Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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En el Global Big Day 2018 cada ave cuenta

•  El mundo se prepara para la cuarta versión del Global Big Day (GBD), día mundial dedicado a la observación de aves, que se realizará el sábado 5 de mayo en varias partes del mundo entre ellas Colombia, país que en 2017 alcanzó el primer lugar de avistamientos con 1484 especies registradas equivalentes al 15 % del total reportado en el planeta.

•  En la tercera edición, casi 20.000 personas de 150 países observaron 6564 especies de aves en un solo día (más del 60 % del mundo), resultado catalogado como un récord.  Sumados los registros en Brasil, Ecuador, Perú y Colombia se registraron más de 1000 especies de aves ese día.

•  Este 2018, Colombia pondrá a disposición de expertos y aficionados la plataforma eBird, con enfoque local, para el monitoreo participativo y la investigación científica de las aves en el país, con miras a su conocimiento y conservación.

El GBD es una iniciativa de ciencia ciudadana que comenzó en 2015 para crear conciencia sobre la importancia de la conservación de las aves y el riesgo que las acecha, y para incentivar la construcción de conocimiento colectivo sobre el tema y su difusión a través de plataformas digitales.

En esta actividad puede participar cualquier persona, ya sea experta o aficionada. Basta con salir a observar aves, compartir los datos obtenidos y seguir los resultados y estadísticas, en tiempo real, durante un día.

El cuarto Global Big Day está dedicado a las aves playeras, grandes migradoras que unen países y continentes con sus vuelos, en especial al chorlo de vientre negro (Pluvialis squatarola) que se reproduce en el Ártico desde Canadá hasta Rusia, y que en época no reproductiva migra hacia el sur llegando hasta Chile, Argentina, Sudáfrica y Australia, ¡una verdadera ave global!

En el país, los colombianos esperan ratificar su liderato. Por tal motivo, los organizadores están visitando cada región del territorio nacional con el fin de elegir lugares adecuados que faciliten el registro de aves no vistas en 2017 y las asociaciones ornitológicas están capacitando a más personas; mientras que muchos turistas se están preparando para recorrer zonas ricas en especies endémicas. La idea es que todos los que participen en esta actividad sigan una serie de buenas y sencillas prácticas que aseguren, a largo plazo, la utilidad de la información recolectada.

 

eBird en Colombia

Pero más allá que toparse con nuevas especies hay mucho por aprender acerca de la ecología, comportamiento, estado y tendencias de las aves en Colombia, incluso sobre aquellas que están presentes a diario a nuestro alrededor. Por esta razón, los ornitólogos impulsan herramientas para generar en los colombianos una mayor apropiación por su biodiversidad, a través de programas de educación que buscan la participación de personas y entidades en la apreciación y estudio de las aves, por ejemplo eBird.

eBird es una aplicación desarrollada por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad Cornell y la Sociedad Audubon de Estados Unidos, que desde su lanzamiento en 2002 revolucionó la manera como la comunidad ornitológica reportaba y accedía a la información sobre aves.

Al compartir registros en la plataforma digital, cada observador de aves contribuye al conocimiento y conservación de estos vertebrados a nivel mundial. De esta manera, eBird se ha convertido en el proyecto de ciencia ciudadana más grande del mundo en cuanto a biodiversidad se refiere, y así lo demuestran los datos globales disponibles de forma gratuita: más de 360.000 personas han contribuido con cerca de 472’000.000 de registros de aves de 10.364 especies, en todos los países.

Además del sitio núcleo de eBird, existen varios portales regionales administrados por socios locales para proveer información y experiencias de avistamiento de aves, adaptadas a las realidades de cada lugar, y Colombia no es la excepción.

Es así como, el país tendrá su propia plataforma, gracias a un convenio entre el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, la Asociación Bogotana de Ornitología (ABO), la Asociación Colombiana de Ornitología (ACO), la Asociación para el Estudio y la Conservación de las Aves Acuáticas en Colombia (Calidris), la Fundación Ecológica Los Colibríes de Altaquer (FELCA), la Investigación para la Conservación en el Neotrópico (SELVA), la Sociedad Antioqueña de Ornitología (SAO), la Sociedad Caldense de Ornitología (SCO) y el Instituto Humboldt.

En la actualidad, eBird es la plataforma de ciencia ciudadana que más datos sobre biodiversidad aporta en Colombia. Con cerca de 2,5 millones de registros, sus usuarios han contribuido con datos sobre el 95 % de las especies de aves del país.

El portal regional buscará consolidar a eBird como una herramienta para el monitoreo participativo y la investigación científica de las aves en Colombia con la intención de que la información generada se utilice para la conservación de la biodiversidad.

Más allá de los resultados del Global Big Day, de su capacidad para unir personas, entidades y países o de la diversión e inspiración asociadas a esta actividad, cabe destacar la importancia ecológica de las aves como fuente de solución de la mayoría de problemas ambientales que hoy afronta el planeta. No es casualidad, entonces, que el 2018 haya sido declarado como el Año del Ave por más de 190 organizaciones mundiales.

 

Próximamente portal eBird Colombia: ebird.org/colombia
Más acerca del Año del Ave: birdyourworld.org
Portal mundial de eBird: ebird.org
Global Big Day: ebird.org/news/global-big-day-5-may-2018

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Libro Rojo de Aves de Colombia.Volumen II

Es necesario hacer evaluaciones periódicas para monitorear el progreso o retroceso en el estado de conservación de las especies y, por tanto, de las políticas de conservación (Farrier et ál. 2007; Butchart 2008; Amaya-Espinel et ál. 2011). El presente libro es el segundo de una obra de dos volúmenes que remplaza totalmente el libro rojo del año 2002 (Renjifo et ál. 2002). En la introducción del primer volumen de este libro rojo (Renjifo et ál. 2014) se hizo una síntesis del desarrollo de los libros rojos en el mundo, del desarrollo del sistema actualmente vigente de categorías y criterios de la UICN, y del desarrollo de las listas y libros rojos de aves en Colombia. Así mismo se describió cómo fue el proceso de investigación y colaboración conducente a la publicación de ese volumen caracterizado en cinco fases que condujeron a la publicación del volumen I. Este volumen II culmina una investigación que comenzó en el año 2008. Aquí analizamos el riesgo de extinción de las especies de todas las regiones y ecosistemas no cubiertos en el volumen I (ecosistemas abiertos, secos, insulares, acuáticos continentales y marinos, tierras altas del Darién y Sierra Nevada de Santa Marta y bosques húmedos de tierras bajas del centro, norte y oriente del país). Para mayor detalle sobre este punto, véase la sección Síntesis de resultados. Anhelamos que la obra inspire a los investigadores de manera que estimule el desarrollo de un conocimiento más profundo de estas especies, a las autoridades ambientales y la sociedad civil para orientar medidas efectivas de conservación, y a la ciudadanía para infundir un mayor aprecio y compromiso por la conservación de nuestro patrimonio avifaunístico.

 

Para descargar la publicación, haga clic aquí.

Para consultarla en el repositorio institucional, haga clic aquí.

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Extraño daño en frailejones colombianos preocupa a investigadores

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Bogotá, D. C. 19 de febrero de 2018

 
Espeletia lopezzi
Espeletia lopezzi - Amanda Varela

 

•    Varias polillas, hongos y escarabajos tienen afectadas a las especies de frailejones (Espeletia), puyas (Puya), chusques (Chusquea), uvas camarona (Macleania) y encenillos (Weinmannia) en los páramos de Chingaza, Cruz Verde, Sumapaz, Galeras y Cocuy. En páramos de Venezuela y Ecuador también hay reportes.

•    La principal hipótesis apunta a un aumento de la temperatura en los páramos, asociado al cambio climático. Simulación en laboratorio indica probable reducción en la capacidad de captación de agua por parte de frailejones.

