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Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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Colombianos han generado más de 2.2 millones de datos a través de la ciencia participativa

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Bogotá, D.C. 11 de septiembre de 2018

 



Foto: Expediciones Santander BIO/Felipe Villegas. Instituto Humboldt.
 
•  Más de 150 iniciativas de ciencia participativa en biodiversidad, desarrolladas durante los últimos 5 años, en 25 de los 32 departamentos del país, evidencian el creciente interés de los colombianos en el tema.


•  Población campesina (con un 76 %) es quien más hace ciencia participativa en Colombia; también destacan habitantes urbanos (61 %), indígenas (33 %), afrodescendientes (19 %), raizales (6 %) y palenqueros (5 %). En cuanto a instituciones, las ONG ocupan el primer lugar (30 %), seguidas de universidades (26 %) y de entes gubernamentales (9 %).


•  Los grupos biológicos que han sido más registrados por los colombianos son el de las aves con un total de (2.253.201), los insectos (9860), las plantas (9035), los peces (6176), los reptiles (1739) y el de los anfibios (1081).


Durante los últimos años, la contribución de habitantes rurales y urbanos de Colombia para registrar y comprender las dinámicas de la naturaleza se ha hecho más evidente. Gracias a la tecnología, la colaboración entre investigadores y comunidades ha aumentado siendo hoy una realidad, inviable en otro momento de la historia.

Así lo demuestran los más de 2.2 millones de datos abiertos (que duplican los existentes en otras fuentes como colecciones biológicas o universidades) generados voluntariamente por colombianos que han registrado la naturaleza, demostrando así la contribución que la sociedad hace al conocimiento de la biodiversidad del país; y los resultados obtenidos luego del análisis aplicado por el Instituto Humboldt a más de 130 iniciativas nacionales de construcción de saber científico de forma participativa, disponibles en el Reporte de Estado y Tendencias de la Biodiversidad Continental de Colombia.

La captura masiva de datos es una de las formas en que las ciencias, especialmente las ambientales, han puesto en marcha iniciativas participativas o ciudadanas, un concepto que parece reciente pero que en la práctica existe desde hace algunas décadas.

Proyectos de tipo contributivo (50 % de participación) que buscan apoyo en la recolección de datos, algunos con más de 25 años de implementación en Colombia como los censos de aves; modelos colaborativos (31 %) de inventario o monitoreo que involucran participación en el análisis de la información; y propuestas de cocreación (19 %) que plantean y responden la pregunta de investigación de la mano con las comunidades, hacen parte de la oferta que viene desarrollándose en el país.

Frente al tema, los colombianos han volcado su interés hacia las aves, las cuales representan el 99 % de los datos abiertos recolectados con ciencia participativa. De las 1925 especies que tiene el país, 1785 se han rastreado por este medio; en plantas, los registros bastante bajos pues alcanzan solo 2253 especies de las 30.3768 conocidas, un número desalentador tratándose del segundo país con mayor abundancia a nivel global.

También despiertan interés en la sociedad los grupos de insectos, peces, anfibios y reptiles, pues así lo demuestran los registros, dato que podrían tener en cuenta los científicos al priorizar la investigación de otros grupos aún desconocidos, o con una alta complejidad.

Esta forma de poner en circulación el conocimiento científico a través de la participación activa de la sociedad desde sus habilidades, recursos o herramientas, que ha sido difundido en gran medida gracias a la tecnología, ha permitido realizar análisis antes impensables por fuera del ámbito científico.

La ciencia participativa


Aunque documentar las propuestas todavía tiene sus limitaciones, incluso en aquellas que llevan décadas, es posible identificar algunos avances, principalmente, a nivel de registros, para los cuales existen plataformas, estándares y protocolos que permiten integrar y curar la información. La clave está en la participación de especialistas que contribuyen a la planeación y calidad en la obtención y depuración de los datos reunidos.

En las más de 130 iniciativas de construcción de conocimiento científico de forma participativa, analizadas en una encuesta realizada por el Instituto Humboldt, uno de los puntos clave a identificar fueron las actividades en las cuales se involucró de manera directa a la sociedad.

La constante en la mayoría de propuestas de ciencia participativa en biodiversidad está en el aporte en recolección de datos, o muestras,por parte de las comunidades, aunque existe una tendencia creciente respecto a la vinculación de la población en otras actividades de investigación como la elección de preguntas o el análisis e interpretación de resultados.

La tendencia global en el área de ecología y conservación evidencia que el 100 % de los proyectos involucraron la participación ciudadana en la etapa de recolección de datos, sin embargo, cabe resaltar que para el diseño de metodologías, análisis e interpretación de la información los ciudadanos también intervinieron, pero esta vez en más del 50 % de los casos.

Si se habla de financiación, las organizaciones no gubernamentales y universidades, que ejecutan la mayoría de iniciativas de ciencia participativa, obtienen recursos principalmente de fuentes públicas (37,1 %) y privadas (31,9 %), asimismo de personas naturales (9 %) o contribuciones internacionales (7,8%).

Los aspectos que más requieren de presupuesto para garantizar la sostenibilidad en el tiempo de los proyectos son: profesionales para el acompañamiento de los procesos, equipos para la toma de muestras, desplazamientos por puntos de la geografía nacional e incentivos para voluntarios.

Frente al acceso a los datos reunidos por medio de la ciencia participativa en el país, si bien gran parte de estos (76 %) se encuentran digitalizados o en formatos análogos, no son de libre consulta. En contraste, solo el 24 % de la información producida por los colombianos está disponible en portales de datos abiertos.

En esta vía, aparecen las plataformas móviles y web como Naturalista (con 24.212 registros de ciencia participativa); eBird (con 1.802.684 registros de especies de aves); XC (con 19.460 sonidos de aves del mundo); AntWeb (base de datos mundial con 5752 registros, imágenes e información sobre hormigas); la Infraestructura Mundial de Información sobre Biodiversidad (GBIF) (con 5752 datos publicados en línea); y el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB) (que reúne ya más de 427.433 datos), que vienen posicionándose dentro de los medios más eficientes para compartir datos y crear comunidades virtuales alrededor de la naturaleza.

