Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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V Simposio Colombiano de Códigos de Barras de ADN

El Instituto Humboldt, con el apoyo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), The Secretariat of the Convention on Biological Diversity (SCBD), The Global Taxonomy Initiative (GTI), The Centre for Biodiversity Genomics at University of Guelph, iBOL Colombia, y financiado por Japan Biodiversity Fund , invitan al V Simposio Colombiano de Códigos de Barras de ADN, que se realizará el 22 de octubre en el Auditorio Cementos Argos de la Universidad ICESI – Cali, Valle del Cauca.


Dirigido a:
Entidades gubernamentales, tomadores de decisiones y gestores de políticas ambientales. Estudiantes y profesionales en ciencias biológicas.

Objetivos:
- Presentar una visión amplia de la técnica molecular de códigos de barras de ADN para identificar especies invasoras y especímenes confiscados por tráfico ilegal. -Consolidar la red nacional de instituciones interesadas en el desarrollo de librerías de códigos de barras genéticos como aporte al Inventario Nacional de Biodiversidad.

Entrada libre y gratuita previa inscripción hasta el 22 de octubre.
Formulario de inscripción: http://bit.ly/2wSMKCc


Expositores invitados internacionales:

Alex Borisenko
Centro Canadiense de ADN Barcoding
Universidad de Guelph, Canadá.
http://biodiversitygenomics.net/about/leadership


Wilfred Hearty
Earlham Institute (Reino Unido)
http://www.earlham.ac.uk/wilfried-haerty


Programación

Para visualizar la agenda desde su móvil, por favor descargue el archivo.

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Subdirección de Investigaciones

Es el área encargada de liderar la agenda científica institucional con incidencia política y pertinencia social. Dentro de sus objetivos está el de generar conocimiento útil y pertinente para la toma de decisiones en lo referente a las transformaciones territoriales y sus consecuencias sobre el funcionamiento de los ecosistemas, la planificación territorial y sectorial, la participación y apropiación social frente a la gestión integral de la biodiversidad en el país.


Subdirector: Hernando García


Apoyo administrativo:
- Natalia Gallego
- Liliana Samaca
- Jairo Alexander Suarez


Unidad de Acompañamiento:
- Erica Pineda
- Johana Pineda
- Diana Milena Mórtigo


Unidad de Desarrollo:
- Gisele Didier
- Cristina Gómez


Unidad de Integración Científica:
- Ana María Rueda - editora
- Cristina Rueda - asistente editorial Biota Colombiana
- Ana Marcela Hernández - asistente editorial Biodiversidad en la Práctica
- Luz Adriana Moreno - asistente editorial Reportes Bio
- David González - diseñador Reportes Bio


Proyecto BIO:
- Sandra Patricia Galeano - Coordinadora Boyacá BIO
- Rafael Mauricio Torres - Coordinador Santander BIO
- Carolina Quiñones
- María Fernanda Gómez

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Instituto Humboldt presenta su primera novela gráfica sobre biodiversidad

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Bogotá, D.C. 10 de octubre de 2018

 

 

•  El Instituto Humboldt presenta Las Crónicas de la resiliencia, el origen. Esta es la primera, de una serie de novelas gráficas sobre biodiversidad, historia que recrea a una Colombia posapocalíptica, donde sus escasos habitantes intentan regresar al pasado para evitar la catástrofe del futuro.


•  Con una puesta en escena protagonizada por Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, y uno de los personajes de la historia, los asistentes vivirán una experiencia inmersiva en el universo de esta obra de ficción que proyecta escenarios no deseables del mundo futuro, a partir de la evidencia científica actual.


•  La presentación de la publicación se realizará durante la agenda académica de la novena versión del Salón del Ocio y la Fantasía (SOFA), este jueves 11 de octubre de 2018, a las 3:00 de la tarde, en el auditorio José Asunción Silva de Corferias, Bogotá.


•  Los interesados en asistir a la presentación deben llegar al Arco de Corferias a las 3:00 p.m. para obtener boletas gratuitas. Las 50 primeras personas recibirán un ejemplar impreso del libro; las demás, un código de acceso exclusivo para leer la novela online, antes de su publicación y descarga gratuita.


La nueva apuesta literaria de divulgación de la ciencia del Instituto Humboldt rompe con los lenguajes gráficos y textuales hasta ahora explorados, para llegar a nuevos públicos con una propuesta mediada por la ciencia ficción y la realidad, aportando de esta manera a la construcción de una ciudadanía informada y crítica.