•    El Instituto Humboldt, las universidades Javeriana y Jorge Tadeo Lozano, la Sociedad Colombiana de Entomología y Parques Nacionales Naturales presentarán un diagnóstico, avances y perspectivas de lo investigado hasta hoy, en un simposio internacional que se realizará en Bogotá este 21 y 22 de febrero de 2018.

Los ecosistemas de páramo emergieron, según registran las páginas del Atlas de páramos de Colombia, por encima de los 3000 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.), hace más de cinco millones de años tras el levantamiento final de la cordillera de los Andes y la creación definitiva de los bosques andinos.

Estos ecosistemas son exclusivos de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Costa Rica, países que cuentan con páramos tropicales ubicados, casi todos, salvo los de la Sierra Nevada de Santa Marta y los de Costa Rica, en la cordillera de los Andes. Su vegetación, condiciones climáticas, de suelos y de altitud los diferencian y hacen de ellos un sistema natural singular.

Colombia es considerado el país núcleo de los páramos, debido a que posee más de la mitad de la superficie de estos ecosistemas a nivel mundial, casi el 60 %. En el territorio nacional, estos ecosistemas se relacionan con áreas altas, frías, húmedas, nubladas y con diversa vegetación, dentro de la cual está la representativa espeletia mejor conocida como frailejón.

De tronco grueso, hojas abultadas (y recubiertas con una especie de pelusa) organizadas en espiral que crean una roseta en la parte superior del tallo, los frailejones, también ecosistemas en miniatura, se unen a la vegetación asociada a la alta montaña en un complejo y frágil sistema endémico.

Así pues, dichas plantas con una forma de vida inusual, amplia diversidad morfológica, alturas de hasta más de 15 metros, foco de estudio por más de dos siglos y aún con mucho por conocer acerca de su taxonomía; capturan el agua de las nubes y la neblina que los circunda, la retienen de manera natural, hasta un 80 % de su volumen y mantienen los caudales de ríos y quebradas, un asunto estratégico para la generación, regulación y abastecimiento hídrico de los habitantes del país, según estudios de la Universidad Nacional de Colombia (UN).

Por ejemplo, el páramo de Belmira proporciona más del 65 % del agua que abastece a Medellín, el de Chingaza provee el 65 % de este líquido vital a los bogotanos y el de Guerrero abastece a más de 1’000.000 de habitantes en el norte de Bogotá y a toda Zipaquirá.

De 100 milímetros (mm) de agua que caen en 1 metro cuadrado de páramo, 65 mm viajan por este ecosistema a través de caudales, 3 veces más que en el bosque seco tropical y el doble de un bosque húmedo tropical.

Incluso, en algunos páramos en Colombia y de otros países el rango de humedad es amplio: los que reciben alrededor de 4.000 mm de precipitación al año, hasta los relativamente secos con cerca de 800 mm anuales. Cabe destacar que en época de sequía, esta flora endémica retiene el líquido y lo regula de manera natural.

Casi una década afectados

Sumado a las amenazas causadas por actividades humanas como ganadería extensiva, agricultura en especial cultivos de papa y cebolla, minería de oro y carbón, turismo no controlado, entre otras, algunos frailejones de Colombia, en su mayoría endémicos, enfrentan un problema adicional: una afectación ocasionada por polillas, hongos y escarabajos; situación que podría comprometer a mediano y largo plazo la función de captación, regulación y suministro del agua para el consumo en las ciudades colombianas ubicada en las regiones de influencia de estos ecosistemas.

En el 2009, re realizó el primer reporte oficial al IDEAM en el marco del Programa Piloto Nacional de Adaptación al Cambio Climático – INAPB, por parte de la ecóloga María Mercedes Medina. En aquel entonces, frailejones de la especie Espeletia grandiflora de la cuenca alta de la quebrada Calostros, en el Parque Nacional Natural Chingaza, presentaban cambios en la forma de las hojas las cuales se estaban muriendo, al parecer, por actividad de insectos (polillas y escarabajos) y hongos.

El resultado inicial del estudio indicaba que cerca de 376.600 m2 estaban afectados, pero un monitoreo realizado 8 meses después comprobó que la cifra aumentó a más de 1’871.000 m2 de frailejones afectados e incluso muertos. El interés de la comunidad científica ante las desconcertantes circunstancias, no dio espera. Fue así como en 2011 se creó el Programa Nacional para la Evaluación del Estado y Afectación de los Frailejones en los Páramos de los Andes del Norte, conformado por las universidades Jorge Tadeo Lozano y Javeriana, la Sociedad Colombiana de Entomología, Parques Nacionales Naturales de Colombia y Patrimonio Natural.

“Tenemos indicios de que hacia 1990 y a comienzos de 2000 hubo reportes de esta problemática. Pero aún no nos ha sido posible revisar folios y carpetas con registros de ese año. Creemos que quizá en un determinado momento se reportó la afectación, hubo un declive y al no verla más no se continuó con un seguimiento”, afirma Amanda Varela Ramírez, doctora en Ecología y profesora asociada al Departamento de Biología de la Universidad Javeriana, y miembro del comité científico que evalúa el caso.

El equipo de investigadores realizó expediciones para toma de muestras y su análisis. En cuanto a las polillas, una de ellas especie nueva para la ciencia, se comprobó que devoran las hojas juveniles más internas de la roseta foliar del frailejón, acción que debilita la planta pues las nuevas hojas crecen con deformaciones e incluso no llegan a desarrollarse, lo que resulta en una reducción de las defensas y aumento de susceptibilidad al ataque por parte de herbívoros y hongos.
 
Según Claudia Martínez, investigadora adscrita a la Sociedad Colombiana de Entomología (Socolen) y miembro del equipo investigador, en el tronco del frailejón hay hendiduras, como resultado de la caída de las hojas, que se convierten en hábitat, zona de reproducción y alimentación para muchos insectos, incluyendo a los escarabajos relacionados con las afectaciones. Por ejemplo, los escarabajos, de las familias Curculionidae y Scolytidae, quienes consumen esta planta sana o ya debilitada.

Curculionido alimentandose de hoja de frailejon PNN Chingaza. Foto David MartinezCurculionido alimentándose de hoja de frailejón en PNN Chingaza. Foto: David Martínez


Por su parte, los hongos causan cambio del color en las hojas, su desprendimiento del tallo, una deformidad conocida como entorchamiento y manchas. Según las investigaciones, entre tres y nueve meses ocurre el proceso de muerte de un frailejón enfermo.
Al respecto, la profesora Varela cuenta que luego de la preocupación manifestada por los funcionarios del PNN El Cocuy, se realizó una visita en la cual pudo identificarse frailejones moribundos con hojas caídas, excepto las centrales. Al examinarlos para descubrir y entender lo que ocurría, el equipo de investigadores se sorprendió cuando “toda la médula de la planta, es decir aquella por la cual toma el agua y los nutrientes, estaba podrida desde las terminaciones por donde salen las hojas y de ahí hacia abajo. Allí encontramos adultos de un escarabajo parecido a la Broca del Café, sus larvas y huevos”.

Al interior de la médula del frailejón pudieron verse especies de galerías cuyo acceso se encontraba en una perforación justo donde terminaban las hojas, por la cual se introducía el escarabajo para, al parecer, cumplir todo su ciclo de vida al interior, es decir poner sus huevos hasta que eclosionaran, dejar que las larvas crecieran y, una vez adultas, abandonar la planta.

Este escarabajo se conoce como “de ambrosía” y de él hay reportes de uso en Brasil con fines medicinales, y ataques a plantaciones de pino en Estados Unidos y Canadá, y a cultivos de oliva en España. Estos insectos son tan voraces que pueden devastar grandes hectáreas de bosques.

