Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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Estas serían las especies de flora y fauna colombianas amenazadas por deforestación.

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 Bogotá, D. C. 11 de julio de 2017 BS32106
Fotgrafía: Felipe Villegas, Instituto Humboldt

El Instituto Humboldt, a través de su Programa Evaluación y Monitoreo de la Biodiversidad, identificó aquellas especies de flora y fauna que podrían estar presentes en regiones reconocidas como núcleos de deforestación, según datos suministrados por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).

Los núcleos de deforestación señalados por el Ideam se concentran en la Amazonia occidental (Caquetá, Guaviare y Meta), el Catatumbo (Norte de Santander), la región de Paramillo (Córdoba) y en el Chocó, áreas que reúnen alta diversidad de especies de flora y fauna.

Para cada zona se generó una lista preliminar de especies de flora y fauna con alta probabilidad de presencia en ellas a partir de herramientas de información y algunos sistemas administrados por el Instituto Humboldt como la Infraestructura Institucional de Datos (I2D), la plataforma Biomodelos, las Colecciones Biológicas y el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB Colombia).

En dichas zonas geográficas del país habitan, al menos, 2.697 especies, de las cuales 503 son animales y 2194 plantas. Aunque los datos muestran una alta diversidad biológica en estas regiones, de acelerada y activa pérdida de bosque, los estimativos son conservadores puesto que en gran parte de ellas no existen datos biológicos o exploraciones suficientes por parte de biólogos y otros expertos.

Aun cuando los datos podrían subestimar la real diversidad biológica en riesgo por deforestación, la mayor alarma se presenta al considerar la alta proporción de especies endémicas y amenazadas que habitan estos ecosistemas.

Número de especies de fauna y flora registrado en cada núcleo de deforestación

Núcleo Animales Plantas Total
1. Amazonia: ríos Yarí-Caguán, Caquetá 141 46 187
2. Amazonia: noroeste de Guaviare (Marginal de la Selva) 1 269 270
3. Catatumbo, Norte de Santander 7 154 161
4. Amazonia: Guaviare central (El Retorno-Calamar) 3 150 153
5. Amazonia: nororiente de Guaviare 10 76 86
6. Amazonia: Macarena, occidente del Meta 89 337

426

7. Paramillo-Urabá, sur de Córdoba 38 168 206
8. Pacífico: sur de Chocó (sector del río Quito) 214 994 1208
Total 503 2194 2697

Entre las casi 2.700 especies de flora y fauna con datos en estas regiones, dentro de las que se incluyen algunas emblemáticas,31 se reconocen en vía de extinción; de ellas, cinco están en la categoría Peligro Crítico (CR), seis en Peligro (EN) y 20 Vulnerables (VU).

Cabe destacar que los núcleos de deforestación coinciden con la distribución limitada a nivel mundial de nueve especies de animales y 106 endémicas de Colombia. La situación es preocupante y crítica en Meta y Chocó, porque concentran un mayor número de especies únicas, 16 y 81 respectivamente.

Ejemplos de algunas especies de bosque amenazadas por núcleo de deforestación

Las especies que pueden acelerar su extinción local por el aumento de la deforestación en sus áreas de distribución son aquellas que dependen de selva húmeda y cobertura boscosa. 

Entre las especies de plantas preocupan aquellas que, además de tener distribuciones pequeñas y baja densidad poblacional, son árboles maderables que constituyen el bosque, es el caso del abarco (Cariniana pyriformis), el almendro (Dipteryx oleífera), los laureles almanegra (Magnolia spp.), el comino (Aniba perutilis) y los cedros (Cedrela spp.).

En los núcleos de deforestación de la Amazonia occidental (Caquetá, Guaviare y occidente del Meta) se destacan como vulnerables especies de anfibios, entre ellos, las ranas arborícola (Boana nympha) y la venenosa (Ameerega hahneli), las cuales dependen de cobertura boscosa.