Entre los retos que la ciencia participativa tiene por superar está la gestión integral de la información y el conocimiento; la liberación y acceso a los datos recolectados, muchos de ellos asentados en libretas de campo y computadores de investigadores y comunidades; la generación de productos informativos pensados para diversas escalas y públicos; el reconocimiento e integración de diversos sistemas de saberes y actores; y la trazabilidad del impacto de estas iniciativas en la ciencia, las personas y los sistemas socioecológicos.

La clave para continuar la expansión de modelos de ciencia participativa en biodiversidad, y alcanzar avances de forma conjunta, es migrar los proyectos de corto a largo plazo anclados a recursos económicos capaces de fortalecer, en el tiempo, las relaciones entre los diversos actores, construir a partir de intereses comunes y aportar de forma significativa en la respuesta a preguntas claves sobre la diversidad biológica colombiana.
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Seminario Internacional "Avances en la Gestión de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos en la Planificación Urbana"

El 27 y 28 de septiembre se realizará el primer Seminario Internacional: Avances en la Gestión de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos en la Planificación Urbana, organizado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Pontificia Universidad Javeriana, con apoyo del Instituto Humboldt, la Agencia de Cooperación Alemana-GIZ de Colombia y México y la Oficina Presidencial para la Cooperación. El Seminario contará con 30 invitados internacionales y nacionales que discutirán sobre el reconocimiento e incorporación de la biodiversidad en la planificación urbana como pilar para la productividad, competitividad y el desarrollo de ciudades sostenibles.

Algunos de los conferencistas magistrales son:

· Cecilia Herzog, Investigadora asociada de la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro. Presidenta y cofundadora del Instituto Inverde de Brasil.

· Sonia Reyes, Investigadora de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del Centro para Desarrollo Urbano Sostenible (CEDEUS).

· Brigitte Baptiste, Directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt de Colombia.

· Cesar Rey, Experto en procesos de ordenamiento Territorial, Manejo Forestal y protección de la Biodiversidad en entornos urbanos y rurales.

 

Nuestro objetivo

Propiciar un espacio para que participantes procedentes de diferentes países de América Latina compartan experiencias sobre la importancia de la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos en la planificación y el ordenamiento de ciudades que buscan una mejor calidad de vida para sus habitantes y transitar hacia la sostenibilidad.

 

¿Cuándo, dónde y cómo participar?

Fecha y hora: Septiembre 27 y 28 de 2018, 8:00 am – 5:00 pm

Lugar: Auditorio Jaime Hoyos, S.J., Edificio Manuel Briceño Jáuregui S.J. Pontificia Universidad Javeriana

Costo: Entrada libre, previa inscripción. ¡Cupos limitados!

Formulario de inscripción: Clíc AQUÍ

 

Para mayor información:Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Líneas temáticas del Seminario:

Biodiversidad y servicios ecosistémicos urbanos

Redes y estructuras ecológicas

Visión urbano-regional en la gestión de la biodiversidad urbana

Sostenibilidad y resiliencia urbana

 

Agenda

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De la flor al plato: Mitos y realidades de las abejas nativas

¿Te imaginas un mundo sin abejas?, ¿qué pasaría con el bienestar de los ecosistemas y de las poblaciones alrededor del mundo? Más del 75% de los cultivos alimentarios dependen de la polinización y en gran medida, sin abejas, no tendríamos a nuestra disposición tanta variedad de alimentos nutritivos y deliciosos.

Con motivo del Día Nacional de la Biodiversidad y resaltando que Colombia reconoce la polinización como un servicio ecosistémico estratégico por el papel clave que desempeña para la conservación de la diversidad biológica, el mantenimiento de la estructura y función de los ecosistemas, la producción de alimentos y la economía mundial, hemos diseñado un recorrido especial donde, de la mano de un experto en abejas, nos adentraremos en el mundo de uno de los polinizadores más reconocidos.

Acompáñanos en esta jornada de puertas abiertas. ¡Te esperamos desde las 8:00 a.m. en el Venado de Oro! Madrúgale a la biodiversidad y conéctate vitalmente con la riqueza natural de la capital colombiana.

¿Por qué el 11 de septiembre es una fecha especial en nuestro país?

El 11 de septiembre es el Día Nacional de la Biodiversidad. Una de las razones por las cuales se conmemora este día es para recordar al Sabio José Celestino Mutis, quien murió el 11 de septiembre de 1808 y quien con la Expedición Botánica dejó una significativa colección de plantas que son una notable base para el inventario nacional de biodiversidad.

La importancia de la biodiversidad, así como la adopción de medidas para su conservación, uso sostenible y distribución de beneficios que se deriven de su utilización, se consignan en la Convención sobre Diversidad Biológica, ratificada por Colombia mediante la Ley 165 de 1994 y materializada a través de la Política Nacional para la Gestión de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos.

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¿De dónde viene lo que te comes?

Más allá del sabor. Hablemos de etnogastronomía y polinización

Definitivamente comer constituye, para muchos, uno de los mayores placeres de la vida. ¿Quién no ha disfrutado de un buen plato de frutas a la hora del desayuno o se ha maravillado con los sabores de la comida típica de algún rincón del país?

Este territorio no solo es rico por sus paisajes, también lo es por el tema gastronómico: la biodiversidad sí que se puede ver reflejada en muchas casas colombianas. Colores, formas y sabores que dan rienda suelta a los platos más variados nos hacen felices los días. Aquí tenemos plantas y frutos desconocidos, raros y comunes que sirven no solo de alimento sino que son la base de múltiples recetas, medicinas, saberes ancestrales y que hasta sirven de inspiración para la creación de artesanías e historias.

