Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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Avances y resultados de proyectos ganadores convocatoria Futuro y Biodiversidad



La exhibición Gigantes Extintos y las Rutas de bioconocimiento: protección de las plantas medicinales que caminan el territorio ancestral Nasa de Tierradentro, Cauca, fueron los proyectos ganadores de la convocatoria Futuro y Biodiversidad 2017 del Instituto Humboldt, que otorgó estímulos económicos por 10 millones de pesos para el desarrollo de iniciativas de tipo creativas/artísticas desde cualquier área del conocimiento, empírico o académico, para la reflexión en torno al futuro del patrimonio natural colombiano, la promoción de perspectivas innovadoras, y la aplicación de conceptos que involucraran a los ciudadanos en estos procesos. A continuación, presentamos los resultados y avances de ambas propuestas:


Un plan en vacaciones: conocer a los “Gigantes Extintos”




Foto: Cortesía Andrés Chaparro

Gigantes Extintos es la exhibición de 35 esculturas en cerámica, pinturas e ilustraciones de especies prehistóricas que habitaron Colombia y Suramérica, elaboradas por el artista bogotano Andrés Chaparro.

Entre las figuras que conforman la exhibición están animales temerarios por su tamaño y fuerza: el cocodrilo carnívoro más grande de la época del Mioceno; una tortuga gigante con un caparazón del tamaño de un mesa de ping-pong; la titanoboa, ejemplo espectacular de gigantismo en reptiles; pájaros apodados “aves del terror”; roedores enormes como un buey; o armadillos del porte de un automóvil pequeño.

La muestra hace parte de la oferta capitalina para la temporada de vacaciones, y todos los públicos pueden visitarla de manera gratuita del 13 al 27 de diciembre de 2018, en la Sala B de la Galería Crispeta, ubicada en la carrera 9 #61- 84, de lunes a sábado a partir de las 11:00 a.m. y hasta las 7:00 p.m.

El bestiario prehistórico que conforma la exhibición abarca 8 reptiles, 3 aves y 25 mamíferos, representados en modelos a escala que van desde titanes súpercarnívoros descomunales que tuvieron el tamaño de un bus de Transmilenio, cazadores letales que propinaban golpes como hachazos a sus presas utilizando largos picos, hasta herbívoros con colmillos de al menos un metro de largo, y otros, que aunque pesados, eran buenos trotadores en cortas distancias.

Entre los reptiles representados está la mayor especie de cocodrilos corredores terrestres, también carnívoros, y líderes de la cadena alimenticia; la familia de caimanes más grande hasta ahora conocida y que da indicios de la presencia de ecosistemas de ríos y humedales en la región amazónica, hace aproximadamente 15 millones de años; y serpientes con dos toneladas y media de peso y 13 metros de largo, que al igual que las constrictoras actuales, asfixiaban a sus presas enrollándose a su alrededor y ejerciendo una presión descomunal gracias a un cuerpo tan grueso como una ceiba.

Las figuras de aves incluyen pájaros terroríficos y corpulentos, que alcanzaban hasta dos metros y medio de altura, y surcaban los cielos aprovechando las corrientes de vientos provenientes del océano Atlántico sur, que chocaban con la entonces naciente cordillera de los Andes. Y en los mamíferos se destacan animales semejantes a los elefantes, rinocerontes e hipopótamos actuales; roedores que se presume llegaron hace cerca de 50 millones de años durante el período Oligoceno, flotando en balsas naturales de vegetación ¡Desde África!; tapires rechonchos de cabeza gacha, enormes colmillos, cuyo peso apoyaban en la totalidad de la planta de sus patas traseras; felinos dientes de sable que desangraban presas con una letal mordida en la garganta; marsupiales parecidos a demonios de Tasmania del tamaño de una hiena, capaces de triturar huesos, robar comida a otros animales, oportunistas y carroñeros; perezosos y lobos gigantes, entre otros.

El proceso para llegar a la exhibición tomó un año, comenzando con la investigación en la literatura científica de las especies prehistóricas y los biomas que habitaron, luego con la selección de los animales, el boceto de los diseños anatómicos, la producción de pinturas, la documentación de las fichas que acompañaban cada figura, para finalizar con la elaboración de las piezas en cerámica, con dos cocciones en horno a 1150 grados centígrados, y luego los acabados.

Como criterio para elegir las especies, Andrés Chaparro tuvo en cuenta muestrear la mayor cantidad de familias posible e individuos con pesos alrededor de los 200 kilogramos o superiores, y un rango temporal que iba desde el Paleoceno hasta el presente.