Entre los mamíferos la situación más crítica la presentan los primates tití del Caquetá (Callicebus caquetensis), descritos recientemente y restringidos a una pequeña zona de esta región, y el mono churuco colombiano (Lagothrix lugens).

En el núcleo de deforestación que afecta las estribaciones del Parque Nacional Natural Paramillo, en el sur de Córdoba, preocupan los anfibios rana marsupial (Hemiphractus fasciatus) y rana de cristal (Nymphargus chami).

Entre las aves más afectadas en el sur de Córdoba podrían estar el paujil piquiazul (Crax alberti), que registra bajas densidades poblacionales y una distribución cada vez más reducida; le siguen las grandes rapaces, águila arpía (Harpia harpyja) y crestada (Morphnus guianensis), y la guacamaya verde (Ara ambiguus).

Un gran mamífero en peligro en Colombia por la pérdida de hábitat y la cacería localizada desde el sur de Córdoba y toda la selva del Pacífico es la danta o tapir (Tapirus bairdii); pero es, quizá, el tití cabeciblanco (Saguinus oedipus) el mamífero más emblemático y en peligro crítico por la pérdida de bosque en su área de distribución –Urabá y el sur de Córdoba– y el tráfico de fauna. Entre las plantas, y por fuera de los árboles maderables, la situación puede ser crítica para la palma Reinhardtia koschnyana.

Algunas de las especies en riesgo en el sur de Córdoba se encuentran, además, en el núcleo de deforestación del sur del Chocó. En este sector del río Quito y alrededores sobresalen la rana dorada (Phyllobates bicolor) y las aves paujil chocoano (Crax rubra), gavilán plomizo (Cryptoleucopteryx plúmbea) y el mochilero del Baudó (Psarocolius cassini), un ave rara, en peligro y endémica de este departamento.
Una de la especies de interés es el bobito (Bucco noanamae), endémica de Colombia y restringida al Chocó y al Urabá antioqueño, originalmente descubierta en Noanamá, una población cerca a Istmina, justo en el centro del núcleo de deforestación del sur del departamento chocoano.

Por su parte, en el núcleo Catatumbo (Norte de Santander) sobresalen la rana marsupial (Cryptobatrachus conditus), de las microcuencas del piedemonte del Catatumbo, y el paujil moquiamarillo (Crax daubentoni), un pavón que ha perdido la mayor parte de su hábitat en Colombia y que además es objeto de cacería.

Así pues, con este reporte el Instituto Humboldt evidencia las potenciales consecuencias de los focos de deforestación, con respecto a la pérdida de especies del país. Además, es importante enfatizar en los cambios dramáticos en las condiciones ecológicas de los mencionados territorios, con posibles consecuencias irreparables sobre los servicios ecosistémicos, claves para el bienestar de los habitantes locales de estas zonas del país.

Asimismo, el Humboldt alerta acerca de la necesidad de acelerar los procesos de obtención de información biológica en campo, además de la consolidación y análisis de estos datos para determinar a tiempo las consecuencias de la deforestación en la biodiversidad, un hecho que reduce la capacidad de toma de acciones rápidas que eviten la pérdida de especies y el deterioro del bienestar de la población.

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Identifican áreas aptas para salvar al cocodrilo del Orinoco

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Identifican áreas aptas para salvar al cocodrilo del Orinoco

Caimán Llanero Cocodrilo Orinoco 4

• El Instituto Humboldt, con la colaboración de expertos conocedores, identificó algunas áreas para la conservación del caimán llanero o cocodrilo del Orinoco (Crocodylus intermedius), el más amenazado de Colombia y en Peligro Crítico (CR) de extinción según el Libro rojo de reptiles.

• Departamentos como Arauca, Casanare, Meta y Vichada disponen de hábitats acuáticos y terrestres, óptimos para la conservación de la especie.

• Solo el 10,8 % del hábitat adecuado para el Crocodylus intermedius, dentro de la sabana del Orinoco, está protegido.

Esta investigación, que tenía como un insumo el Modelo de Distribución de Especies (MSD), buscó aquellas áreas de distribución histórica del caimán llanero con mejores condiciones ambientales para el desarrollo de la especie.