Por esa razón, con motivo de nuestra serie #DeLaFlorAlPlato, llega un nuevo Humboldt ConVida donde exploraremos de dónde viene todo aquello que, como resultado final, termina en nuestro plato trascendiendo el sabor.

Acompáñanos sin falta. La cita es el próximo miércoles 5 de septiembre desde las 5:30 p.m. en el Restaurante Ocio (Bogotá) con dos invitados de lujo: el chef Alex Salgado y la bióloga Francis Chaves.

¡Entrada libre hasta completar aforo!

 

Síguenos vía Fb Live con los siguientes numerales:

#OcioDesdeElCorazón

#HumboldtConVida

 

Sobre nuestros invitados:

Alex Salgado: Economista de profesión y cocinero de corazón, Alex es el propietario y cocinero del Restaurante OCIO en Bogotá, lugar en el que presenta su concepto: Cocina Autóctona Colombiana, exaltando la importancia e identidad del producto colombiano, la tradición y el conocimiento culinario de las diferentes etnias del país.

Francis Andrea Chaves: Bióloga MSc. de la Universidad Nacional de Colombia y Candidata a PhD de Colorado State University. Francis tiene formación en biología reproductiva y ecología de poblaciones de plantas. Ha trabajado con cactáceas en zonas áridas y con frailejones en el páramo, identificando mecanismos para su reproducción incluyendo sus polinizadores. También ha contribuido en proyectos de polinización de abejas sin aguijón.

 

Con el apoyo de:

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Una propuesta: excluir áreas del país con ganadería de alto impacto y baja productividad

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Bogotá, D.C. 29 de agosto de 2018


Imagen: Reporte de Estado y Tendencias de la Biodiversidad Continental de Colombia. Instituto Humboldt.
 
•  Los departamentos de Córdoba, Sucre y Antioquia, con amplias áreas en pastoreo, tienen una alta productividad y en la misma medida impactos ambientales, debido a que la actividad ganadera se desarrolla en humedales, zonas declaradas como de importancia para la conservación.
 
•  Las regiones Andina, Caribe y Pacífico concentran la mayor cantidad de áreas que deberían excluirse de la ganadería, pues la actividad se desarrolla en zonas de alta pendiente o en páramos y humedales, combinando en un mismo espacio baja productividad y alto impacto ambiental.
 
Estos resultados se encuentran en el informe sobre áreas aptas para la actividad ganadera en Colombia elaborado por los investigadores Andrés Etter y Andrés Zuluaga, de la Universidad Javeriana, el cual hace parte del reciente Reporte de Estado y Tendencias de la Biodiversidad Continental de Colombia (Bio2017) publicado por el Instituto Humboldt.
 
La ganadería no es buena ni mala per se; por lo tanto, su análisis debe realizarse a partir del contexto donde esta se desarrolla, y evaluar sus beneficios socioeconómicos y los costos ambientales asociados a ella.
 
En los últimos años se han librado fuertes debates acerca de cómo identificar áreas que se excluyan de la actividad ganadera y delimitar aquellas que requieren intensificación productiva o necesitan de un manejo específico para garantizar la conservación de sus ecosistemas naturales.

Y es que parte de la responsabilidad de la ganadería en el deterioro ambiental y de destrucción de los ecosistemas es evidente debido a que su expansión ha sucedido en áreas silvestres como bosques tropicales de tierras bajas, andinos y secos, complejos de humedales, páramos y sabanas con transformaciones drásticas, muchas de ellas irreversibles. 
 
 
A pesar de sus impactos ambientales y baja productividad, el sector ganadero en Colombia sigue teniendo un rol importante en la economía nacional porque genera alrededor del 19 % del empleo agropecuario rural y cerca del 6 % del empleo total nacional

 
En la actualidad, el problema de la ganadería en Colombia se concentra en una baja productividad y alto impacto ambiental, lo que implica una planificación y gestión de la biodiversidad en zonas de pastoreo, teniendo en cuenta limitaciones ambientales y áreas de conservación y de restauración regional y nacional (humedales y páramos).


Precisamente, desde esta perspectiva se analizaron zonas de pastoreo actual en Colombia con presencia de anfibios y mamíferos endémicos; con áreas más fértiles (que compiten con la agricultura); con áreas de altas pendientes (un factor clave pues entre mayor inclinación el nivel de degradación aumenta); humedales y páramos; y con áreas protegidas (parques nacionales, parque regionales, reservas de la sociedad civil).
 

La ganadería a pequeña escala predomina en el país, evidenciada por el hecho de que el 45 % de las fincas tienen menos de 10 animales y el 81 % controla solo el 25 % del hato nacional con menos de 50 animales por finca

 
Una vez identificadas las áreas y sus restricciones biofísicas, se revisaron los niveles de productividad de las zonas actuales en pastoreo para definir cuáles excluir, restringir o promover de la actividad ganadera.
 
La intención es que en Colombia, los sistemas ganaderos con altos niveles de impacto sobre el territorio y baja productividad se excluyan definitivamente de la actividad; aquellos con mayores efectos y resultados, o bien bajos niveles de huella ambiental y de eficiencia productiva sean evaluados para implementar en ellos sistemas silvopastoriles u otras estrategias que permitan elevar su rendimiento, mientras reducen afectaciones.
 

El sector ganadero colombiano representa aproximadamente 1,4 % del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y 19 % del PIB agrícola
 
 
Según el informe las áreas que deberían excluirse, de acuerdo con las limitaciones biofísicas y la baja productividad, se concentran principalmente en las regiones de los Andes, Caribe y Pacífico, mientras que aquellas susceptibles de restricción están, en especial, en el Caribe y los Andes.