Respecto a su proyecto, el artista aclara que “a pesar de que muchas especies se conocen bien por sus restos esqueléticos, con el material orgánico (partes blandas y tejido) ocurre distinto porque no se conserva; por lo tanto, parte de las reconstrucciones tienen que basarse en la anatomía ósea y muscular de los animales; pero en lo relacionado a los acabados y aspectos finales, que tienen que ver con el paleo arte, hay buena parte de libertad creativa (especulación)”.

Aunque la intención fue resaltar las especies colombianas, también se representaron otras que si bien no habían sido registradas para el territorio nacional, sin duda alguna estuvieron presentes durante el Gran Intercambio Biótico Americano (GABI) o vivieron en el sur del continente en el período conocido como Mioceno. Sobresalen los fósiles animales hallados en Santander, la Formación de la Venta (desierto de la Tatacoa) y el Cerrejón (La Guajira), así como “infaltables” de la megafauna suramericana.


Protegiendo plantas medicinales del pueblo Nasa




Foto: Colectivo del Semillero de Investigación en Etnobiología SIE

Otra de las propuestas seleccionadas fue la presentada desde la Universidad del Cauca, por el Colectivo Semillero de Etnobiología, y titulada: Rutas de bioconocimiento: protección de las plantas medicinales que caminan el territorio ancestral Nasa de Tierradentro, Cauca, región prioritaria de posconflicto y sitio de paso obligado entre las selvas del Pacífico y la Amazonia colombiana.

Este proyecto de investigación se propone incentivar la creatividad, imaginación y sensibilidad con relación a la protección y siembra de las plantas medicinales y algunas espirituales de uso de los The´wala (médicos tradicionales), presentes en el territorio ancestral Nasa, del Resguardo San Andrés de Pisimbalá en Tierradentro.

Como resultado del desarrollo del proyecto se elaboró un mapa parlante (instrumento metodológico que recoge de forma gráfica la percepción de una comunidad sobre el territorio local para así fortalecer su identidad) que da cuenta de las rutas de las plantas, construcción de obras artísticas (cosmogramas, ilustraciones y prototipos de planos seriados) y la implementación de un jardín de bioconocimiento en el colegio Yuç Kwet Zuun.

En el proceso, se realizaron reuniones de socialización con el Cabildo Territorio Ancestral Resguardo Indígena de San Andrés de Pisimbalá – Wedx Yu- (Municipio de Inzá-Cauca), para acordar compromisos con las autoridades.

En reuniones con directivos de la Institución Yuç Kwet Zuun se buscó revitalizar el pensamiento Nasa desde la tulpa o fogón, y fortalecer la implementación del jardín de bioconocimiento en la Institución, a partir del trabajo que realizan en la huerta de plantas medicinales.

Hubo recorridos por los Tul - espacios de cultivo tradicional de plantas medicinales- de los The`Wala (médicos Nasa tradicionales), cuyas rutas fueron mapeadas con el fin de ubicar los elementos representativos del territorio (montañas, lagunas, sitios sagrados y universo cosmogónico) desde la perspectiva de los sabios y mayores, haciendo énfasis especial en los estilos propios de pintura., cosmogramas e ilustraciones.

Por medio de una limpieza espiritual y armonización con la madre tierra, basada en plantas medicinales en la montaña de sagrada El Tablón, se realizó una visualización del futuro de la biodiversidad en el territorio Nasa de Tierradentro, cuyos aspectos relevantes fueron plasmados en un boceto elaborado por los The ‘Walas.

A hoy se continúa en el proceso de construcción y montaje del mapa parlante que reúnen los saberes propios, en diálogo con los académicos, en cuanto a cómo ve el futuro de la biodiversidad el pueblo Nasa. Finalmente, la obra pictórica será socializada en asamblea y entregada, de manera oficial, al cabildo como evidencia y resultado de la experiencia.

El desarrollo de este proyecto, con enfoque participativo desde lo comunitario, ofrecerá a los involucrados una mirada amplia de lo ambiental, así mismo de la conservación de la biodiversidad, integrando la dimensión sagrada a la valoración que del territorio y de la naturaleza hace la cultura Nasa.