Las crónicas de la resiliencia: el origen se incorpora en el universo de la narrativa ilustrada para abordar temas profundos y complejos de la biodiversidad, en este caso la resiliencia ecológica y social (entendida como la capacidad que poseen seres vivos, especies, sociedades y ecosistemas de resistir un shock, sin perder sus funciones básicas y adaptándose a nuevas circunstancias), en tiempos de cambio ambiental global, y el pensamiento sobre futuros posibles.

En esencia, Las Crónicas de la resiliencia: el origen narra la vida en Aguamarina un enclave del año 2100, construido por los últimos remanentes de civilizaciones terrestres, ubicado en pleno Caribe, donde en otro tiempo existiera la compleja red de humedales de la Depresión Momposina, y para ese instante un mar interior en formación.

El origen se remonta al período decisivo en la historia de la especie humana comprendido entre 2015 y 2025, época estratégica para la implementación de cambios definitivos que fueron aplicados y que dejaron un planeta Tierra posapocalíptico por causa, entre muchos factores, del aumento de la temperatura global que ocasionó el desplazamiento de más de 1400 millones de personas, la desaparición de ecosistemas y sociedades, y la extinción del grueso de la biodiversidad marina y terrestre.

Entre la diezmada vida humana amenazada, un grupo de seres humanos de distintas disciplinas del saber sobrevive gracias al desarrollo de la Bioconectividad, una mezcla de avances tecnológicos y cognitivos, a través de los cuales pueden “conectarse” con el código genético de plantas y animales para acceder a una nueva dimensión y con ello crear condiciones favorables, innovando, además, en aspectos tecnológicos, agricultura, manejo del agua, transporte, matriz energética, vestuario y arquitectura.

Por medio de un novedoso desarrollo tecnológico, la Biovisualización, los acuamarinenses recorren la memoria contenida en códigos genéticos de ciertas especies para visualizar al planeta en otros tiempos históricos, observando el mundo a través de los ojos de ciertos animales y seres vivientes de épocas pasadas que, en diferentes contextos, han superado adversidades y atesorado un sinnúmero de lecciones de resiliencia.

Estos logros han prolongado la existencia de la especie humana y permitido la búsqueda de estrategias para mitigar las hostiles situaciones ambientales que afrontan, como el actual colapso de la capa de suelo permanentemente congelado en el Ártico y expulsiones masivas de gas metano que aumentan el peligro, la tensión y temor entre los habitantes de Aguamarina.

La solución, aunque rechazada por la sociedad acuamarinense, estará en manos de Kelidra, Aurora y Kelonia, cuando guiadas por su padre, Ceiba, utilicen la Bioteletransportación. Viajando al pasado, justo al río Bita (Vichada) y a la Comuna 13 en Medellín (Antioquia), e incidiendo en las personas por medio de experiencias significativas, intentarán que algunos ciudadanos generen cambios sustanciales que modifiquen el curso de la historia humana.

Esta familia cronista de la resiliencia creará una red de líderes ciudadanos, los Alfa, procurando corregir el rumbo de una sociedad que con sus decisiones terminó envuelta en una catástrofe estrepitosa y mortal.

Las crónicas de la resiliencia: el origen será la primera de varias entregas impresas y digitales (con distribución y descarga gratuita en la web del Instituto a partir del 01 de noviembre de 2018) de una serie pensada para demostrar que en la resiliencia, y sus múltiples manifestaciones, se encuentra la respuesta a cómo pueden las cosas cambiar y persistir al mismo tiempo.
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Familias campesinas dieron “sopa y seco” a expertos en biodiversidad


Foto: cortesía Cornare



En un espacio de presentación de resultados de un inventario de biodiversidad, la constante es que los protagonistas y asistentes sean expertos, en menor o mayor escala, de las ciencias biológicas y afines. Unos y otros pasan por el escenario para lanzar nombres científicos, cifras y datos, presentados en diapositivas, que engrosan los registros de riqueza natural y ratifican a Colombia entre las potencias mundiales.

Pero cuando la compilación de datos es realizada por comunidades campesinas guardianas de ecosistemas y socias del Esquema Banco2, de los municipios antioqueños San Francisco y Sonsón, la reunión se torna festiva, despreocupada, espontánea y las formas del relato pasan por lo desenfadado, sin que ello le reste rigor científico.

Esas fueron, justo, las características predominantes de la reunión donde 15 familias provenientes de las veredas La Hinojosa, La Fe, La Cristalina, La Hermosa y Pocitos compartieron los resultados de un año de labores conjuntas en los Inventarios Participativos de Biodiversidad, iniciativa que presume ser la primera de su tipo en Colombia, y en la que recibieron acompañamiento de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), el Instituto Humboldt, las universidades de Antioquia y Católica de Oriente, la Sociedad Antioqueña de Ornitología y Ecoral durante el proceso.