El listado de la incertidumbre

Con respecto a la afectación en los frailejones y su probable relación con cultivos producto de la dinámica agrícola habitual en esa zona de páramo, las investigaciones realizadas han confirmado hasta el momento “que los insectos son autóctonos del páramo y, por lo tanto, no pertenecen a agroecosistemas o cultivos de papa ni otros cercanos a la zona”, según afirma Luis Beltrán, doctor en Biología y profesor asociado del Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, y parte del grupo de trabajo que lidera la investigación.

Al respecto queda un estudio pendiente por realizar, el de las áreas de frailejones aledañas a actividades antrópicas para corroborar que la cercanía a cultivos o ganadería no aumenta la cantidad de plantas afectadas, pues los muestreos y análisis primarios se realizaron con distancias considerables entre unos y otros.

Un hecho importante y que se ha confirmado oficialmente es la presencia en los frailejones de la Oidaematophorus espeletiae o polilla pluma, la cual resultó ser nueva para la ciencia.  Una situación que hasta hoy despierta suspicacias acerca de su existencia en estas plantas desde tiempo atrás, y de la cual nadie se había percatado.

Oidaematophorus
Oidaematophorus espeletiae. Foto: Luz Stella Fuentes
 

Por resolver está, además, si el incremento poblacional de la polilla estaría relacionado con el aumento de la temperatura nocturna en la zona de bosque altoandino, ambiente que le permitiría salir de allí y moverse hacia el páramo. Lo que creen los investigadores es que en el páramo podría haber encontrado condiciones apropiadas para su colonización y desarrollo, particularmente abundante alimento y falta de agentes que la controlen. Aunque, otra especulación apunta a que este insecto puede ser del páramo y que, al intensificarse el calor, su tasa poblacional aumenta, por lo cual hoy vemos su efecto en gran número de frailejones, hecho que antes no podía detectarse.

Por otro lado, cabe la posibilidad de que los escarabajos, que también atacan la planta, transporten hongos como Collectotrichum y Fusarium que enferman a los frailejones. Es de resaltar que la afectación por estos organismos está asociada a condiciones de humedad y a alto contenido de materia orgánica.

Queda pendiente, además, avanzar en la descripción de otros síntomas de la afectación y establecer las distintas variables de su incremento para obtener datos que permitan concluir si existe o no una relación entre la afectación de los frailejones y la variabilidad climática.

Lo que se ha podido observar con certeza es el aumento del ataque de hongos en periodos secos, una vez finaliza la temporada de lluvias pronunciadas en el ecosistema de páramo. Quizá, el aumento de la temperatura y la variación térmica promuevan condiciones óptimas que favorecen la migración de estos herbívoros hacia ecosistemas más elevados, aspecto que podría confirmarse o no con una investigación a fondo.  “Por esto necesitamos visitar los frailejones en época de lluvia y seca porque, aparentemente, hay fluctuaciones dependiendo del momento climático del año: a mayor sequía más presencia de la polilla, mientras que con más lluvia aumenta el ataque de hongos y escarabajos”, comenta la profesora Varela.

Para los investigadores no hay lugar a dudas de la urgente necesidad de trabajar conjuntamente con las comunidades campesinas cercanas a las zonas de páramo para realizar pruebas de monitoreo, manejo y control de las especies sanas y afectadas; “aunque hemos sensibilizado a muchas de las personas de allí sobre lo que ocurre con los frailejones, no logramos que nos alerten de las afectaciones; en parte esto se debe a que los proyectos terminan y no hay manera de garantizar un seguimiento”, menciona la profesora Varela.

Un segundo e indispensable aliado son las autoridades ambientales e incluso la inversión privada, con la intención de garantizar recursos económicos, administrativos y científicos que destraben el amplio listado de investigaciones pendientes: “el Ministerio de Ambiente sabe del tema porque respondieron a la convocatoria para la conformación del Programa de Evaluación. De nueva cuenta, hacia finales de 2016, invitamos a la Dirección de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos para socializarles resultados de un proyecto desarrollado en Chingaza, con apoyo del Acueducto de Bogotá, pero manifestaron no poder asistir. Hasta ahora no han vuelto a comunicarse con nosotros, así que desconozco si en este momento están al tanto de la situación y hasta qué punto esta información se mantiene en la memoria de la entidad pues los funcionarios cambian en las dependencias de estas entidades”, puntualizó Varela. Cabe destacar que por parte de Parques Nacionales se ha recibido apoyo en investigación y monitoreo de afectaciones.

¿Del azar al desconcierto?

A la fecha existen reportes de afectaciones en páramos de las cordilleras oriental: Tamá, Pisba, Guasca, Guanentá; central: Los Nevados, Las Hermosas, Puracé, Nevado del Huila; y occidental: Frontino, sin que aún se confirme coincidencia entre los síntomas que presentan estos frailejones y los ya examinados en Chingaza, Cruz Verde, Sumapaz, Galeras y Cocuy.

En Colombia, la información ha sido suministrada por población local, técnicos y profesionales de las zonas mencionadas. En Venezuela se tienen algunos reportes no oficiales emitidos por diferentes instituciones, para el páramo de Piedras Blancas en el Estado de Mérida. La misma situación se presenta en Ecuador en el páramo El Ángel de la provincia de Carchi, para la especie Espeletia pycnophylla.

En Venezuela, los páramos ocupan 2405 km2 y se distribuyen en el occidente del país en varios complejos a lo largo de la cordillera de Mérida, la Sierra de Perijá y la Serranía del Tama, estos dos últimos complejos son compartidos con Colombia, en las últimas estribaciones de la cordillera Oriental.

Los problemas que se han detectado hasta la fecha involucran afectaciones por larvas posiblemente de polillas y hongos que atacan especies de frailejones endémicos, especialmente en las especies Coespeletia timotensis y Coespeletia spicata, dominantes en el páramo desértico, sobre los 4000 metros de elevación. Otras especies afectadas en menor medida son Espeletia schultzii, Espeletia semiglobulata, y Coespeletia moritziana.

El problema ha sido documentado en el páramo de Piedras Blancas, Parque Nacional Sierra de La Culata y en la cordillera de Mérida. Allí existen poblaciones con una proporción importante de individuos muertos en pie (entre 30 y 50 % en unas 10 ha de extensión). También hay evidencia de daños nuevos en hojas vivas, y ya reportados para hojas muertas adheridas al tronco de frailejones. Sin embargo, no existe información de otras localidades venezolanas que permitan evaluar la extensión espacial de la problemática en los páramos.    

Desde el punto de vista del investigador Luis Daniel Llambí, coordinador del Postgrado en Ecología Tropical y Profesor del Instituto de Ciencias Ambientales y Ecológicas de La Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, “estos problemas fitosanitarios actuales, al menos en la zona de Piedras Blancas, han aumentado marcadamente en los últimos años. Sin embargo, contamos con muy poca información para atribuir el aumento de este problema al cambio climático”. Dado que 2014 a 2016 fueron años particularmente secos en la cordillera de Mérida, es posible que la ocurrencia de años sucesivos de sequía esté asociada al aumento en las mortalidades. Lo interesante del caso en que ambos países coinciden con reportes de frailejones enfermos, con similares características de daño, y causados tanto por hongos como por larvas.   

Sobre la distribución de la afectación en Chingaza se muestrearon 2833 plantas de Espeletia argentea, Espeletiopsis corymbosa y Espeletia grandiflora. Para determinar una escala de daño se propusieron cuatro niveles: en el primero la severidad está en el rango de entre el 0 y el 25 %; en el segundo es del 26 al 50%; la escala 3 va del 51 al 75%, y la escala 4 abarca del 76 al 100%.

Los resultados obtenidos bajo esta escala demostraron que el número de plantas afectadas fue del 11 %, equivalentes a 315 plantas con daño pasado y actual; un 89 % de las plantas se encontraron sin daño alguno. De ese 11 % de plantas afectadas, el 90 % presentó daño leve; seguido por el daño nivel 2 (8 %); y finalmente daño nivel 3 (2 %). No se presentaron plantas con daño nivel 4.  