A partir de la información recogida del MSD, de variables ambientales y del análisis de amenazas y oportunidades, unida al conocimiento de los investigadores que trabajan con la especie, se definieron áreas clasificadas con niveles altos, medios y bajos, cuyas condiciones generales fueran propicias para preservar poblaciones saludables de C. intermedius a largo plazo y que pudieran servirle de refugio.

Como resultado se definió que los departamentos colombianos con hábitats más adecuados para la conservación, por kilómetro cuadrado (km2), eran Vichada (2955 km2), Casanare (2200 km2), Meta (1805 km2) y Arauca (856 km2).

Con grado de prioridad alta para la protección del caimán se destacaron en primer lugar los sistemas ribereños Lipa-Ele-Cravo Norte, Guayabero-Duda-Losada, Cinaruco-Capanaparo, el río Manacacías, Guarrojo-Tillava-Planas, y el Tuparro.

 

Cuadro por años individuos caimán Orinoco

El cuadro presenta registros de abundancia y densidad de la especie Crocodylus intermedius en la Orinoquia colombiana.
Abreviaturas: número total de individuos (T), densidad individuos/km (D).

Fuente: Lugo y Ardila-Robayo (1998), Rodríguez (2000), Ardila et al. (2002, 2010), Castro et al. (2012).

 

El sistema Lipa-Ele-Cravo Norte es un área con rasgos ambientales apropiados para esta labor por su baja influencia de actividades humanas y el aislamiento ocasionado por la ausencia de vías de comunicación óptimas y transitables durante el año. De hecho, en esta zona existe uno de los dos restos poblacionales de la especie.

Lo anterior es también consecuencia de la presencia histórica de grupos armados ilegales quienes por décadas impidieron el desarrollo de actividades productivas que, en su momento, podían degradar el hábitat del caimán llanero.

Le siguen el sistema Guayabero-Duda-Losada, una zona óptima debido al buen estado del hábitat. Allí prevalecen dos áreas protegidas nacionales: el Parque Nacional Natural (PNN) Sierra La Macarena y el Tinigua, los cuales permiten el acceso parcial para la ejecución de actividades de investigación y conservación. En esta zona se encuentra el segundo remanente poblacional del caimán. Por su parte, el sistema Cinaruco-Capanaparo dispone de ecosistemas menos intervenidos debido a su aislamiento. Es así como estas subcuencas se han identificado como prioritarias en los ejercicios de caracterización de áreas para la conservación del caimán llanero.

Con buena calificación también está el sistema Guarrojo-Tillava-Planas, pues según estudios realizados por la Estación Biológica Tropical Roberto Franco de la Universidad Nacional de Colombia hay caimanes en la zona, aunque se desconoce el estado actual de su población.

Estudios realizados en el río Manacacías demuestran la presencia de la especie, lo cual confirma que el hábitat está en buenas condiciones en gran parte del área. Adicional a esto existen Reservas Naturales de la Sociedad Civil (RNSC).

En cuanto al río Tuparro, sus ecosistemas acuáticos y bosques inundables demuestran buenas condiciones, abundancia de fauna, disponibilidad de presas y playas aptas para la reproducción. Por tratarse de una zona de escasa presencia humana y al estar incluida en inmediaciones del PNN El Tuparro, se han realizado algunas liberaciones de ejemplares criados en cautiverio gracias a la gestión de la Fundación Palmarito.

En segundo lugar y con prioridad media se reconocen once áreas. Una de ellas es el río Meta, donde en caso de recuperar la especie y aumentarla, los individuos conseguirían dispersarse hacia afluentes como Guachiría, Pauto, Cusiana, Ariporo, Guanapalo, Cravo Sur, Casanare y otros, para colonizarlos y posibilitar el intercambio entre poblaciones hoy aisladas.