Gracias a la acogida en la primera convocatoria, en la cual se recibieron más de 50 propuestas provenientes de todo el país, y debido a todo el potencial creativo identificado, el Instituto Humboldt confirma que lanzará una nueva versión de estos estímulos económicos. Su comunicación y difusión será a través de la web y canales digitales institucionales. Les invitamos a permanecer atentos.
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Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad: Gestión de la biodiversidad en los procesos de cambio de uso de la tierra en el territorio colombiano

La transformación de los ecosistemas del territorio continental colombiano, su ocupación productiva y la persistencia de una confrontación armada interna atraviesan en la actualidad por un momento histórico crucial, que puede significar cambios profundos en la biodiversidad de los territorios. El inicio de la implementación del Acuerdo Final de paz entre el Gobierno Nacional y las Farc-EP, y la eventual firma de un acuerdo con el ELN, sumado a las grandes dinámicas económicas y sociales en un contexto de globalización, conllevan transformaciones que afectarán regiones reconocidas por sus altos valores de biodiversidad y su fragilidad ambiental, estimulando transiciones sociales y ecológicas que ya se comienzan a ver pero que solo se expresarán de manera contundente a mediano y largo plazo. En este documento se ponen en consideración estos procesos de cambio de la biodiversidad, algunos de ellos hoy acelerados, bajo el concepto de transiciones socioecológicas y que, gracias a una nueva generación de políticas y acciones de gestión de la biodiversidad, deberían estar orientados hacia la sostenibilidad.

 

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La resistencia de dos ranas colombianas frente a un asesino silencioso

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Bogotá, D.C. 20 de noviembre de 2018

 


Foto: Dendropsophus labialis | Crédito: Sandra Victoria Flechas


•  Preocupa la limitada información del impacto que tiene en la fauna colombiana la enfermedad quitridiomicosis, que es transmitida por el hongo microscópico Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), y ha sido catalogada por la ciencia como una de las principales causas actuales de extinción masiva.

•  Muestreos extensivos confirman la presencia del hongo en 43 localidades al occidente del país principalmente, e infecciones en 12 familias taxonómicas. Su presencia es una amenaza para las cerca de 814 especies de anfibios registradas en el territorio nacional.


•  Una posible solución a la crisis estaría en la auto inmunización de ciertas especies que limitan el crecimiento del patógeno a través de las células granulares de su piel y la producción de moléculas antimicrobianas.


¿Por qué razón especies enteras de anfibios en el mundo desaparecen a causa de una mortal infección, mientras otras conviven con ella sin consecuencias letales? ¿Su resistencia al contagio estaría en las mismas ranas que la hospedan, el medio ambiente que habitan o las características del agente transmisor? La respuesta definitiva aún es un misterio que la ciencia intenta resolver, pero Colombia se une al reto y avanza en investigaciones al respecto añadiendo piezas a este rompecabezas inconcluso.

Un equipo de expertos compuesto por colombianos y estadounidenses descubrió que dos ranas de los Andes colombianos, que comparten el mismo hábitat de reproducción, conviven con el hongo Batrachochytrium dendrobatidis (Bd) sin presentar registro de disminuciones de sus poblaciones o signos clínicos, demostrando una asombrosa tolerancia y coexistencia con el hongo, considerándose portadoras asintomáticas. ¿La razón? Comunidades de bacterias presentes en su piel que las han hecho inmunes y resistentes como una armadura.


Foto: Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), visto al microscopio | Crédito: Sandra Victoria Flechas, Edgar Medina

Los resultados del estudio, liderado por Vicky Flechas, investigadora adjunta en las Colecciones Biológicas del Instituto Humboldt, fueron compilados en The ISME Journal, revista especializada en todas las áreas de la ecología microbiana.

Se trata de las ranas sabanera (Dendropsophus labialis) y cohete (Rheobates palmatus), las cuales cuentan con una alta presencia de Bd en individuos juveniles de las dos especies, y cuyas intensidades de infección se han mantenido bajas debido, probablemente, a dos mecanismos de defensa presentes en la piel: microbios y moléculas formadas tras la unión de varios aminoácidos (o péptidos) capaces de inhibir el crecimiento o eliminar el hongo, y que en el caso de los adultos fueron proporcionalmente más abundantes que en las etapas anteriores a su desarrollo.

Respecto al estudio, Vicky Flechas comenta: “algo que no se había probado experimentalmente era cómo los péptidos antimicrobianos que secretan las ranas a través de las glándulas de su piel ayudaban a estructurar comunidades de bacterias. Nosotros esperábamos encontrar que estas moléculas mataran gran parte de las bacterias, pero descubrimos que, por el contrario, promovían su crecimiento”.

En sus páginas, el análisis destaca las asociaciones íntimas que todos los organismos vivos establecen con microbios para juntos convertirse en una unidad de selección natural. De esta manera, los macroorganismos ofrecen microhábitats para que se instalen complejas comunidades microbianas que influyen en el estado de salud de sus anfitriones, a través de interacciones mutualistas o parasitarias.