Para entender lo anterior, y al mismo tiempo lo inconveniente de los vacíos de información científica en un tema tan sensible, Luz Stella Fuentes, magister en Bilogía Aplicada y profesora asociada al Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales de la universidad Jorge Tadeo Lozano e integrante del equipo investigador de esta afectación, explica: “un nivel de incidencia del 8 % no puede explicar si nos enfrentamos a un grado alto o bajo, bueno o malo, porque faltan más estudios en el ecosistema de páramo; puede ser que este porcentaje en un ecosistema tan sensible sea de un valor considerable. Lo importante es continuar con un monitoreo para identificar si la tendencia aumenta o disminuye”.

En cuanto a qué tanto se vería comprometido el futuro del abastecimiento de agua, el grupo de trabajo simuló, por medio de un nebulizador, una neblina para mirar qué tanta cantidad de agua captaba una hoja enferma frente a una sana. El resultado confirmó que había una reducción en la capacidad de los frailejones para recoger el líquido.

La reducción de la recolección de agua de hojas con daño por depredación (herbivoría) es del 37 %; y con la malformación conocida como entorchamiento es del 29,7 %. Lo anterior indica que dejan de captarse 674 litros por hora (l/h) cuando el 32 % de las plantas tienen herbivoría, y 578 l/h cuando hay entorchamiento en el 35 % de estas.

Llamado de auxilio para continuar la investigación

A casi diez años e incluso más de conocer esta delicada afectación y sin aparentes prontas soluciones en el horizonte, Amanda Varela espera que los colombianos entiendan la magnitud de lo que está en juego: “tenemos limitaciones económicas, y cada vez que indagamos en el tema surgen nuevas preguntas, variables que nos sorprenden y a veces desconciertan. Por ahora, lo inmediato es confirmar si hay relación con el cambio climático, identificar el potencial de dispersión de la afectación, medir el impacto que esta situación pueda tener en la oferta hídrica y hacer propuestas de control o manejo”.

Según los estudios realizados hasta el momento es muy posible que la afectación, unida al calentamiento global y el promedio de la temperatura, tienda a incrementarse y afecte a más áreas. Los investigadores no descartan que tal fenómeno pueda presentarse en este preciso momento en otros páramos y especies de plantas; de hecho, hay reportes de la existencia de 88 especies de frailejones colombianos, en los cuales ya se reportan síntomas; sin embargo no hay certezas de que se trate de la misma afectación.

El calentamiento global y sus efectos en la variabilidad del clima demandan una intervención inminente pues como lo expresa la comunicación nacional, elaborada por el grupo de científicos del Programa para la Evaluación del Estado y Afectación de los Frailejones de los Páramos de los Andes del Norte, no todo puede dejarse en manos de los mecanismos naturales de regulación.

 

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El cuidado de un país anfibio

Nombrar al país como #ColombiaAnfibia es reconocer que nuestro territorio es también el agua que se acumula en las nubes, cae desde las montañas, fluye por sus quebradas, meandros y ríos, persiste en los morichales y lagunas, moja los esteros y acuíferos subterráneos y le da vida a los manglares antes de conectarse con los dos mares.

Los ecosistemas en los que se acumula el agua dulce temporal o permanentemente son los humedales. Estos cubren hasta el 26 % del país y determinan la dinámica de las especies que viven en ellos y de las que dependen del agua para sobrevivir, incluyendo, claramente, a nosotros como seres humanos.

 mapa humedalesMapa de humedales continentales e insulares de Colombia escala 1:100.000 Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt

Explora los mapas de humedales en #ReporteBIO

Para todos los colombianos, los humedales son imprescindibles en términos de alimento, sustento económico y experiencias culturales, pues de ellos sacamos animales para comer y plantas para elaborar artesanías; usamos el agua para regar los cultivos y darle de beber a los animales que criamos, y disfrutamos de su frescura para bañarnos o contemplar los reflejos de luz sobre sus ondulaciones.

Por lo tanto, el valor de los humedales está tanto en su riqueza natural, que involucra la biodiversidad y los flujos de agua, nutrientes y energía, como en los beneficios directos, indirectos y simbólicos que reciben las comunidades.

 rana
Eleutherodactylus johnstonei (Rana de lluvia o coquí)

 

Desde las costumbres y tradiciones de las culturas milenarias, hasta los más recientes desastres que hemos tenido que afrontar, también hemos descubierto que la naturaleza pulsátil de los humedales puede ocasionar la abundancia o la escasez del agua; en algunas temporadas aumenta y ocasiona inundaciones o en otras disminuye y produce sequías.

De esta manera, el buen manejo de los humedales permite afrontar estos cambios estacionales y climáticos para reducir los daños que se pueden ocasionar sobre los pobladores.

Seguimos aprendiendo en este sentido, especialmente frente a nuevos escenarios de mayores densidades de población humana y lugares altamente transformados como las ciudades, por lo que el 2017 fue proclamado como el año de humedales para la reducción del riesgo de desastres.

Escuche:
¿Cómo se puede incorporar el conocimiento sobre los humedales para poderlos gestionar apropiadamente y así prepararse para desastres o catástrofes naturales?

Entrevista a Lina M. Estupiñán y Úrsula Jaramillo

La importancia de estos ecosistemas, a nivel mundial, se celebra el 2 de febrero de cada año durante el Día Mundial de los Humedales. En esa misma fecha pero de 1971 se reunieron miembros de las Naciones Unidas para elaborar la Convención de Humedales en la ciudad costera iraní Ramsar.

El lugar de la reunión le da el nombre más conocido: Convención Ramsar. Esta tiene el objetivo conservar y usar sosteniblemente los humedales alrededor del mundo para el beneficio de la naturaleza y la humanidad.

En Colombia, recientemente la lista de humedales proclamados sitios Ramsar aumentó con dos nuevas adiciones: la Ciénaga de Ayapel en el departamento de Córdoba y Lagos de Tarapoto, el primer humedal Ramsar de la Amazonía colombiana.

La protección internacional de estos humedales es motivo de celebración, pues los humedales han sido altamente transformados y necesitan de distintas figuras de conservación y restauración para mantenerlos en estados saludables.

Se estima que el 24 % de los humedales del país ha sufrido algún tipo de cambio antrópico, y los de las regiones del Urabá, el piedemonte de la Orinoquía, la cuenca del río Sinú y La Mojana han sido los más afectados.

La ganadería y la agricultura son motores de cambio que han impactado fuertemente a los humedales, así como la contaminación de los cuerpos de agua con subproductos industriales y metales pesados.

Las amenazas a la salud de estos ecosistemas, junto con su importancia en términos ecológicos, económicos, sociales y culturales, hace que la conservación y la adecuada gestión de los humedales sea urgente.

El reto está en que la gran cantidad de humedales que existen en el país (48.000 registros de inventario nacional), que además deben ser manejados de forma diferencial según sus dinámicas propias, está en manos de distintas entidades que deben articularse para lograr una gestión que contemple los humedales como complejos conectados a pesar de encontrarse dentro de más de una jurisdicción.

 

Conoce más sobre #ColombiaAnfibia en nuestras publicaciones:
reporte.humboldt.org.co
http://www.humboldt.org.co/es/component/k2/item/802-colombiaanfibiav1
http://www.humboldt.org.co/es/component/k2/item/871-colombiaanfibiav2

 

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NASA apoyará con tecnología espacial monitoreo de biodiversidad colombiana

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Bogotá, D. C. 24 de enero de 2018

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- Tres proyectos para el monitoreo de la biodiversidad colombiana, propuestos conjuntamente desde el Instituto Humboldt e instituciones de EE.UU, fueron seleccionados en la última convocatoria de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) como apoyo al plan de trabajo del Grupo de Observaciones de la Tierra (GEO, por sus siglas en inglés).