Por ejemplo en la región Andina, caracterizada por altas pendientes, ecosistemas de páramo y áreas de nacimiento de gran parte de los ríos que surten la demanda hídrica del país, el tipo de ganadería que se realiza hace evidente su impacto negativo en términos de degradación del suelo y contaminación de los cuerpos de agua.
 
En la Caribe, los conflictos por ganadería están asociados a la trasformación de humedales (gran parte de ellos ubicados en dicha zona) y de suelos fértiles (en especial en las sabanas de Córdoba y Sucre) considerados como de gran potencial agrícola.
 
Por tales motivos, la alta productividad e impacto ambiental en esa región del país amerita una revisión y exclusión inminente de la actividad en áreas de humedales, y una promoción solo en aquellas zonas donde no genere afectaciones.
 
Un escenario ideal para el país es aquel en el cual las áreas de la geografía nacional que presentan conflictos por uso ganadero y que deben excluirse del pastoreo sean usadas para la conservación de ecosistemas naturales; y en aquellas susceptibles de restricción se implementen sistemas agropecuarios sostenibles que combinen árboles con pasturas y animales, y cultivos  con múltiples propósitos.  
En el contexto de las áreas que deberían excluirse, debería priorizarse la conservación de ecosistemas naturales en grandes extensiones de tierra y, en donde sea factible, la delimitación de zonas agrícolas densas que permitan una mayor intensificación de la producción de alimentos.

 
El total de áreas en pastoreo en el país asciende a 35.709.158 hectáreas (ha); de estas, la Orinoquia colombiana ocupa el primer lugar con 11.411.948 ha; le siguen, la Andina con 10.915.099 ha; el Caribe con 6.969.226 ha; la Amazonia con 3.187.019 ha; el Magdalena con 2.154.982 ha; el Pacífico con 848.750 ha; y el Catatumbo con 222.134 ha.
 
 
Como conclusión, el informe considera que el logro de un tránsito hacia la sostenibilidad ambiental y productiva de la ganadería demanda una política integrada de paisaje agropecuario, una conversación entre sectores ambiental y ganadero, y prácticas sustentables.

Sugiere, también, que los análisis acerca de impactos ambientales de la ganadería en la geografía colombiana no desconozcan la dimensión social, es decir la presencia de pequeños productores y familias de escasos recursos económicos en esas zonas, cuyo sustento proviene de esta actividad, situación que no los exime de identificar en su propiedad áreas aptas, a excluir o a restringir, e implementar modelos sostenibles con enfoque silvopastoril y de conservación de los ecosistemas naturales.


Finalmente, plantea que la ganadería del país necesita encaminarse hacia una alta productividad en la que se usen de manera efectiva y sostenible los recursos naturales, de tal forma que los futuros proyectos ganaderos solo puedan realizarse en zonas propicias, y los existentes mejoren su rendimiento disminuyendo los impactos sobre el territorio.
 
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Todo un melodrama, así es el microscópico universo de la polinización



El Instituto Humboldt, con motivo del Día Nacional de la Biodiversidad, presenta De la flor al plato, el microscópico universo de la polinización una serie de contenidos ilustrados para conocer y admirar este indispensable proceso que respalda el mantenimiento de ecosistemas estratégicos y con ello la seguridad alimentaria de los colombianos y el resto del planeta. En esta ocasión, y reconociendo la abundancia de la geometría en la naturaleza, las figuras cuadradas y circulares representarán a las plantas y a sus polinizadores.

Con sentidos minúsculos pero agudos contemplaremos, como espectadores de una serie televisiva, la puesta en escena del proceso de polinización: una historia con protagonistas silenciosos pero vitales; relaciones intensas, bígamas y polígamas; múltiples condiciones sexuales; fecundaciones asistidas o autónomas que sumados a otros personajes y factores dan a esta trama rumbos inesperados y situaciones complejas, ocultas a simple vista, sin las cuales serían impensable disponer y disfrutar de frutas, verduras, condimentos, semillas y bebidas en la cocina y la mesa.

El cuento de la abejita y su vigorosa semilla

“Que una abejita llega a la flor y deposita en ella su semilla y la fecunda, y así nacen los niños”; esa ha sido la explicación más común de los padres para evadir la incómoda conversación con sus hijos cuando les preguntan cómo traen los hijos al mundo. Tal comparación, en efecto, hace referencia a la fecundación con granos de polen, o lo que conocemos como proceso de polinización, que involucra a diversidad de especies de plantas con flores y a abejas, abejorros, murciélagos, moscas, cucarrones, colibríes, polillas, mariposas y a elementos naturales: viento y el agua. Sus encuentros obsequian amplia variedad de alimentos, ciertos medicamentos, subsistencia de ecosistemas y, por lo tanto, el bienestar y futuro de la humanidad en pleno.

En medio de condiciones bisexuales, unisexuales y relaciones bígamas, polígamas o autónomas para la reproducción, las plantas con flores, de entre 2 a 5 milímetros o hasta medio metro de altura, se mueven, coloquialmente hablando, entre dos fuegos o amores, puesto que atraen hacia ellas a los polinizadores, lo más cercano a un amante hecho a la medida, al tiempo que ahuyentan a ladrones de néctar, los pícaros y astutos.

Los polinizadores, animales por lo general voladores, usan las flores de manera obligada u ocasional con el fin de obtener beneficios en forma de recursos alimenticios, aceites, perfumes, precursores de feromonas; también como lugar de descanso, sueño y apareamiento, depósito de huevos, o sistema de calefacción para incrementar su temperatura. Tal recompensa viene dosificada, obligando al polinizador a visitar numerosas plantas hasta recoger en su cuerpo, intencional o accidentalmente, una cantidad suficiente de polen que luego deposita en los órganos reproductivos femeninos de otras flores, y otros individuos, por lo general de la misma especie. Tal fidelidad, o constancia floral, garantiza una eficacia reproductiva y evita interferencias causadas por consignar las células sexuales masculinas equivocadas en el lugar incorrecto. A este fenómeno se le conoce como síndrome de la polinización.