Los microorganismos juegan un papel importante en muchos procesos, por ejemplo, en la transformación, captación de nutrientes y defensa contra patógenos; y también en la predisposición a diferentes enfermedades.

En consecuencia, una mejor comprensión de estos seres diminutos (solo visibles al lente del microscopio), su dinámica y los factores que determinan el establecimiento y estructura de la amalgama bacteriana podrían conducir a estrategias de control de una gran variedad de enfermedades, entre ellas quitridiomicosis.

El experimento

En el laboratorio se realizó una serie de análisis en los que se enfrentó a las bacterias de la piel de las ranas con el hongo mortal. Para esto, fueron tomadas muestras de 24 individuos, se aislaron las bacterias y se probaron 159 tipos morfológicos de organismos contra el Bd, encontrando que una alta proporción de las bacterias (aproximadamente el 80 %) presentó resistencia al patógeno. 

A lo largo de las etapas de la vida, el más alto número de bacterias anti-Bd se encontró en 31 renacuajos de la rana cohete, seguido de 21 en adultos y 15 en juveniles. Para la rana sabanera, fueron detectadas 21 en adultos, 12 en renacuajos y 8 en adultos juveniles.

En contexto: una plaga con apetito insaciable

Entre las enfermedades consideradas hoy como la principal causa de la crisis de conservación mundial de anfibios está la quitridiomicosis, transmitida por el hongo microscópico antiguo y acuático Bd que ha exterminado más de 200 especies. Este microbio devora las proteínas de la piel porosa de los anfibios, un órgano vital en su respiración, hasta llevarlos a la muerte en cuestión de días, debido a un paro cardiaco.
 
Los antecedentes de dónde y cuándo apareció “el peor patógeno del mundo” (considerado así por expertos en su estudio debido al impacto negativo sobre la biodiversidad) apuntan a la península de Corea, durante la década del 50 y por actividades humanas, entre ellas el comercio de especies no regulado, el cual es capaz de desatar, de forma involuntaria, catástrofes ecológicas mundiales.

En Colombia, uno de los países con mayor número de especies de anfibios en el mundo, la información sobre la presencia de este patógeno era bastante limitada hasta hace algunos años. Eran desconocidos, entre otros aspectos, su distribución y las especies infectadas. Por tal motivo, y a partir de 2007, se iniciaron los muestreos respectivos que, hasta el día de hoy, resultan insuficientes: “es extremadamente preocupante que la información sobre la presencia de enfermedades infecciosas emergentes, incluyendo la quitridiomicosis y su impacto sobre la fauna Colombiana, todavía sea tan limitada”, menciona Flechas al respecto.

Y su preocupación no es para menos. Las especies de anfibios siguen siendo afectadas por Bd en casi todos los continentes, y muestreos extensivos en Colombia confirman presencia del hongo en 43 localidades al occidente del país, principalmente, e infecciones en 12 familias taxonómicas. Su presencia es una amenaza para las cerca de 814 especies de anfibios registradas en el territorio nacional.

¿La solución a la vista?

Una de las estrategias más prometedoras para el tratamiento de animales infectados y la prevención de disminución de comunidades de anfibios por causa de Bd, se desarrollaría a través del uso de microorganismos que potenciarían el sistema inmunológico y que podrían, además, ser usados como probióticos que permitirían caracterizar y estudiar poblaciones de bacterias y microcosmos, asimismo su capacidad de colonizar la piel de las especies infectadas y limitar así el crecimiento del patógeno.

Adicionalmente, otros estudios han demostrado que las moléculas formadas tras la unión de varios aminoácidos de un amplio rango de especies de anfibios inhiben el crecimiento de Bd bajo condiciones de laboratorio, por lo cual una probable respuesta a la crisis se daría mediante la composición de estas moléculas de defensa de la piel, las cuales determinarían si los animales pueden o no resistir la quitridiomicosis en condiciones naturales.

Por ahora, esta investigación colombiana sugiere un enfoque más integral para comprender mejor las consecuencias que la enfermedad puede tener en diversas especies y ambientes, y de esta manera informar sobre posibles esfuerzos de mitigación.

Mientras tanto, se adelantan estudios a especímenes depositados en las Colecciones Biológicas del Instituto Humboldt, en Villa de Leyva, recolectadas en las décadas del 70, 80 y 90 con el fin de intentar determinar cuándo llegó el hongo y cuándo estalló la epidemia en el país.