- Las propuestas serán financiadas por la NASA durante los próximos tres años y, desarrolladas en colaboración con el American Museum of Natural History, el Instituto Max Plank y las universidades City of New York, Pace, Yale, Temple y Northern Arizona.

- La información resultante permitirá avances en el desarrollo de indicadores de estado y de degradación de ecosistemas, así como en el atlas nacional de la biodiversidad para la toma de decisiones, y en otros aspectos.

Se trata de iniciativas que integrarán las observaciones terrestres para la toma de decisiones en cuanto a la gestión y conservación de la biodiversidad colombiana, consolidarán una red nacional de observación de la diversidad biológica, y desarrollarán herramientas informáticas que formen mapas de distribución de especies y de estructura de hábitats a partir de imágenes satelitales, entre otras actividades.

La convocatoria buscaba proyectos que apoyaran la gestión de GEO, una red global de observaciones satelitales de la Tierra financiada por agencias espaciales como la NASA y ESA (European Space Agency), y cuyos enfoques de trabajo giraran en torno a temas relacionados con agricultura (seguridad alimentaria), clima, salud, biodiversidad, energía, desastres, desarrollo urbano e infraestructura.

Para este año, explica María Cecilia Londoño, investigadora del Instituto Humboldt y coinvestigadora de dos de las tres propuestas seleccionadas por la NASA, “todos los proyectos financiados para Colombia están enfocados en el área de biodiversidad”.

Los tres proyectos del Humboldt seleccionados por la NASA serán desarrollados en asocio con universidades norteamericanas, uno de los requisitos de la convocatoria. En el caso del indicador de degradación de ecosistemas que el Humboldt desarrollará colaborativamente, se utilizará información suministrada por un satélite de la NASA: GEDI (Global Ecosystem Dynamics Investigation, por sus siglas en inglés).

GEDI, inquilino de la Estación Espacial Internacional, registra imágenes terrestres para investigar sobre las dinámicas de los ecosistemas globales y, de esta manera, obtener información en cuanto a temas de degradación. Este satélite ha revolucionado el monitoreo de los bosques tropicales, pues a través de disparos de rayos láser hacia las copas de los árboles de nuestro planeta, toma mediciones a escala detallada de su altura y estructura interna.

El uso de esta tecnología traerá ventajas al país gracias a sus sensores activos capaces de traspasar nubes, condición particular en Colombia donde existen sitios de profusa nubosidad. Así pues, “las imágenes 3D de la vegetación nos permitirán, al apartar este obstáculo, obtener informes más completos de degradación en referencia a la topografía, disponibilidad de agua y temas de carbono asociado a los bosques”, según la investigadora Londoño.

En cuanto a la propuesta para la integración de observaciones de la Tierra en la toma de decisiones sobre la gestión y conservación de la biodiversidad colombiana, este proyecto desarrollará un sistema que facilitará la integración, proceso y análisis de información proveniente de sensores remotos (Earth observations) en una plataforma que sea insumo al momento de decidir de manera informada sobre la diversidad biológica nacional.

La información será integrada en cuatro módulos: uno sobre estado de conservación de la biodiversidad; otro relacionado a motores de cambio climático y humano en los ecosistemas; un tercero tiene que ver con los impactos futuros de cambio uso del suelo sobre la diversidad biológica; y, finalmente, la identificación de áreas prioritarias de evaluación y monitoreo.

De esta manera, el país será pionero en el uso y análisis de información de punta a nivel de sensores remotos o de satélites para temas relacionados con biodiversidad cuyos resultados tendrán incidencia directa en el territorio colombiano.

A su vez representará una oportunidad de visibilización para que agencias o instituciones internacionales conozcan la gestión del Humboldt y se animen a financiar, por ejemplo investigaciones de este nivel en Colombia, con mayores recursos. Al respecto opina Londoño: “esto nos da una posibilidad enorme en las redes internacionales de información y análisis espacial de diversidad biológica y ambiente que, por lo general, enfocan sus temas a monitoreo de cobertura (como el que realiza el Ideam), estudios de agua o de agricultura, pero que en cuanto al uso de contenidos satelitales aplicables en temas de biodiversidad todavía son débiles”.

Alrededor de 200 proyectos se presentaron en esta convocatoria para el desarrollo de procesos de investigación en temas de biodiversidad con el uso de tecnología de la NASA, y tres de los seleccionados este año tienen lugar en nuestro territorio con un socio colombiano (en este caso el Instituto Humboldt), “un hecho importante para el país” menciona la investigadora del Humboldt, “más por el prestigio científico de la NASA, conocida además por sus procesos rigurosos desde el punto de vista académico para la selección de propuestas en sus distintas convocatorias”.

En el caso del proyecto de creación de un software para evaluar indicadores de cambio de la biodiversidad, su coinvestigador Jorge Velásquez, del Instituto Humboldt, cuenta que “se pondrá a disposición de practicantes de conservación una caja de herramientas informáticas llamada Wallace (en honor al padre de la biogeografía, Alfred Rusell Wallace), la cual incorpora adelantos recientes en el modelamiento para el desarrollo de mapas de distribución de especies e indicadores del estado de la diversidad biológica, que se nutren del creciente flujo de datos disponibles en repositorios globales y nacionales (como el Acceso Libre y Gratuito a los Datos de Biodiversidad GBIF y el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia SiB) y de observaciones del sistema terrestre mediante satélites”.

Al ponerlo en marcha se espera, a nivel global, cerrar la brecha entre el creciente número de datos y métodos desarrollados por la comunidad científica, y la celeridad con que ocurren los procesos de cambio ambiental, “así facilitaremos a las agencias implementadoras de proyectos de conservación, un conjunto de herramientas de vanguardia y capacitación para medir y monitorear de forma más eficiente el estado de la biodiversidad y los procesos que las afectan”, sentencia Velásquez.

A nivel nacional, según el investigador, este proyecto permitirá avanzar en el desarrollo del atlas nacional de biodiversidad mediante la integración de software como Wallace y BioModelos, y de indicadores de estado y tendencia de la diversidad biológica a nivel de especies y comunidades facilitando, entre otras cosas, la evaluación de su riesgo de extinción.

Entre los demás proyectos internacionales elegidos por GEO NASA están aquellos orientados a la seguridad alimentaria y agricultura sostenible, redes de observación de la diversidad biológica, apoyo a comunidades indígenas en gestión territorial, vigilancia en salud, conservación de ecosistemas, gestión sostenible del agua, pronóstico e impacto de inundaciones súbitas, aumento de resiliencia energética, paisajes marinos, y otros.

Tras recibir retroalimentación, por parte de la NASA, el Humboldt trabaja desde ahora con las entidades estadounidenses para poner las propuestas en marcha hacia enero de 2018. La primera en dar inicio será la relacionada con el sistema de soporte para la toma de decisiones, la cual se realizará en asocio con la red PEACE (Plataforma para análisis ecológicos de los ecosistemas colombianos) conformada por académicos de las universidades Nacional de Colombia, de los Andes, del Rosario, Industrial de Santander, de Medellín, entre otras, quienes darán soporte a los análisis con el fin de elaborar síntesis de datos sobre biodiversidad.

Los resultados del desarrollo de los proyectos quedarán para uso y consulta pública. La idea, entonces, será diseñar un portal en el cual academia y autoridades ambientales accedan a la información de la NASA u otras organizaciones, se contraste con datos disponibles en la red institucional de referencia del Humboldt, se desarrollen análisis en sistemas de procesamiento de datos y luego se obtengan indicadores de biodiversidad.

