Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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¡Naturalista de pura cepa!

Cuando uno siente pasión por algo está manifestando una emoción muy intensa, un apego fuerte y duradero. En el caso de Andrés, quién lleva más de cuarenta años persiguiendo salamandras, serpientes y ranas, la pasión que siente por estos animales ha sido tan duradera como su vida misma. Este investigador, que trabaja como curador de la colección biológica de herpetología del Instituto Humboldt, tiene como centro de operaciones el Claustro de San Agustín, nuestra sede en Villa de Leyva (Boyacá).

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Estos niños, maravillados ante la explicación que Andrés Rymel Acosta realiza sobre el animal que tiene en sus manos, observan atentamente el trabajo que nuestro investigador realiza en campo. El lugar escogido, La Cocha (Nariño). Fotografía: Federico Pardo.
 

Las colecciones biológicas almacenan animales, plantas y otros organismos con el objetivo de que estudiantes e investigadores puedan acceder fácilmente a especímenes colectados en diferentes lugares y tiempos. Andrés tiene la fortuna de seguirse maravillando día tras día con la riqueza natural de nuestro territorio, ya que al ser el curador de la colección de herpetología, es el encargado de recibir, catalogar, organizar y mantener en buen estado a los reptiles y anfibios que entran a hacer parte de la colección de la cual es responsable. Este herpetólogo, que tiene información de primera mano sobre la biodiversidad colombiana, puede afirmar con seguridad que todavía se están encontrando nuevas especies de anfibios y reptiles y tiene la firme convicción de que aún falta conocer más de la mitad.

Pero, ¿dónde nació esa pasión que lo caracteriza? Desde los cuatro años, en el barrio Niza-Córdoba de Bogotá, Andrés cogía ranas de las charcas del vecindario y se las llevaba para la alberca de su casa. A partir de la observación y el contacto con anfibios, Andrés siguió interesándose y conociendo más con estas experiencias; pero a sus 15 años se enfrentó a una situación que marcaría su vida pues compró una Pipa, una rana amazónica que resultó estar fecundada, y que terminó dando a luz a 200 crías con las que tuvo que lidiar. Después de esta época fue natural estudiar biología y comenzar a viajar para explorar la biodiversidad. En las salidas de campo, empezó a darse cuenta que muchos anfibios y reptiles no estaban documentados, por lo que participó en la creación de las primeras listas nacionales de ranas, donde se hicieron los registros formales iniciales de las especies que habitan Colombia. Para él esta tarea es fundamental, ya que “saber qué tenemos es importantísimo para saber cómo lo manejamos”.

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Andrés examina un especimen de la rana Leptodactylus colombiensis encontrada durante la expedición. Este hallazgo representa el primer registro de esta especie para la región. Fotografía: Felipe Villegas.
 

Conocer la biodiversidad de un país no puede estar separado de ser un profundo conocedor de sus lugares. Y es que en este sentido Andrés es afortunado puesto que ha logrado recorrer desde la Guajira hasta el Amazonas y desde el Pacífico hasta la Orinoquía. Definitivamente este herpetólogo es un viajero aventurado y confía en que “este es el mejor momento para hacer investigación en biodiversidad en Colombia”, ya que con el acuerdo de paz se va a poder ingresar, estudiar y caracterizar muchas zonas que han estado vetadas por el conflicto, como el Cerro Tacarcuna en el Darién, la Serranía del Baudó en el Pacífico o los Tepuyes en Guainía.

Mientras este momento se hace realidad, Andrés nos invita a experimentar otros lugares mágicos. Con entusiasmo comenta que toma su bicicleta, otra compañera indispensable en su cotidianidad, y visita bosques de niebla y páramos, algunos de sus ecosistemas favoritos. Levantando las rocas que encuentra a su paso, Andrés se divierte cogiendo ranas que ya conoce y algunas otras que no ha visto antes. “Agarrar ranas y sapos es un trabajo sucio, pero un trabajo que te genera muchos beneficios mentales”. Entre esos beneficios está el de ser considerado como uno de los mayores eruditos en ranas que hay en Colombia. Por eso, uniendo su gran conocimiento y su gusto por estar en el campo, ha encontrado y descrito 10 especies de ranas nuevas para la ciencia, un hecho que no sólo lo enorgullece sino que fortalece su Conexión Vital al estar construyendo conocimiento.

Y aunque quisiera pasar todo el tiempo buscando reptiles y anfibios en su hábitat natural, sabe que lo necesitamos para que los vigile desde las colecciones biológicas del Instituto. Además, en casa siempre lo esperan sus gatos Kimi y Susú, otra de sus viejas y grandes pasiones.

 

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En estas imágenes podemos observar a nuestro herpetólogo en acción en una de las tantas salidas de campo lideradas por el Instituto. Fotografías: Felipe Villegas.