Esta conducta es catalogada como sorprendente por la ciencia puesto que las especies de plantas con flores conviven en una misma área geográfica en simultáneo, por lo cual ofrecen un abanico de recompensas frente a las cuales el polinizador podría optar por una “infidelidad floral” al visitar, sin distinción, a todas.

Y aunque la “infidelidad” de un polinizador podría resolverse con una reproducción autónoma, labor para la cual numerosas especies de plantas son autosuficientes, está demostrado que la presencia de un vector alado incrementa la cantidad y la calidad de los frutos que se forman, lo cual, desde el punto de visto económico, tiene un impacto considerable en el caso de los cultivos.

Esta relación de mutuo beneficio y fidelidad (que data del cretácico, era que marcó el fin de los dinosaurios) demuestra que la gran mayoría de plantas con flores dependen de polinizadores animales (solo el 2,7% utiliza el agua como vía de polen, y el 13% el viento), así mismo explica la abundancia de biodiversidad encontrada en los trópicos comparada con alturas mayores.

Sobre este “síndrome de polinización”, revisemos algunos ejemplos de animales polinizadores y ciertos criterios que estos tienen en cuenta al momento de elegir una flor. Los escarabajos, por su visión pobre en color y un fuerte sentido del olfato, polinizan flores grandes y solitarias (magnolias); muy pequeñas que nacen agrupadas de un mismo tallo (palmas); capaces de llegar a entre 5 y 25 grados centígrados por encima de la temperatura ambiental; que producen aromas fuertes, frutales fermentados o dulces; o con pétalos blancos, crema o verdes en forma de taza o disco donde el polen o el alimento siendo de fácil acceso para este insecto.

Las moscas, de visión aguda, prefieren las flores pequeñas de pétalos blancos, crema y amarillos, usualmente con guías de néctar y poca elaboración de este jugo; con fragancias mínimas y una producción de polen regular o abundante.

Las abejas (cerca de 20 mil especies) optan por pétalos que reflejan la luz ultravioleta y con colores azul, blanco, amarillo y rosado; con aromas dulces, suaves, frescos, y agradables. En el caso de las mariposas, que no tienen un gran sentido del olfato y el del gusto está en sus patas, eligen flores poco fragantes y de pétalos brillantes, anaranjados, azules, morados, rojos o amarillos; con formas tubulares profundas y plataformas de aterrizaje.

Las polillas, de visión nocturna y buen sentido del olfato, se vuelcan a flores, algunas que permanecen cerradas durante el día, con pétalos de color blanco, crema, azules o amarillos muy pálidos; flores fragantes que producen polen. Para las aves, en Colombia se han registrado cerca de 50 familias visitantes de flores; de ellas, las principales polinizadoras son las de los colibríes (Trochilidae), que en muchos casos pueden alimentarse mientras mantienen un vuelo suspendido frente o bajo las flores; hay cerca de 140 especies que oscilan entre los 5 a 20 centímetros de largo, pesos entre 3-10 gramos y picos fuertes de 1 a 20 cm de longitud. Con una buena visión en color, eligen flores tubulares o tipo cepillo con pétalos escarlatas y verdes, ausentes de fragancias pero abundantes en néctar.

Con los murciélagos, el tema resulta ser mucho más interesante. Cerca del 25% de las especies usan los recursos florales como parte de su dieta y algunas dependen totalmente de las flores. Son animales grandes y pesados que, a veces, se posan sobre las flores; no distinguen colores, por lo que estos le son irrelevantes en la atracción; tienen un sentido del olfato desarrollado; las plantas polinizadas por estos mamíferos voladores son generalmente leñosas, árboles, arbustos, o lianas, entre otras; con pétalos blancos, crema, ocre o sombras lúgubres de verde o púrpura; productoras de aromas fuertes, frutales, ácidos, rancios, a repollo o que sugieren fermentación; abundantes en néctar y polen; las flores en forma de campana amplia; robustas, grandes y expuestas sobresaliendo del follaje.

Después de lo anterior, solo piensen, por un instante, que detrás de toda granadilla hay una historia, y el costo real de lo que nos comemos ante el gasto energético que implica para plantas y polinizadores; es más, imagine lo que traería consigo la interrupción de la relación entre ambos bandos. Por mencionar algunos ejemplos, no tendríamos acceso a cientos de frutas, verduras y legumbres que hacen parte de nuestra dieta actual: manzanas, duraznos, naranjas, limones, nueces, mangos, cerezas, cocos, uvas, papayas, chirimoyas, melones, sandías, granadillas, maracuyás, uchuvas, fresas, frambuesas, agraz, calabazas, arvejas, fríjoles, remolachas, pepinos, ahuyamas o tomates; semillas de aceite: lino, mostaza, girasol, palma, oliva, maní y ajonjolí; condimentos y bebidas: pimienta negra, cacao, cardamomo, endivia, café, té y vainilla; forrajes como alfalfa; o fibras: algodón y cabuya. Ocurriría, además, una pérdida de la variedad genética de las especies y se afectarían los servicios que ofrecen los ecosistemas derivados de la función ecológica de la polinización.

Por tales razones, la polinización es fundamental para la producción de alimentos y los medios de vida de las personas. Un colapso en las interconexiones dentro de un ecosistema sería, sin duda, fatal. Es por esto que como Estado debemos prestar especial atención a la presión que ejercen las nuestras actividades sobre los polinizadores, la cual incrementa su demanda y al mismo tiempo destruye sus hábitats. Asimismo, tenemos numerosos desafíos por superar, como entender la estructura y la relación eficaz de la polinización, desarrollar modelos de evaluación y predicción de la respuesta de la diversidad biológica al cambio climático, al uso de la tierra y al crecimiento demográfico; y armonizar a los diferentes estamentos de la sociedad para desarrollar e implementar estrategias adecuadas y exitosas de conservación. Así pues, nos queda permanecer atentos a los canales digitales del Instituto Humboldt para no perderse un solo capítulo de esta vibrante historia que se presentará a través de contenidos ilustrados y espacios de conversación presenciales gratuitos, Humboldt Convida, y virtuales, Facebook Live, y protagonizada por aquella biodiversidad invisible, como la calificara el científico estadounidense Daniel Janzen, que sustenta la diversidad biológica estructural planetaria.