De esta manera, “la parte académica podrá “jugar” con esas distintas variables y, sobre estas, obtener información específica. En el caso de las autoridades ambientales tendrán la posibilidad de hallar información específica para su jurisdicción y, en torno a ellas, conseguir respuesta. Así que diseñaremos un sistema con un tipo de análisis predeterminado para los tomadores de decisión en temas de degradación, de conservación, riesgo de pérdida de diversidad biológica, drivers de transformación y alternativas de respuesta para determinar áreas protegidas”, puntualiza Londoño.

 

 

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Detalles de la primera gran evaluación de biodiversidad en el río de la vida de Colombia

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Bogotá D.C, 19 de Enero de 2018 

 

Chucha                                                                           (Chucha) Didelphis marsupialis  Fotografía: Jorge E. García-Melo  

 

Espacio de migración para aves boreales, australes y neotropicales; hogar de jaguares, pumas, primates, dantas, delfines y peces ornamentales; también refugio de paso de fauna acuática en constante éxodo; territorio con la mayor riqueza de mamíferos del país, y la más amplia diversidad de especies de escarabajos coprófagos en el Escudo Guayanés; lugar con tres especies de plantas únicas en Colombia y el mundo; y punto geográfico con ocho nuevos registros de camarones y plantas.  Así es el río Bita, según la primera gran evaluación biológica de fauna y flora realizada por el Instituto Humboldt y la Fundación Omacha, con apoyo de la Gobernación del Vichada.

En esta primera “gran toma científica” del río Bita participaron más de 50 investigadores de universidades, institutos del Sistema Nacional Ambiental (Sina), organizaciones no gubernamentales y comunidades locales, quienes evaluaron la flora y fauna representada en esponjas, macroinvertebrados acuáticos, escarabajos coprófagos, cangrejos y camarones, peces, reptiles y anfibios, aves y mamíferos, durante época seca y lluviosa.

Los resultados compilados en la publicación Biodiversidad del río Bita demuestran la gran diversidad biológica de la cuenca: 424 especies de plantas, 3 de esponjas de agua dulce nunca antes estudiadas en Colombia, 34 de escarabajos coprófagos, al menos 87 de macroinvertebrados acuáticos, 11 de crustáceos decápodos entre camarones y cangrejos, 254 de peces, 19 de anfibios, 38 de reptiles, 201 de aves y 63 de mamíferos.

La investigación en uno de los ríos colombianos catalogados como de integridad ecológica primitiva hizo parte del proyecto Desarrollo de un marco conceptual, metodológico y operativo para el establecimiento de una figura innovadora de Río Protegido en el río Bita/departamento del Vichada, y cubrió un total de 200 kilómetros. 

El Bita, que se alimenta de más de 5000 quebradas y pequeños cauces que al confluir lo conforman, recorre 710 kilómetros de distancia desde su nacimiento en el municipio de La Primavera hasta su desembocadura en el río Orinoco.

Cabe destacar que esta zona geográfica se encuentra influenciada por el llamado Escudo Guayanés, una alineación geológica conformada por la Guayana Venezolana, la región norte de Brasil, Guyana, Surinam, Guayana Francesa y en la región amazónica, en el departamento de Guainía, creada hace cerca de doscientos millones de años después de la ruptura del súper continente Pangea.

En la actualidad, el Bita presenta ecosistemas con alto grado de conservación: comunidades vegetales de palma de moriche y bosques en las riberas en los que habitan dantas y venados; en sus aguas se encuentran pavones, peces “bandera” (emblema del Vichada), arawanas azules y sapuaras; también rayas, esponjas de agua dulce y la tortuga charapa, características que permiten considerar a este afluente como el río de la vida y el de mejor estado de conservación en la cuenca del Orinoco con un total del 95 % de coberturas naturales, 2,5 % en procesos agrícolas y forestales, y un 3% en áreas urbanizadas.

Aun así, la cuenca es objeto de distintas amenazas, a diferentes escalas. Al respecto, la publicación menciona que los riesgos están relacionados “con la minería y agricultura en los páramos, la tala y deforestación en el piedemonte (uno de los cuatro ecosistemas más amenazados en Colombia, según los estudios de la Lista Roja de Ecosistemas de Colombia), las explotaciones agrícolas y pecuarias en los Llanos Orientales y los megadesarrollos agrícolas planeados o en curso en las erróneamente denominadas “sabanas mal drenadas de la altillanura”, las cuales no son otra cosa que remanentes del Escudo Guayanés que afloran en nuestro territorio, asimilándolos ecológicamente con el Cerrado, región brasileña con la que comparte algunas características pero que de ninguna manera puede equipararse”.

 

Los sorprendentes hallazgos en el Bita

 

CiervoVich                                                                          (Venado) Odocoileus cariacou Fotografía: Estefanía Izquierdo.

 

Mamíferos. Se registraron 63 especies distribuidas en 11 órdenes, 22 familias, 12 subfamilias y 51 géneros. Murciélagos del orden Chiroptera aportaron el mayor número de especies (58,7 %), le siguen Carnivora (12,7 %), Rodentia (9,5 %), Didelphiomorphia, Pilosa y Artiodactyla.

En cuanto a primates, el porcentaje de presencia es de 3,2 %; las órdenes Cingulata, Perissodactyla, Cetacea y Lagomorpha presentaron el menor número de especies (1,6 %). La riqueza de especies de mamíferos reportada representa alrededor del 12,1 % de los mamíferos del territorio nacional.

En la cuenca del Bita, además, se identificaron especies claves, objetos potenciales de conservación, asociadas a ecosistemas acuáticos como el delfín rosado del Orinoco (Inia geoffrensis), la nutria gigante (Pteronura brasiliensis) y la neotropical (Lontra longicaudis), y otras asociadas a ecosistemas terrestres como el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor) y la danta (Tapirus terrestris) que permiten corroborar la importancia ecológica y funcional del río Bita dada la constante oferta de agua, alimento y refugio; además de funcionar como corredor biológico que garantiza las áreas mínimas requeridas para conservar poblaciones de estas especies.

La conservación de esta mastofauna depende de estrategias de manejo que mitiguen y ayuden a planificar las presiones de origen antrópico, actualmente representadas por el incremento de la agroindustria forestal con especies vegetales afines al fuego como el pino silvestre (Pinus silvestris), la acacia (Acacia mangium) y el eucalipto (Eucalyptus melliodora), y que aminoren los efectos causados por el cambio climático y los conflictos entre grandes felinos y la producción ganadera.

Flora. Fueron recolectados 1474 especímenes pertenecientes a 102 familias, 278 géneros y 424 especies. Se encontró 1 posible especie nueva de perama (Rubiaceae), 4 nuevos registros para el país: genlisea sanariapoana (Lamiaceae), sauvagesia (Ochnaceae), polygala microspora (Polygalaceae) y borreria pygmaea (Rubiaceae), y 3 endémicas para Colombia: euplassa saxicola (Proteaceae), henriettea goudotiana (Melastomataceae) y pepinia heliophila (Bromeliaceae), esta última categorizada como Vulnerable (VU) según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Esponjas. Se identificaron dos especies en la planicie inundable: metania reticulata y drulia uruguayensis (Metaniidae); asimismo, una especie no identificada (Metaniidae) restringida a las rocas sumergidas en el canal principal del río.

Cangrejos y camarones. Se colectaron 2756 ejemplares, de los cuales fueron identificados: 10 especies de camarones y 1 cangrejo. La riqueza de la zona es alta (11 especies), con respecto a estudios anteriores realizados en otras subcuencas del Orinoco. Por primera vez para el país fueron registradas 4 especies de camarones, 2 del género Pseudopalemom (P. gouldingi y P. nigramnis) y 2 del Macrobrachium (M. dierythrum y M. manningi).

Escarabajos coprófagos. Se identificaron 34 especies y 17 géneros, determinados a partir de una muestra de 6249 individuos. También, 7 especies obtuvieron alto valor de conservación de acuerdo a criterios de tamaño, distribución y funcionalidad. De acuerdo con esta evaluación, y comparado con los estudios previos, el río Bita es considerado como uno de los lugares con mayor diversidad de escarabajos coprófagos en el Escudo Guayanés colombiano.