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Atlas de páramos de Colombia

Este atlas presenta una recopilación y exposición de la información disponible sobre páramos en Colombia, con el propósito de contribuir a la elaboración a corto plazo de una línea base completa sobre estos ecosistemas para avanzar en los planes de manejo de páramos. La información correspondiente a las zonas de páramos en Colombia que conforman este atlas, se expone en fichas descriptivas, cada una de ellas acompañada de un mapa y fotografías. De esta manera las fichas ilustran la ubicación, las características y las acciones relacionadas con la conservación en cada una de las zonas de páramo que se incluyeron. El atlas también contiene consideraciones acerca de las problemáticas generales que se relacionan con el estudio y las condiciones actuales de los páramos en el territorio nacional, así como datos sobre las medidas y la normatividad que se vincula con las zonas donde se presentan estos ecosistemas.

 

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Con Huella Viva, familias del oriente antioqueño demuestran que es posible convivir con felinos




•  Huella Viva promueve la conservación de la naturaleza para el bienestar de las comunidades locales a partir de la gestión integral del territorio en las cuencas Samaná Norte, Cocorná y Nare en el área del Magdalena Medio antioqueño.

•  El proyecto es una iniciativa público – privada de la Fundación Grupo Argos, Cementos Argos, Celsia, la Fundación Amazonas y la Corporación Autónoma Regional de las cuencas de los ríos Negro y Nare (Cornare) como aliados y es desarrollado en su primera fase por el Instituto Humboldt.

El proyecto Huella Viva, que promueve la conservación de la naturaleza para el bienestar de las comunidades locales a partir de la gestión integral del territorio en las cuencas Samaná Norte, Cocorná y Nare en el área del Magdalena Medio Antioqueño, en su primera fase hizo posible que cinco familias del oriente antioqueño implementaran en sus fincas estrategias para adaptarse al conflicto generado entre humanos y felinos por depredación de animales.

Esta primera fase contempló la caracterización de áreas de interés, la concertación con actores locales del territorio, la implementación de acciones hacia la conservación y la producción sostenible en fincas piloto en las cuencas Samaná Norte y Río Claro (tres de ellas en el municipio de San Luis, una en el municipio de San Francisco y otra más en el municipio de Puerto Triunfo). Asimismo, se desarrollaron estrategias para la adaptación al conflicto humano-felino, demostrando que la convivencia entre ambos actores es posible. Es así como Huella Viva contribuirá al incremento de la conectividad de coberturas boscosas y el bienestar y la diversificación de la economía familiar.

Las estrategias consistieron en la puesta en marcha de técnicas de ahuyentamiento (mezcla de emisión de luz con simulación de movimiento para apartar al posible depredador de animales domésticos); de mitigación (infraestructura que evitan la depredación por grandes felinos); y modelos integrados de producción para la restauración de áreas degradadas (huertas orgánicas, colmenas de abejas nativas, agricultura con árboles frutales y forestales, sistemas silvopastoriles, ganadería regenerativa y turismo de naturaleza).

Dado que las fincas piloto de este proyecto abarcan diversos contextos socioeconómicos, desde minifundios hasta latifundios, las actividades de adaptación desarrolladas respondieron a tales contextos. A la fecha, y posterior a la implementación de las estrategias en los predios, no se han presentado nuevos eventos de depredación a animales domésticos en la zona de influencia de Huella Viva.

En el desarrollo de este proyecto se proponen tres ejes de trabajo: el mantenimiento de los servicios ecosistémicos de regulación hídrica en las cuencas Samaná Norte, Cocorná y Nare; la conservación de la biodiversidad usando al jaguar y al puma como especies sombrilla (o aquellas que al ser protegidas, cuidan de forma indirecta muchas otras que componen la comunidad de su hábitat); y el desarrollo sostenible a través de modelos productivos que mejoren de la calidad de vida de las familias y la defensa ambiental.

El proyecto continúa en una fase II en donde se extenderán el número de acuerdos de conservación con las comunidades para un uso sostenible de la naturaleza, la protección de las cuencas y la conservación de los felinos.

Huella Viva es una iniciativa público–privada de la Fundación Grupo Argos, Cementos Argos, Celsia, la Fundación Amazonas y la Corporación Autónoma Regional de las cuencas de los ríos Negro y Nare (Cornare) como aliados, y es desarrollado, en su primera fase, por el Instituto Humboldt.