Con información de la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Iniciativa colombiana de polinizadores, capítulo abejas.

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Presentamos a los ganadores de la versión XXI del Premio Amway de Periodismo Ambiental

Bogotá, agosto 23 de 2018.


Cortesía: Premios Amway de Periodismo Ambienal



Con información de Amway.

El pasado 22 de agosto, en ceremonia privada en el Country Club de Bogotá, se realizó la ceremonia de entrega del XXI Premio Amway de Periodismo Ambiental denominada Sembrando Conciencia, la cual contó con un prestigioso jurado calificador conformado por los periodistas Darío Restrepo, Yamit Palacio y Mabel Lara; el exministro de Ambiente, Manuel Rodríguez Becerra, y la directora del Instituto Humboldt, Brigitte Baptiste.

En la Categoría Profesionales, el primer lugar lo ocupó el diario El Tiempo con el trabajo Especies, una nueva expedición, realizado por Tatiana Pardo, cuyo eje temático se centró en un recorrido por Colombia con la intención de conocer de cerca las portunidades y amenazas que trae consigo el posacuerdo para los ecosistemas del país.

El segundo lugar, lo ocupó Noticias RCN con el trabajo Patrullero del aire: la tierra llora petróleo, (se presenta la primera nota que originó este amplio y completo especial periodístico) realizado por un equipo periodístico de gran trayectoria, que reveló la magnitud y la manera como se estaba afectando la fauna y flora por la contaminación del crudo, las fallas en el plan de contingencia, entre otros factores.

El tercer lugar, lo ocupó Telepacífico, Cali, con el trabajo Arroz Orgánico, realizado por el periodista James García. Una historia de diferentes maestros del campo que decidieron apostarle a la producción limpia de arroz orgánico en las riberas del río Naya, Buenaventura, y en el Resguardo Indígena Páez de López, municipio de Caloto.

Por decisión unánime del jurado también se entregó una mención de honor al trabajo  Más de mil millones de abejas han muerto en Colombia en los últimos tres años, realizado por Carlos Brand de RCN Radio, sobre la disminución colosal del número de estos insectos que tienen la función de polinizar el planeta.

En la categoría de estudiantes, el primer lugar lo ocupó el trabajo Sisuma: La cima de los nevados, realizado por un equipo de estudiantes de la Universidad de Boyacá – Tunja. En este documental, se busca destacar las problemáticas ambientales, sociales y económicas que sufre el Parque Nacional Natural El Cocuy, y plantea posibles soluciones al respecto.

El segundo lugar de esta misma categoría, lo ocupó Manos al agua, un trabajo periodístico realizado por Daniela Esquivel y Laura García de la Universidad del Rosario, que muestra un recorrido por la contaminación del río Bogotá; un especial multimedia que configura otra visión de la problemática al incluir todos los responsables de la contaminación de este afluente y señalar sus deberes y derechos frente a este.

De nuevo, el premio contó con el apoyo de La Fundación Carolina Colombia, Parques Nacionales Naturales de Colombia, el Instituto Alexander von Humboldt y la Asociación de Facultades de Comunicación Social del país - AFACOM. Este año, el premio tuvo como invitado especial al periodista Hugo Mario Cárdenas, ganador de la versión 2016.

‘’Agradecemos la participación obtenida en los 21 años del premio y extendemos nuestra felicitación a los ganadores. Invitamos a profesionales y estudiantes de la materia a seguir participando para sembrar conciencia y contribuir con un mejor futuro de nuestro medio ambiente”, indicó José Páez, director general para el área Andina, Argentina, Chile y Uruguay de Amway.

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Zonas centro y norte colombianas facilitan ingreso y traslado de especies exóticas

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Bogotá, D.C. 14 de agosto de 2018


Gecko, Hemydactylus angulatus.
 
•  Aunque se desconoce la ubicación potencial del 69% de las especies de fauna exótica en Colombia, departamentos del centro y norte con mayor intensidad de carreteras y de actividades ganaderas y agrícolas favorecen la introducción y dispersión de vertebrados terrestres y acuáticos.

 

•  Los peces encabezan el listado de fauna exótica en el país, con 128 especies identificadas, seguidas de anfibios, reptiles, aves y mamíferos con 5, 21, 53 y 30 respectivamente, y de invertebrados con 59.

 

•  La mayoría de introducciones de fauna exótica han ocurrido de manera intencional y están relacionadas con actividades productivas como el control biológico de plagas, la pesca, la agricultura, la comercialización de especies ornamentales, entre otras. <

 

La reciente edición del Reporte de Estado y Tendencias de la Biodiversidad Continental de Colombia, publicación del Instituto Humboldt, incluye un informe que señala las principales zonas geográficas del país y mecanismos que facilitan la introducción y dispersión de especies foráneas y trasplantadas, y su estrecha relación con las actividades productivas y la infraestructura vial.

En total, son seis las vías de introducción y dispersión de especies exóticas adoptadas por el Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB): la liberación intencional en la naturaleza, el escape eventual o accidental, los contaminantes y los polizones asociados a un producto básico que se transporta de un punto a otro, el corredor (facilitada por la construcción de infraestructura que interconecta áreas previamente aisladas), y la forma no intencional o autónoma, es decir que llegaron por sus propios medios sin asistencia humana.

Para Colombia, se estiman alrededor de 308 especies de fauna exótica y trasplantada, es decir ir, aquellas que tienen un área de distribución natural diferente a Colombia, pero que han llegado al país por múltiples vías que en algunos casos pueden facilitar su dispersión y establecimiento hasta convertirse en invasoras.