Peces. Se registraron 254 especies, distribuidas en 42 familias y 13 órdenes. Los más diversos y abundantes son los characiformes y siluriformes. De la misma manera, fueron reportadas 25 especies migratorias, 100 ornamentales, 25 de importancia pesquera, 1 En peligro (EN) y 4 Vulnerables (VU) según criterios UICN.

Anfibios y reptiles. Fueron reportados 18 especies de anfibios y 38 de reptiles, los cuales identifican la importancia de los ecosistemas terrestres y acuáticos asociados al río Bita para la herpetofauna de la región.

Aves. Se registraron 201 especies de aves de 50 familias y 22 órdenes. De estas, 74 fueron en la época seca, 31 en la lluviosa y 96 en ambas. Hay reporte de 8 especies migratorias: 6 boreales, 1 austral y 1 que presenta migración neártico-tropical. Del total de especies, 22 no tenían reportes en esta zona del Vichada o están restringidas a regiones de la cuenca del río Bita, diferentes a las muestreadas.

Como conclusión, los resultados obtenidos demuestran que el Escudo Guayanés de la Orinoquia colombiana es mucho más diverso de lo pensado, y que cualquier intervención que se haga en él debe planearse de manera cuidadosa y responsable para no afectar la funcionalidad ecológica de sus ecosistemas.
En lo relacionado a flora y fauna silvestre, los datos generados servirán de insumo valioso para diseñar un plan de manejo de la cuenca e impulsar figuras de conservación y de toma de decisiones basadas en información científica que apoye, también, la construcción de indicadores de biodiversidad susceptibles de monitoreo a largo plazo.

Finalmente, la presencia de especies carismáticas, como los delfines de río, las nutrias, diferentes aves y peces como los pavones, permitirán consolidar procesos de turismo sostenible de naturaleza y fluvial que podrían constituir un importante aporte económico en la zona.

La publicación está disponible, ahora, para consulta y descarga gratuita aquí

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Biodiversidad del río Bita, Vichada, Colombia

Dentro del proyecto “Desarrollo de un marco conceptual, metodológico y operativo para el establecimiento de una figura innovadora de Río Protegido en el río Bita/Departamento del Vichada”, suscrito entre la Gobernación del Vichada y el Instituto Alexander von Humboldt (IAvH), se llevó a cabo un estudio entre la Fundación Omacha y el IAvH que incluyó una evaluación biológica rápida realizada en aguas bajas y altas, en cuatro ventanas de trabajo: Anakay, Mi Familia, La Florida y Rampa Vieja, ubicadas en la parte media y alta del Bita, con representatividad en los municipios de La Primavera y Puerto Carreño. En conjunto, las cuatro ventanas de trabajo cubrieron un tramo de aproximadamente 200 km lineales del río. La selección de estas áreas tuvo en cuenta varios criterios: 1-.Que incluyera una muestra representativa de ecosistemas terrestres y acuáticos. 2-. Que fueran representativos de la cuenca alta y media del río. 3-. Accesibilidad. 4-. Parches anchos de bosque de galería. El equipo de profesionales e investigadores locales incluyó 51 personas, que evaluaron la flora, esponjas, macroinvertebrados acuáticos, escarabajos coprófagos, crustáceos decápodos, peces, herpetofauna, aves y mamíferos. El trabajo de campo se realizó en dos períodos climáticos contrastantes: el primero entre el 13 y el 24 de febrero de 2016 (época seca), y el segundo del 26 de mayo al 5 de junio del 2016 (época de lluvias). En ambos muestreos se coordinó la logística previamente, y el ingreso de los investigadores se hizo por vía terrestre. Las embarcaciones y la instalación de los campamentos se hicieron con un equipo de avanzada.

 

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Libro Rojo de Peces Dulceacuícolas de Colombia (2012)

En el marco del Plan Operativo Anual (2010 – 2011 - 2012) del Programa de Biología de la Conservación y Uso de la Biodiversidad del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, se llevó a cabo la actualización del Libro Rojo de peces dulceacuícolas de Colombia o proceso de evaluación del riesgo de extinción y evolución del estado de conservación de las especies de peces dulceacuícolas, como también es conocido. Esta iniciativa se llevó a cabo con el aval del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial – MAVT (hoy Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible – MADS) y la participación del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, WWF Colombia, y la Universidad de Manizales. En este proceso contribuyeron más de 50 investigadores, vinculados a unas 30 instituciones académicas, gubernamentales y no gubernamentales.

 

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Crean completo listado de especies de peces de agua dulce para Colombia

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¡Que ninguna se nos escape!

Investigadores elaboran listado oficial de especies de peces de agua dulce de Colombia

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ACICTIOS (Asociación Colombiana de Ictiólogos) La red de expertos en peces mas grande del país, entre los que se encuentran científicos del Instituto Humboldt, elaboró la lista digital de referencia de las especies de peces de agua dulce de Colombia, para enfocar esfuerzos en su conservación y contrarrestar acciones que amenazan con disminuir la ictiofauna nacional.

El proceso, apoyado por Colciencias a través del Proyecto Colombia BIO y el SiB Colombia, incluyó una verificación exhaustiva del último listado de la ictiofauna colombiana de agua dulce correspondiente a 2008, la adición de nuevas especies, la exclusión de aquellas cuya presencia en Colombia no estaba soportada por especímenes en colecciones y una revisión de la distribución geográfica.

Como resultado, se determinó que Colombia ocupa el segundo lugar en riqueza de especies de peces de agua dulce, después de Brasil, con un total de 1494 (374 de ellas endémicas). De estas especies, 706 están en la región hidrográfica del Amazonas, 663 en el Orinoco, 223 en el Caribe, 220 en el Magdalena-Cauca y 130 en el Pacífico.

Por primera vez en Colombia, los ecosistemas de agua dulce atraen la atención del público, la academia y los tomadores de decisiones, quienes en la actualidad debaten distintas estrategias para su conservación y uso sostenible, y el de su biota.

Prueba de ello es la Lista de especies de peces de agua dulce de Colombia, a cargo de un equipo curatorial encargado del proceso de actualización, revisión y publicación periódica de datos a través del estándar Darwin Core (DwC) que facilita la gestión de datos biológicos.

El equipo de expertos de ACICTIOS encargado del proceso de renovación de la lista tomó como insumo el último listado de especies de peces de agua dulce de Colombia publicado en 2008; también, consultó artículos de investigación que describían nuevas especies y revisiones taxonómicas y sistemáticas de géneros y familias.

Además revisó especímenes de la Colección Zoológica de la Universidad del Tolima-Ictiología (CZUT-IC); del Instituto Humboldt que alberga, por ejemplo, ejemplares particulares de peces, como uno de los tipos del pequeño bagre endémico del altiplano Cundinoboyacense (Trichomycterus bogotensis), capturado en el barrio Chapinero de Bogotá en 1912, y del pez graso del Lago de Tota (Rhizosomichthys totae), la única especie dulceacuícola reportada extinta para Colombia desde la década de los 40; y recogió datos de los museos de Ciencias Naturales (IMCN) y Javeriano de Historia Natural (MPUJ).

Por ejemplo, gracias al proceso de validación individual de 1435 especies listadas en 2008, los expertos determinaron que 202 especies fueron inventariadas de manera incorrecta para Colombia, es decir casi un 15 % del total, con las serias implicaciones que esto trae para los instrumentos de gestión y conservación de la biodiversidad, basados en dicho inventario.

De igual manera, los investigadores corrigieron la distribución geográfica de otras 175 especies, un proceso de validación casi detectivesco, pues necesitó de un rastreo en todas las fuentes bibliográficas y de ejemplares disponibles en las colecciones ictiológicas nacionales, hasta determinar la identificación taxonómica correcta de los registros.