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Crónicas de la resiliencia

LA TIERRA ES UN LUGAR INHÓSPITO PARA LOS HUMANOS Y LAS OTRAS ESPECIES QUE AÚN EXISTEN. El aumento constante de la temperatura global, fruto de los desmanes de la sociedad consumista y petrojunkie (adicta al petróleo) que surgió tras la Revolución Industrial y que llegó a su cúspide durante los siglos XX y XXI, ha provocado eventos sin precedentes en la historia de la humanidad: el derretimiento de las capas de hielo en los polos, el aumento de los niveles de los océanos hasta inundar buena parte de las ciudades costeras, el desplazamiento de más de 1.400 millones de personas, el derrumbe y desaparición de muchos ecosistemas y sociedades, y la extinción del grueso de la biodiversidad marina y terrestre a nivel planetario. La conjunción de estos eventos ha propiciado la aparición de amenazas a la existencia de todo ser vivo que escapan completamente del control humano y que han diezmado la población mundial.

Escondido en el Caribe colombiano, en la antigua y compleja red de humedales de la Depresión Momposina, se encuentra un mar interior en formación. Allí sobrevive un enclave construido por los últimos remanentes de las civilizaciones de la Tierra: Aguamarina. Los humanos que allí se agrupan han logrado sobreponerse a los retos de vivir en un mundo cada vez más inhóspito gracias a que entre ellos se cuentan algunos pocos miles de científicos, diseñadores, creadores, constructores y profundos observadores de la antigua y nueva naturaleza. Ellos han desarrollado, en buena medida gracias a las investigaciones de la pionera Rosalinda Stelis, una nueva capacidad: la bioconectividad.

Fruto de una mezcla de avances tecnológicos y cognitivos, esta capacidad les permite «conectarse» con el código genético de animales y plantas, y, con ello, acceder a una nueva dimensión sintiente de los mismos. Como resultado, han tomado la biomímesis, un campo de conocimiento que accede a la inteligencia biológica gestada durante 3.800 millones de años de evolución, y la han llevado a niveles insospechados. La bioconectividad les ha permitido crear condiciones favorables para la vida innovando en su tecnología, su agricultura, su manejo del agua, su transporte, su matriz energética, sus vestimentas y su arquitectura hasta convertir la biomímesis en su modo de vida. Es así como han construido Aguamarina. Los científicos, además, han descubierto la biovisualización, fruto del trabajo de los investigadores Ceiba Stelis —hijo de Rosalinda—, su esposa Aurora Mydas, y Otus Marko, actual líder del enclave. Esta disciplina consiste en recorrer la memoria contenida en los códigos genéticos de ciertas especies para visualizar el mundo en otros tiempos históricos. En esencia, esta técnica permite ver el mundo a través de los ojos de ciertos animales o seres vivientes. Esto les ha dado la facultad de ver realidades de otras épocas y aprender de humanos, animales, plantas, organismos y ecosistemas que, en contextos distintos, han superado las adversidades y han salido adelante, atesorando, así, un sinnúmero de lecciones de resiliencia.

Aunque estos logros les permitieron a los científicos de Aguamarina prolongar la existencia de la especie humana y buscar maneras de mitigar las hostiles situaciones ambientales del momento, el daño ejercido sobre el planeta ha demostrado ser irreversible. Hasta el punto en que el reciente colapso del permafrost polar (suelo helado que sella los grandes depósitos de metano y carbono) y las consiguientes expulsiones masivas de gas metano amenazan con erradicar lo poco que queda de la humanidad en cuestión de unas pocas semanas (aunque algunos análisis alarmistas apuntan a que solo quedan días).

Todavía no hay certeza, pues nunca antes se había vivido una amenaza de este nivel. A medida que el peligro crece, la tensión entre los habitantes de Aguamarina y el temor que los invade son cada vez más evidentes.

 

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En marcha Evaluación Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos de Colombia

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Bogotá, D.C. 31 de octubre de 2018

 


Foto: Felipe Villegas, Instituto Humboldt


•  La Evaluación Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos permitirá contar con información estratégica sobre el estado y las tendencias de la biodiversidad y servicios ecosistémicos ligados con el bienestar humano.

•  El análisis de la información se enfocará en los ecosistemas terrestres, de agua dulce, costeros, marinos e insulares del territorio nacional colombiano.

•  En su desarrollo participan 63 expertos de múltiples disciplinas y regiones, provenientes de la academia, institutos de investigación del Sistema Nacional Ambiental (Sina), autoridades ambientales, fundaciones, organizaciones no gubernamentales y representantes de comunidades locales, buscando un balance interdisciplinar y resaltando el diálogo de saberes.


La Evaluación sigue lineamientos de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), la cual plantea que la naturaleza, abordada desde los diferentes sistemas de conocimiento, contribuye al bienestar de la sociedad.