En tercer y último lugar, el río Arauca sobresale entre las áreas con prioridad baja; pues a pesar de que se indica que en este lugar se presentan condiciones ambientales favorables, tiene la calificación más alta en amenazas y bajas oportunidades para la supervivencia.

En el caso del río Vichada, existen algunos individuos aislados. Aunque se han realizado avistamientos de algunos cocodrilos del Orinoco y documentado ciertas reproducciones, estas no han prosperado por causa de saqueos a los nidos.

Las demás áreas de prioridad baja, ubicadas en el límite sur donde se distribuye geográficamente la especie, necesitan de estudios básicos urgentes que corroboren la presencia del caimán y el estado actual de sus poblaciones.

Cabe destacar, en cuanto a resultados alternos, la identificación en Colombia de 16 áreas críticas que demandan acciones de conservación, investigación, supervisión y gestión que garanticen la supervivencia del cocodrilo del Orinoco. Preocupa la ausencia de la especie en los arroyos La Hermosa y Picapico, ríos Ariporo, Cravo Sur y Tomor, tras avistamientos registrados entre 1994 y 2010.

Si bien la sabana del Orinoco es una ecorregión de alta prioridad para la conservación de la biodiversidad en el mundo por sus singulares hábitats, en la actualidad dicha zona está catalogada como "vulnerable" debido a la transformación del paisaje.

Y aunque hay planes de manejo actuales para la especie con prioridades definidas y establecidas desde hace casi tres décadas, el cocodrilo del Orinoco aún es considerado amenazado por causa de la caza dirigida, la extracción de huevos para el consumo, la captura de crías con fines ornamentales, el uso inadecuado de mallas y redes de pesca que los atrapan accidentalmente y ahogan, la degradación o destrucción del hábitat, y el aumento de la intervención antrópica.

Finalmente, el Instituto Humboldt reconoce este estudio como uno de los pocos análisis integrales de la bioecología, amenazas y oportunidades del cocodrilo del Orinoco, el primero en intentar estimar un hábitat adecuado para la especie o para cualquier cocodrilo, lo cual sugiere que este tipo de investigaciones deben continuar con el fin de recopilar mayor información que permita, a futuro, mejoras en el modelo de conservación actual.

A pesar de los avances, persisten los vacíos de información que hacen primordial establecer un programa de monitoreo a escala regional que brinde insumos sobre estructura poblacional, y realizar estudios de ecología reproductiva y de interacciones del caimán con su hábitat y con la dimensión humana. 

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Pez basa: seis años nadando con el enemigo

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Pez basa: seis años nadando con el enemigo

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Foto: Biota Colombiana
 
  • - El Instituto Humboldt ofrece el panorama actual de la presencia ilegal del pez basa (Pangasianodon hypophthalmus) en criaderos, tiendas de mascotas, mercados del país y aguas del río Magdalena.

  • - Siete departamentos de Colombia y al menos ocho localidades del Bajo Magdalena reportan aumento en registros de captura y comercialización del pez entre 2011 y 2016.

  • - Las consecuencias de la introducción del pez, a seis años de su aparición, son inciertas para la ictiofauna y ecosistemas acuáticos regionales debido, entre otros factores, a vacíos de información existentes.


En 2011, tras la denuncia de acuicultores e ictiólogos de la presencia en criaderos del pez basa con fines ornamentales en el Valle del Cauca, Cauca, Huila, Meta y Santander, el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) solicitó al Instituto Humboldt un concepto técnico sobre el nivel de riesgo de la especie para los peces y ecosistemas acuáticos de agua dulce del país.

Un año después, los resultados de dicha evaluación fueron incluidos en el IV Catálogo de la Biodiversidad Acuática, publicación en la que el Humboldt categorizó la especie como de alto riesgo tras un protocolo de análisis de riesgo y comprobar su reproducción con propósitos comerciales. Esta es una actividad ilegal pues en Colombia solo se autoriza la importación del pez basa en filete para consumo masivo.