Los resultados logrados hasta el momento están disponibles de manera gratuita y abierta, a través del Sistema de información en Biodiversidad  de Colombia (SiB Colombia) y la Infraestructura Mundial de la Biodiversidad (GBIF), plataformas en las cuales se publicarán las futuras actualizaciones de la lista.

De esta manera, la depuración de datos realizada principalmente a nivel de especie, refuerza la importancia de las colecciones biológicas como repositorios del patrimonio de la biodiversidad y permite verificar las identificaciones de las muestras.

Asimismo, la actualización del listado es un requerimiento fundamental para asegurar su incorporación en el proceso de toma de decisiones en cuanto a la conservación de las especies y ecosistemas acuáticos colombianos, los cuales enfrentan procesos de transformación por causa de actividades mineras, construcción de plantas hidroeléctricas, expansión de la frontera agropecuaria y la consecuente desforestación, polución industrial y doméstica, desarrollo de hidrovías, introducción de especies exóticas y el cambio climático.

En el mismo sentido, el proyecto espera concluir el proceso de depuración de datos para todos los registros disponibles en las colecciones ictiológicas colombianas (alrededor de 75.000 en total) antes de diciembre de 2017.

Consulte el paper sobre este proyecto aquí.

Listado de especies de peces de agua dulce de Colombia

Listado de riqueza de peces de agua dulce de Colombia por especie

Listado de riqueza de peces de agua dulce de Colombia por zona hidrográfica

 

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Las 35 plantas exóticas con alto potencial de invasión en Colombia

 

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 Bogotá, D. C. 28 de septiembre de 2017

 

Naranja

Thunbergia alata. Foto Dairon Cardenas

 
  • Colombia ha registrado 597 especies de plantas introducidas o trasplantadas, identificadas en diversos biomas y sus ecosistemas.
  • Un análisis de riesgo de invasión realizado a 84 plantas confirmó alto riesgo para 42 de ellas.
  • Persisten vacíos de información en inventarios de algunas zonas del país, por lo que el número de especies exóticas podría ser mayor.
 

En la actualidad, las invasiones biológicas son consideradas como la segunda causa de pérdida de la biodiversidad en los ecosistemas terrestres, marinos y de agua dulce, y la primera en los territorios insulares.

En cuanto a plantas exóticas se refiere, estas representan uno de los grupos más amplios e intencionalmente introducidos en Colombia con fines productivos como especies medicinales, forrajeras u ornamentales.

Aunque es innegable la importancia económica de estas plantas, aún falta información específica acerca de los efectos de la introducción en el país; sin embargo, existen evidencias en otras regiones sobre su invasividad por lo cual se les ha evaluado como especies de alto riesgo.

Por tal razón, el Instituto Humboldt, desde su programa Ciencias de la Biodiversidad y la línea de Evaluación de Riesgo de Vida Silvestre, presenta la publicación Plantas exóticas con alto potencial de invasión en Colombia, desarrollada en colaboración con el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi).

El trabajo de investigación incluye 35 fichas de especies exóticas, identificadas por su potencial invasor, con información referente a su biología, ecología, impactos potenciales, distribución nacional y global.

De esta manera ofrece una herramienta que orienta la toma de decisiones relacionadas con la identificación de especies exóticas, al tiempo que fija la mirada en temas relevantes sobre la investigación y el manejo de las invasiones biológicas desde su diversidad funcional y el análisis de vías de introducción y dispersión en el país.

Las 35 plantas exóticas con alto potencial de invasión
Entre las plantas identificadas con alto potencial de invasión, según la publicación, están la palma africana; la acacia; el retamo espinoso y el liso; el eucalipto; el jengibre; el pino Caribe; la caña brava; el bambú; la grama; el ojo de poeta; el algodón de seda; la lenteja y la lechuga de agua; el helecho crespo, el de agua y el marranero; la higuerilla; la leucaena; la peste de agua; el buchón; la grama de gallina; la estrella africana; la braquiaria, el pasto elefante, el dulce, el poa, el guinea, el henea, el braquiaria y el puntero; la paca blanca; el yaraguá; la salvinia gigante.

Las más apetecidas por su valor económico
Entre las plantas introducidas a Colombia, por su alto interés económico, están la palma africana, la caña brava, el bambú, el kikuyo, la grama, el pasto estrella, la falsa poa, el pasto yaragua y guinea, el yaraguá, la caminadora, la braquiaria, la acacia, el higuerillo y la acacia glauca.

Las de mayor distribución
Las plantas invasoras con presencia registrada en los 32 departamentos de Colombia son el pasto guinea y la grama de gallina; en 30 zonas del país hay registros del pasto puntero y en 29 de la lechuga de agua.

Las zonas con más y menos información

Cundinamarca es el departamento con más registros (30 especies), seguido del Meta y Valle del Cauca (26 respectivamente), y Huila y Tolima (25). Las zonas del país con menos presencia de plantas con potencial de invasión son Guainía (5), San Andrés, Providencia y Santa Catalina (7), Atlántico y Sucre (8) y Guaviare (9).

En lo local, en los humedales se registra su presencia, asimismo municipios como Albán, Anolaima, Bojacá, Chocontá, Facatativá, Fómeque, Fusagasugá, Granada, Guaduas, Chía, Cogua, La Calera, La Mesa, Madrid, Mosquera, Nilo, Tabio, Tenjo, El Rosal, Cachipay, Chía, Pasca, San Bernardo, Sesquilé, Sibaté, Silvania, Soacha, Sopó, Suesca, Subachoque, Tena, Tocancipá, Villeta, Zipaquirá, Carmen de Carupa y Fúquene en Cundinamarca.

En los municipios boyacenses de Chivor, Guateque, Garagoa, Santamaría (vereda Calichana), Tenza, Ventaquemada, Villa de Leyva, Ramiquirí, Ciénaga, Duitama, Guicán, Sáchica, Samacá, Socha, Tota, Monguí y Paipa hay registros; también en Pasto, Puerres, Tangua y El Cumbal, en Nariño; Puerto Asís, Mocoa y Sibundoy, en Putumayo; Amagá, Medellín, Urrao, Rionegro, La Unión, Santa Rosa de Osos, Yolombó y Yarumal, en Antioquia; Barranquilla en Atlántico; Manizales, Chinchiná, la Violeta, La Siria, La Manuela, Palestina, Trinidad, Salamina, Pensilvania y Villa María, en Caldas; Popayán en Cauca; Montería, Cereté y Momil, en Córdoba; y San José del Guaviare en Guaviare.

Finalmente en Campoalegre, Hobo, Rivera, Algeciras, La Plata y Palermo, en el Huila; Cucutilla y Pamplona, en Norte de Santander; Armenia, Calarcá, Circasia, Finlandia y Salento, en Quindío; Pereira y Dosquebradas, en Risaralda; Cundinamarca, Gámbita, Tona y California, en Santander; Ortega en Tolima; Cali, Palmira, Restrepo, Tuluá y Roncésvalle, en el Valle del Cauca; Puerto Carreño y Cumaribo, en Vichada; Villavicencio, Puerto López, Puerto Gaitán y San Martín, en Meta; y San Vicente del Caguán, La Montañita y Belén de los Andaquíes, en el Caquetá.

Este trabajo colaborativo entre los institutos de investigación evidencia la priorización de la temática sobre la cual han contribuido desde 2008 con la generación de conocimiento en la toma de decisiones a escala local, regional y global.

También, es un aporte a la implementación de acciones nacionales como el Plan nacional para la prevención, control y manejo de las especies introducidas, trasplantadas e invasoras, y responde a los compromisos internacionales suscritos por el país, entre el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) que establece la identificación y priorización de las especies exóticas invasoras y sus vías de introducción hacia 2020.

 

 

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