A través de ocho capítulos, la Evaluación promueve, en primer lugar, la construcción de un mejor conocimiento al examinar el estado actual, tendencias y escenarios futuros de la biodiversidad, su influencia en la economía y el bienestar de la población.

En segundo lugar, incluye los diversos sistemas de conocimiento; los impulsores de cambios actuales y potenciales en la diversidad biológica; los impactos vigentes y futuros de políticas y sistemas de gobernanza sobre las contribuciones de la naturaleza para la sociedad; y los vacíos de conocimiento que debe priorizar el país.

Y en tercer y último lugar, facilita la incorporación de la diversidad biológica en las principales actividades, en distintos niveles administrativos y políticos, asignándole un lugar prioritario en los programas de enseñanza, salud pública, medio ambiente, crecimiento económico y políticas de desarrollo. Todo con el fin de brindar los mejores insumos posibles a quienes toman las decisiones.

Por otra parte, los mensajes clave producto de la Evaluación resaltarán las proyecciones de la gestión sostenible de la biodiversidad a 2030, las cuales sustentarán las políticas de innovación y desarrollo bioeconómico, lo que le permitirá al país un manejo apropiado de sus ecosistemas dentro de un esquema que combine la conservación y el crecimiento.

La inclusión será un factor fundamental en esta valoración, pues encaminará a la nación hacia el desarrollo de una cultura y civilización desde un territorio biodiverso como lo es el colombiano. En lo referente a las conclusiones del proceso, estas enviarán señales de alerta regionales, en lo posible, y ofrecerán un panorama del país y un análisis del aporte de la Evaluación a las grandes metas e indicadores globales de conservación, asimismo fortalezas y vacíos frente al logro de las mismas.
 
Para garantizar la confiabilidad de los resultados, la Evaluación Nacional está soportada en cuatro pilares fundamentales: la credibilidad, entendida como la transparencia durante el proceso de desarrollo, por lo cual se han vinculado expertos del más alto nivel. La independencia, que garantiza un diálogo de saberes con representantes de comunidades indígenas, campesinas, raizales y afrodescendientes con el fin de incluir sus conocimientos y de esta manera obtener una visión y comprensión más amplia del territorio colombiano. La legitimidad, gracias al soporte institucional de las Naciones Unidas desde sus organizaciones para la Alimentación (FAO), y la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco); y los programas para el Desarrollo (PNUD) y el Medio Ambiente (PNUMA). La relevancia, que la hacen una herramienta útil en la gestión y uso sostenible de la biodiversidad y de los beneficios que de ella obtiene la sociedad.

La Evaluación Nacional de Biodiversidad se publicará en 2020. Sus resultados permitirán a la sociedad colombiana reconocer de dónde venimos, según el estado y las tendencias actuales de la biodiversidad ligados con el bienestar humano, y hacia dónde vamos en términos de trayectorias de cambio y de escenario futuros posibles.

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Se crea alianza para proteger la conectividad ambiental y social del Caribe

• Cinco instituciones se unen con representantes del sector privado para proteger el flujo de la diversidad entre la Cuenca Canal del Dique y los Montes de María.

• Proteger la conectividad entre ambas regiones garantiza el mantenimiento y el equilibrio en la oferta de agua y conservación de biodiversidad, entre otros beneficios.

• El cuidado ambiental y la competitividad empresarial convergen en un mismo objetivo: la gestión ambiental y territorial de áreas protegidas que, de perder su conectividad, se verían gravemente afectadas y con ellas la sostenibilidad de la región.



Cartagena, 25 de octubre de 2018. La alianza ‘Biodiversidad y Desarrollo por el Caribe’ está conformada por Parques Nacionales Naturales de Colombia, el Instituto Alexander von Humboldt, Conexión BioCaribe (de la FAO), el Programa Riqueza Natural (de USAID), el Programa Conexión Jaguar y la ANDI, con las empresas afiliadas Isa, Isa Intercolombia, Promigas y la Sociedad Portuaria El Cayao (SPEC LNG).

El principal objetivo de este pacto es fomentar la conectividad entre la Cuenca Canal del Dique y Montes de María (Santuario de Fauna y Flora Corchal Mono Hernández, Santuario de Fauna y Flora Los Colorados y Reserva Forestal Protectora Serranía de Coraza), zonas ubicadas en los departamentos de Bolívar y Sucre, respectivamente. Se trata un acuerdo que respalda el trabajo institucional adelantado por Cardique y Carsucre en la región.

