han causado daños irreparables en los ecosistemas y han dejado una amplia lista de especies amenazadas.

 

Y esto ocurrirá una y otra vez si la legislación actual no toma forma definitiva a través de una reglamentación coherente –que privilegie tanto a los científicos como a los empresarios nacionales– ahora que el planeta tiene los ojos puestos en las posibilidades de los recursos biológicos y genéticos para las industrias farmacéutica, cosmética, de ingredientes y agroalimentaria. Las estadísticas son claras en este sentido: en 2011, el 62% de los fármacos aprobados en EE. UU. por la Agencia Federal de Alimentos y Drogas (FDA, por sus siglas en inglés) se origina o  deriva de productos naturales.

 

Marco jurídico

Al negociar los límites y las reglas de este entramado de intereses debe partirse del cumplimiento de los objetivos del Convenio sobre la Diversidad Biológica –ratificado por 187 países– y el Protocolo de Nagoya (conservación de la diversidad biológica, utilización sostenible de sus componentes y participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos), sin olvidar la retribución para las comunidades indígenas, afrocolombianas o locales de donde provienen los conocimientos tradicionales asociados.

 

Asimismo, implica ejecutar el Conpes 3697 de 20113 (Política para el desarrollo comercial de la biotecnología a partir del uso sostenible de la biodiversidad) y definir el tipo de recursos que regula en el país la Decisión 391 de 1996 de la Comunidad Andina de Naciones (Régimen común de acceso a recursos genéticos), de tal modo que no surjan discrepancias en la interpretación4.

 

Bioprospección en Colombia

En este contexto, la bioprospección cumple un papel clave. Sin embargo, según la profesora Montoya, algunas de sus definiciones –incluida la del Conpes 3697– son un factor limitante, pues consideran que simplemente se trata de “buscar actividad biológica en la biodiversidad” y no del “proceso de poner productos de la biodiversidad en el mercado”.

 

Este rezago se evidencia en un estudio de Óscar Duarte y Léa Velho5, quienes, en 2008, identificaron solo 71 grupos colombianos (entre 6.020) que producían “conocimiento científico y tecnológico de bioprospección”. De sus proyectos, solo el 27% tenía “relación con temáticas cercanas a la valoración potencial comercial, tales como la actividad antiparasitaria contra leishmaniasis, chagas y malaria; vegetales con actividad citotóxica y anticancerígena; producción de aceites esenciales; e identificación de pigmentos y aromas naturales con potencial para la industria alimenticia”, incluida la línea de investigación con más avances en el país: bioactividad en organismos marinos.

 

Llevar a cabo el proceso bioprospectivo completo de manera efectiva, según Montoya, implica un trabajo interdisciplinario de un sinnúmero de actores: investigadores y grupos de investigación, entes reguladores del Estado, entes financiadores, expertos en propiedad intelectual y en transferencia de tecnología, así como economistas y negociadores con altas capacidades, cuyas acciones deben orquestarse de manera armónica para producir los resultados esperados.

 

Si no queremos ver a Colombia como un simple proveedor de materias primas, cuya investigación esté restringida a la caracterización y se vea limitada para hacer desarrollos e impulsar industrias propias, es clave, como propone la profesora Luz Marina Melgarejo6, del Departamento de Biología de la UN: fomentar una cultura de la innovación desde la educación básica, capacitar negociadores, fortalecer la plataforma tecnológica, construir infraestructura, formar recurso humano altamente calificado en diferentes disciplinas, mejorar la logística de mercadeo, asegurar la calidad de los procesos y diseñar estrategias organizativas para aprovechar la capacidad instalada.

 

De igual modo, un trabajo más articulado entre los grupos de investigación, la sociedad y las empresas, sumado a un Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología organizado, como lo expresa la profesora Dolly Montoya, puede ser la oportunidad para construir país entre todos y lograr un verdadero uso sostenible de la biodiversidad que proporcione bienestar social y beneficio económico.

 

1 Datos del Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia.
2 UN Periódico, edición 152, pp. 22-23.
3 Según Luz Marina Melgarejo, lo que más preocupa es la creación de la Empresa Nacional de Bioprospección. De ser como la de Hidrocarburos, tendría implicaciones no muy positivas para Colombia, pues su debilidad en negociación se refleja en dar siempre lo mejor para los países de afuera, pero no para el nuestro.
4 Como ocurrió en el caso de Shaman Pharmaceuticals con respecto al látex de la especie Croton lechleri.
5 “Capacidades científicas y tecnológicas de Colombia para adelantar prácticas de bioprospección”. Revista CTS, vol. 4, n.º 12, abril de 2009.
6 “Bioprospección: Plan Nacional y aproximación al estado actual en Colombia”. Acta Biológica Colombiana, vol. 8, n.º 2, 2003.

 

Tomado de: www.unperiodico.unal.edu.co