Pese a lo anterior, en el país no es posible hablar de una invasión debido, entre otras razones, a la ausencia de estudios que aporten parámetros para aseverar que tal fenómeno ocurre. De hecho, el pez basa no se reconoce de manera oficial como especie introducida en Colombia pues ni el MADS ni la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) han aprobado solicitudes de importación de individuos para acuicultura o fines ornamentales.

Así ocurrió, por ejemplo, con la negativa a la solicitud presentada por la Corporación Centro de Desarrollo Tecnológico Surcolombiano (ACUAPEZ) basada en el Estudio de impacto ambiental, introducción y zoocría de parentales de la especie exótica Pangasius hypophthalmus”. Los argumentos para rechazar la petición fueron tomados de la información reunida por el Instituto Humboldt. (Ver resolución)

Tiempo después el MADS,  entidad que ejerce la secretaría científica del Comité Técnico Nacional de Especies Introducidas y/o Trasplantadas Invasoras en el Territorio Nacional, convocó a los institutos de investigación del Sistema Nacional Ambiental (Sina) para discutir la pertinencia de incluir o no al pez en la lista de especies invasoras.

Aunque hubo acuerdo respecto al alto riesgo que representaba la introducción del pez al país, aunque ni siquiera se reconozca como especie como potencialmente peligrosa, no fue posible incluirla en un posterior resolución sobre especies invasoras emitido por el MADS (Resolución Número 654 de 2011 y otras previas: Resolución Número 0848 de 2008, Resolución Número 207 de 2010).

Hacia 2015, un estudio emprendido por los investigadores Mauricio Valderrama, José Iván Mojica, Andrea Villalba y Fabel Ávila, de la Fundación Humedales y del Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia, y publicado en la Biota Colombiana, siguió el rastro del pez en el territorio colombiano.

En esta oportunidad,pescadores artesanales capturaron ejemplares en aguas del río Carare y en la ciénaga de Guarinocito, cuenca del Magdalena; luego, registros confirmados ubicaron prototipos del pez en localidades de la misma zona: Puerto Triunfo, Puerto Berrío, Santa Clara, Caño San Juan, Ciénaga de Chucurí y del Opón, además de Barrancabermeja.

Mapa distribución

Mapa: Biota Colombiana

Asimismo, la comercialización de pescados frescos fue detectada en mercados locales de poblaciones ribereñas de la cuenca alta y media del río Magdalena, sin que a la fecha se haya establecido si llegaron como resultado de actividades de piscicultura ilegal o de captura en el medio natural.

Y es que la aceptación del pez en el marcado ha despertado en los piscicultores colombianos el interés por su cría y producción a gran escala. Según cifras suministradas por la Autoridad Nacional de Acuacultura y Pesca (Aunap), en el primer semestre de 2015 Colombia importó 19.665 toneladas de pez basa, por valor de 40,3 millones de dólares, debido a la alta demanda para consumo.

Por la vía legal el pez basa podría clasificarse, a futuro, como especie domesticada, como ocurrió con la tilapia y la trucha, pues el Decreto 1780 de 2015, expedido por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y el MADS, autoriza que especies introducidas al país se declaren como domesticadas para fines de piscicultura.

Con este panorama se esperarían probables impactos sobre las especies nativas en la cuenca del Magdalena, la cual presenta una disminución considerable en la producción pesquera: cerca de un 50 % en los últimos 40 años y con probables descensos en tiempos recientes, lo que complicaría más la situación actual de las pesquerías regionales.

También es presumible que la especie pueda competir con otras nativas de esta cuenca, que sustenta cerca del 70 % de la producción pesquera anual. Como si fuera poco, sus características biológicas, dieta amplia, elevadas tasas de reproducción, rápido crecimiento, tolerancia a condiciones ambientales extremas y comportamientos migrantes presuponen una rápida expansión por todas las tierras bajas del cauce.

Lo anterior preocupa porque en el norte de Suramérica la cuenca del río Magdalena es considerada la de mayor riqueza especies de peces (167 dulceacuícolas primarias y por lo menos 66 endémicas); para los Andes Tropicales es la que más cantidad de especies acuáticas amenazadas registra y ocurre lo mismo a nivel nacional, de acuerdo con el Libro Rojo de Especies Dulceacuícolas de Colombia suman 35 las especies en peligro.