En el caso de los vertebrados terrestres (anfibios, reptiles, aves y mamíferos) y acuáticos (peces), su dispersión en el país se ha dado principalmente por escape accidental hacia un entorno natural. Por lo general, estos individuos han sido criados en cautiverio en zoológicos, acuarios, instalaciones de acuicultura y programas de investigación o reproducción animal fuera de su hábitat original. Otra forma importante de entrada y propagación es por medio de la liberación intencional en ambientes naturales.

Para los vertebrados terrestres se han registrado 147 casos de introducción y/o dispersión por vía de escape accidental, 19 por liberación intencional en la naturaleza, 10 han logrado ingresar o dispersarse en el país como contaminantes asociados a productos básicos importados, 23 como polizones en diferentes medios de transporte y 4 de forma autónoma.

En el caso de los vertebrados acuáticos, la revisión de literatura da cuenta de que 46 casos fueron registrados por escape accidental, 49 por liberación intencional en la naturaleza y uno de forma no asistida. En cuanto a los invertebrados, se reportaron 12 casos por escape accidental, 8 por liberaciones intencionales en la naturaleza, 45 como contaminantes asociados a productos básicos importados, 24 como polizones en medios de transporte, 8 de forma no asistida y uno a través de corredor por infraestructura facilitada para la interconexión de áreas.



En lo concerniente al número de especies por cada grupo taxonómico, para la mayoría se evidencia un desconocimiento de los mecanismos de introducción, aunque tras la revisión de múltiples fuentes de información se encontró la siguiente situación:

Especies de peces: 25 podrían haberse dispersado en el territorio colombiano producto de escapes accidentales, 32 lo hicieron por liberación intencional y una de forma no intencional o accidental.
Especies de aves: es probable que 49 especies se dispersaron producto del escape accidental, 1 como polizón por transporte, 2 por liberación intencional y 4 de manera autónoma.
Especies de mamíferos: 27 especies, probablemente, se dispersaron como resultado de escapes accidentales, 4 como polizones por transporte, 7 por liberación intencional y 3 como contaminantes asociados a la importación de productos básicos.
Especies de reptiles: es probable que 14 especies se dispersaron por escape accidental, 5 como polizones por transporte y 6 por liberación intencional.
Especies de anfibios: es factible que 3 especies pudieron dispersarse por escapes accidentales, 1 por liberación intencional y 1 por contaminantes asociados a la importación de productos básicos.
Especies de invertebrados: 8 especies probablemente se dispersan por escapes accidentales, 12 como polizones por transporte, 8 por liberación intencional, 21 por contaminantes por transporte y 8 de forma autónoma o no asistida.

En la actualidad, el 69 % de las especies de fauna exótica no tienen información geográfica asociada que permita conocer su distribución en el país y su relación con las principales actividades económicas y el uso del suelo.

Dado que algunas de las variables empleadas para analizar la distribución potencial de especies foráneas solo se ajustan al contexto de la fauna terrestre, es necesario priorizar una identificación que explique mejor lo que ocurre en el caso de los peces continentales.

Tras analizar diferentes variables, se encontró que en el caso de las aves, la agricultura es la actividad más importante para su dispersión, mientras que en peces es la demanda hídrica, entendida como el volumen de agua utilizado para actividades productivas acuícolas.

Acerca de la relación entre introducción y dispersión de fauna exótica y su relación con el factor humano, la cantidad de carreteras, en especial hacia el centro y norte del territorio nacional, resultan ser un mecanismo considerable en el desplazamiento de especies foráneas de vertebrados acuáticos y terrestres.



Al contrastar la información disponible sobre intensidad agrícola y registros de especies exóticas, los resultados apuntan, en general, al centro y norte colombianos como zonas geográficas que potencian la introducción y desplazamiento de vertebrados acuáticos y terrestres en mayor medida; hacia el sur del país prevalecen los vertebrados acuáticos.



La revisión de información de actividades ganaderas y registros disponibles de especies exóticas refleja un comportamiento similar al mapa de intensidad agrícola: el centro y norte colombianos son las zonas geográficas que potencian la introducción y desplazamiento de vertebrados acuáticos y terrestres en mayor medida; hacia el sur del país prevalecen los vertebrados acuáticos.
 


Los mapas muestran, con distintos niveles de intensidad, que Casanare, Meta, Cundinamarca, Tolima, Valle del Cauca, Caldas, Risaralda, Quindío, Antioquia, Santander, Norte de Santander, Córdoba, Bolívar, Atlántico, Magdalena, Arauca, Casanare, Guainía, Vichada y Guajira, principalmente, son espacios geográficos donde los cambios en el uso del suelo y la relación con las actividades económicas establecen la dinámica de dispersión de las especies y las posibles invasiones, sin desconocer, también, las características propias de la fauna exótica para distribuirse y establecerse en el ambiente.

Entre las sugerencias a las autoridades ambientales, el informe advierte que ante los vacíos existentes asociados a la distribución geográfica de las especies exóticas es prioritaria una articulación con los sectores productivos, conocer además el impacto económico de las especies, las características que favorecen el potencial invasor y la dinámica de las poblaciones desde su introducción al día de hoy.

Así mismo sugiere orientar las decisiones futuras sobre introducciones intencionadas a partir del análisis de posibles daños que las especies traerían consigo, generar listados de las mismas prestando atención a aquellas con bajo riesgo y altos beneficios comerciales, y la implementación de buenas prácticas por parte los distintos actores económicos.
 

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Piden declarar "Probablemente Extinto" al sapo quimbaya

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Bogotá, D.C. 27 de junio de 2018

 


Macho adulto colectado en junio de 1994 en el Parque Natura Regional Ucumarí, Pereira, Risaralda. Foto: John D. Lynch.