Preservar la conectividad entre ambas regiones y concentrar los esfuerzos de las entidades y empresas vinculadas a esta alianza permite que se lleve a cabo una inversión ambiental estratégica y con resultados a largo plazo en estos territorios, entre los que se destacan el mantenimiento y el equilibrio de la oferta de recurso hídrico, la conservación de la biodiversidad y el control de sedimentación que afecta al Mamonal, uno de los sectores industriales más importantes del Caribe.

De esta forma, el cuidado ambiental y la competitividad empresarial convergen en un mismo objetivo: la gestión ambiental y territorial de 26 Reservas Naturales de la Sociedad Civil, que en conjunto integrarán cerca de 1.000 hectáreas; que, de perder su conectividad, se verían gravemente afectadas.

Otros aportes del acuerdo son el soporte a la gestión efectiva de las áreas protegidas nacionales del Caribe presentes en esta conectividad, a través de procesos de saneamiento y restauración; apoyo con medidas de manejo para la gestión efectiva de la Reserva Forestal Protectora de la Serranía de Coraza en Sucre, en cerca de 6.700 hectáreas de bosque seco tropical, y escenarios de monitoreo para mejorar la toma de decisiones de instituciones y empresas en la zona.

Cabe anotar que esta iniciativa es parte integral de la plataforma de competitividad de la ANDI Ciudad Caribe Colombia.

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Cacao vivo


23/10/2018 

Opinión 

Por Brigitte Baptiste 

Directora general Instituto Humboldt 


Uno de los productos más interesantes de la América ecuatorial, el cacao, ha sido elevado recientemente a la categoría de “cultivo de la paz” en Colombia, debido a que la demanda global de chocolate sigue creciendo y existen muchas amenazas a la producción, la mayoría derivadas de las limitaciones con las que hemos abordado su manejo con la miopía propia del énfasis rentístico.

La crisis del cacao se origina en la incapacidad de entender su identidad biológica con una perspectiva ecosistémica, lo que ha llevado al agotamiento genético de los cultivos, al incremento de su vulnerabilidad a hongos y plagas, y a la escasa productividad comparada con su potencial: ni siquiera estamos seguros de qué organismo poliniza sus flores.

Nos enfrentamos a uno de muchos casos en los que la agricultura tropical requiere una revolución, una que sea capaz de valorar además las razones por las cuales el conocimiento ancestral de los pueblos amerindios insistía en manejar el ecosistema, no los cultivos. La simplificación y parcelación disciplinaria de la investigación propia de la modernidad, que en muchas facultades de agronomía en Colombia implica aún una formación convencional, es una parte del problema: no hay capacidad de construir modelos integrados del funcionamiento de los agroecosistemas y las normas no ayudan. Aún hablamos de conservación de la biodiversidad como un acto independiente de la producción y eso está causando profundo daño en la construcción de territorios sostenibles, sometidos a la idea de “delimitaciones ecológicas” que arriesgan distorsionar aún más la escasa capacidad de gestión ambiental del país.

El cacao es un árbol maravilloso que requiere más ecología que revolución verde y si bien hay que resolver los cuellos de botella de los cultivadores actuales, ese no es el camino para garantizar el chocolate del futuro. Por eso, la perspectiva de la última expedición del programa Colombia BIO, hecha por Agrosavia y el Instituto Sinchi con apoyo de Colciencias, también con financiación de la cooperación británica (GROW Colombia) abre innumerables posibilidades para que ese cacao del futuro realmente sea parte de una revolución en sostenibilidad, algo que en otros gremios se cocina pero no acaba de cuajar.

Hace 20 años impulsábamos una ecología del café basada en la biodiversidad de las regiones donde se cultivaba, un mecanismo para integrar aún más una especie emblemática (aunque introducida) de la cultura colombiana y una alternativa a la crisis recurrente de los mercados internacionales. Algo se avanzó, pero es obvio que la palabra “revolución” no hizo parte de esas proyecciones, a duras penas reconocemos los cafés especiales basados en conservación como alternativa de mercadeo.

Pueda ser que la fruticultura, la palma de aceite o incluso la ganadería colombiana sean más sensibles a este reto que entiende la competitividad como un resultado de una perspectiva integral de gestión del desarrollo rural, basada en las contribuciones de la naturaleza al bienestar, es decir, en los servicios de los ecosistemas. Si los dioses de la cultura azteca eligieron el chocolate como su ambrosía, por algo sería, pero es probablemente en Colombia donde se abre el espacio de resignificación de su producción con base en la genética chocoana y amazónica y las particularidades de su entorno biológico. Si tenemos éxito, habrá chocolate para los tiempos difíciles del cambio climático…

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