Como si fuera poco, la misma investigación confirmó la presencia y comercialización de ejemplares juveniles en tiendas de mascotas y peces de Bogotá. En septiembre de 2016 se compraron en la ciudad cuatro ejemplares de 41 a 46 milímetros, ofrecidos como ornamentales y que conllevaría a riesgo de escapes fortuitos o liberaciones intencionales al medio natural. En octubre del mismo año, la Autoridad Nacional de Aunap reportó la presencia de la especie en la cuenca Magdalena a partir de información del Servicio Estadístico Pesquero de Colombia (Sepec).

En este contexto, las consecuencias que arrastra consigo la introducción del pez basapara la ictiofauna de esta regiónson inciertas, dado que sus hábitos de vida podrían influir en los de muchas de las especies nativas.

 

El pez que devora el mundo

El pez basa es nativo del delta de los ríos Mekong (China) y Chao Phraya (Tailandia). También se encuentra en Bangladesh, Camboya, Filipinas, Myanmar, Singapur, Taiwán y Vietnam. Ha sido introducido con fines productivos en Cuba, Chile, China, Guam, México, Indonesia, India, Puerto Rico y República Dominicana, entre otros países. En La Florida, Estados Unidos, se permite su uso ornamental.

En India fue introducida clandestinamente en 1997, vía Bangladesh, y cultivada en el estado de Bengala con una justificación económica soportada en el hecho de que puede crecer en 90 días aproximadamente un kilogramo, haciéndose común su cultivo en este estado y en el de Andhra Pradesh.

A escala global se reconoce que una vez introducida o trasplantada a nuevos ecosistemas naturales puede representar serios riesgos. A pesar de ello, no está citada entre las 100 especies invasoras más peligrosas del planeta ni en las base de datos de la Red Europea de Especies Invasoras (NOBANIS), tampoco el Centro de Agricultura y Biociencias Internacional (CABI) o en la Base de Datos Mundial sobre Especies Invasoras (GISD) de la UICN.

Por su esperanza media de vida (20 años), capacidad de reproducción en cautiverio, cantidad de huevos (50.000), rápida eclosión y número de desoves en cada estación reproductiva, el pez basa se ha utilizado en el sudeste de Asia por muchos años.

Para tener una idea del auge de la acuicultura con el pez basa, en 2006 Vietnam exportó 286.602 ton y se espera que para el 2020 el sector acuícola llegue a la 380.000 ton y a valores de exportación por 1 billón de dólares.

Por ser una especie que en cultivo es propensa a enfermedades bacterianas, que de paso afectan poblaciones naturales y nativas. Países como Indonesia, Vietnam e India plantean el desarrollo de estrategias de prevención y planes de acción.

En conclusión, la confirmación documentada de la presencia del pez basa en ambientes naturales de la cuenca Magdalena plantea retos de importancia en cuanto a conservación de la biodiversidad y la responsabilidad por parte de Colombia de impedir su dispersión a los países vecinos. Aunque aún no hay registros oficiales de la especie en aguas del Amazonas y el Orinoco, en caso de hallársele habría probabilidades de dispersión a Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela.

Por otro lado, la presencia sin restricciones del pez basa en mercados locales y en tiendas de peces ornamentales magnifica el grado de amenaza y potencia el grado de dispersión. Y aunque está por confirmar su establecimiento pleno en ambientes naturales, la distribución rápida y progresiva demanda medidas urgentes de control al comercio y a las actividades de piscicultura que se presumen están en desarrollo.

Por ahora, y en respuesta a la amenaza de la biodiversidad del país, aparecen estrategias de contingencia como la plataforma digital InvBasa, un aplicativo para teléfonos inteligentes creado por el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia y la Fundación Humedales, el cual registra y sigue la propagación de especies invasoras en Colombia. 

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