 

•  Investigadores de distintas instituciones científicas, nacionales e internacionales, pidieron a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) declarar como Probablemente Extinto al sapo quimbaya, Atelopus quimbaya, especie endémica de los Andes colombianos.

 

•  Los estudios actuales, que intentan esclarecer las razones de la probable extinción del quimbaya, se enfocan en la presencia de la especie exótica trucha arcoíris y un hongo patógeno disperso por todo el mundo.

 

•  En visitas realizadas durante las últimas dos décadas a los mismos sitios donde fueron registrados los sapos en los años 90, no fue detectado ningún individuo, así como tampoco huevos o renacuajos.

 

Según la investigación desarrollada por las entidades nacionales Instituto Humboldt, universidades del Valle y Javeriana de Cali y Wildlife Conservation Society; y las internacionales ProCAT, Centro para la Ciencia Abierta y la Conservación de la Biodiversidad en Costa Rica y la Universidad Autónoma de México, el estado de conservación del género Atelopus en Colombia es crítico, ya que cerca del 80 % de las 44 especies que habitan el país enfrentan un grave riesgo de extinción.

Atelopus quimbaya pertenece a este género de sapos arlequín y se conoce en solo tres localidades de la vertiente occidental de los Andes centrales colombianos: la Reserva Natural La Montaña (municipio de Salento, Quindío), el Parque Natural Regional de Ucumarí (municipio de Pereira, Risaralda), y la Reserva Bosque del Río Blanco (cuenca del río Chinchiná).

Con la intención de esclarecer y comprender las eventuales causas de la disminución, e incluso extinción del sapo quimbaya, el equipo de investigadores reunió estudios científicos históricos y realizó salidas de campo a las tres localidades conocidas como hábitat de la especie para contrastar la información e intentar responder el interrogante.

A pesar del esfuerzo intenso y reciente por hallarlo en estos lugares no hubo avistamientos tras los últimos registros ocurridos entre 1994 y 1997. En cambio, según el estudio, en estos sitios hay presencia confirmada de la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), y se sospecha, del hongo infeccioso Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), dos posibles enemigos de la especie en cuestión.

En la cuenca del río Otún y en el Quindío se sabe de la existencia de la trucha arcoíris, para empezar, debido a dos grandes granjas para la crianza del pez. Se estima que en 1953, la especie exótica fue introducida en los ríos y en los estanques artificiales de la Reserva Natural de Navarco. En las salidas de campo, el equipo de investigadores detectó la presencia de la trucha aun en pequeñas corrientes de agua de los cauces de estas zonas.

El hecho de que la trucha habite en las cuencas donde fue común el sapo quimbaya, hace pensar que estaría involucrada en la disminución de sus poblaciones a través de la depredación, en primera medida de los huevos, y posiblemente de los renacuajos. El equipo investigador mantiene sus sospechas acerca del potencial efecto negativo del pez sobre este grupo de sapos, pues existe evidencia científica del impacto que ha tenido en otras especies de anfibios.

Un dato adicional revela que si bien la introducción de la trucha al país no coincidió con el momento en que inició la disminución de poblaciones del quimbaya, lo más factible es que la expansión de poblaciones de estos peces ocurrió constantemente, y de manera acelerada, hasta alcanzar el hábitat del sapo hacia 1990.


Por otro lado, está el hongo Batrachochytrium dendrobatidis (Bd) originario de Asia y que se encuentra ampliamente distribuido alrededor del mundo. Hoy hay evidencia de la desaparición de poblaciones completas de anfibios causadas por el (Bd), que les afecta la piel, un órgano vital involucrado en la respiración. En animales susceptibles al hongo se producen, por ejemplo, paros cardíacos que matan los organismos.

En general, el género Atelopus es considerado como uno de los grupos más susceptibles entre los anfibios, de hecho el declive de numerosas especies del grupo tiene relación comprobada con el hongo. En el caso del sapo quimbaya, los análisis efectuados a 23 ejemplares, recolectados en 1979 y 1994, arrojaron un resultado negativo para la infección por (Bd).

Por lo pronto, los investigadores no descartan un posible vínculo entre el hongo y el cambio climático o una correlación de múltiples factores estresantes como potenciales responsables de la probable extinción del sapo quimbaya y de la disminución de otras poblaciones de anfibios.

Y aunque los resultados actuales no permiten establecer si (Bd) está o no involucrado en el declive de este anfibio, a la fecha se realizan estudios a ejemplares depositados en las colecciones biológicas del Instituto Humboldt, en Villa de Leyva (Boyacá) para comprobarlo.

De ser posible, a futuro se espera realizar estudios con el material biológico disponible en la Universidad del Valle, el Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia y el Museo de Herpetología de la Universidad de Antioquia, mismos que ayudarían a esclarecer la participación del hongo en la disminución de esta y otras especies de anfibios colombianos.

La importancia del sapo quimbaya, y en general los anfibios, radica en que desde el punto de vista ecológico son buenos indicadores del estado de conservación de ecosistemas debido a lo susceptibles que resultan a la contaminación y degradación del hábitat.

Por el contrario, su ausencia es una señal de cómo el cambio en el paisaje y el ambiente, causados por distintas actividades, afectan la biodiversidad a distintos niveles. En ese sentido, algunos estudios demuestran que los renacuajos ayudan en el mantenimiento de la estructura de las comunidades de algas y la productividad primaria de los ríos y quebradas.

Entre tanto, en medio de los esfuerzos científicos inconclusos y del desconcierto que generan las causas de la posible desaparición de este sapo endémico, los investigadores involucrados en el estudio no se dan por vencidos, en cambio sugieren continuar con los análisis en laboratorios y trabajos en campo en zonas aledañas a las exploradas, con la intención de descubrir poblaciones, quizá no detectadas hasta ahora, del quimbaya y de otras especies del grupo de los Atelopus con características similares.

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