Corazón y familia en un proyecto

A través del modelo ciencia participativa, comunitaria o ciudadana (nombres con los cuales también se le conoce al ejercicio del intercambio de conocimientos), la tecnología y procedimientos para recolección de datos en campo pasaron al dominio de “los monos”, todo un batallón de niños y adultos pertenecientes a los Cárdenas, y a las manos de catorce familias más involucradas y comprometidas con esta iniciativa.

El más sonriente de todo el proyecto y de “los monos“, según repitieron en reiteradas oportunidades varios de los asistentes a la reunión, es Luis Alejandro Cárdenas, un líder nato y carismático que no ahorra esfuerzos al momento de referirse a su familia y a los habitantes de la vereda La Hinojosa: “¿nosotros? (risas), pues… somos personas amables, humildes, amigables y con ganas de conservar los bosques que tenemos. Nos comprometimos y le metimos el corazón y la familia a este proyecto”.

Estos clanes familiares adicionaron a sus jornadas habituales en el campo y la finca, caminatas y recorridos en los cuales instalaron cámaras trampa y maniobraron tabletas y binoculares, herramientas que se sumaron al azadón, al machete, a la pala, el pico o el rastrillo usados en las tareas agrícolas.

La dinámica resultó similar al proceso que estas familias campesinas siguen para la siembra, fertilización y cosecha de productos agrícolas. La “semilla”, en este caso, la pusieron Cornare y el Instituto Humboldt al revisar documentación histórica disponible reunida en proyectos anteriores, académicos, bases de datos y similares, con los cuales identificaron una zona geográfica con predominantes vacíos de información, en comparación con aquellas que poseen amplios estudios y reconocimiento nacional por su oferta turística.

Paso seguido, seleccionaron e invitaron a las familias circundantes a la zona para diseñar con ellas una metodología que facilitara el levantamiento de los datos necesarios, no sin antes reconocer en el territorio las áreas de importancia estratégica y, en ellas, las presiones causadas por la actividad humana, los factores de pérdida de biodiversidad, fragmentación de suelos y contaminación de aguas. La primera fase solo estuvo concluida hasta la definición de un cronograma de realización del monitoreo y la formación en el manejo e instalación de las herramientas tecnológicas de apoyo.



Ese gato si sirvió

La “semilla” se arrojó al suelo fértil. De ahí en adelante todo sería cuestión de atención a los detalles, constancia y tiempo hasta la cosecha. Los resultados del primer inventario comunitario confirmaron la presencia en el territorio de 104 especies de aves (capitos, guacharacas, gallinetas, el paujil, pájaros barranqueros, collarejas), 14 de peces, 43 de plantas y 21 de anfibios y reptiles.

En más de 600 videos, gracias a las cámaras trampa instaladas por las familias, quedaron registradas 15 especies de mamíferos como tigrillos, osos mieleros y perezosos, conejos e incluso una chucha que “posó” por lo menos cien veces frente al lente, lo que indica que, entre otras, las comunidades superaron a sus maestros al poner en práctica la técnica del gateo (una persona se pone a gatas o en cuclillas e imita el movimiento de animales silvestres caminando desde diferentes ángulos en frente del objetivo de la cámara).

Emocionado por la contundencia de los frutos logrados Carlos Mario Zuluaga, director de Cornare, destacó el trabajo de las familias campesinas: “si algo descubrí con este proyecto es que los saberes están en el campo; que los científicos tienen ponchos o ruanas, sombreros, azadón y machete; y enseñan la esencia y fundamento de la naturaleza: la conservación, misma que practican no porque así reza la teoría sino porque es la vida de las comunidades”.

Pero no fue fácil conquistar tal nivel desde el inicio. Al comienzo, cuando la comunidad instaló las cámaras trampa, la ubicación no resultó óptima, “porque quedaban más o menos altas o a algunas personas se les olvida prenderlas”, comenta entre risas, Alejandro. Por ello, el acompañamiento constante de los expertos trajo consigo mejores resultados.

Convencido de la dimensión de la iniciativa en la que se embarcó, y una vez vivida la experiencia, Juan Guillermo Ospina, zootecnista de la Universidad de Antioquia, considera que: “el verdadero resultado es la construcción de sociedad, más que un listado o fotos bonitas, porque fue un compartir de conocimientos para el uso responsable de los recursos naturales”.

En una segunda oportunidad, llamada Biominga o Convite por la biodiversidad, “los monos” y sus vecinos se armaron de tabletas y binoculares con la intención de registrar aves, peces y flores en el monte. La sorpresa fue mayúscula cuando a la convocatoria llegaron cerca de 60 personas de la comunidad entre niños y adultos. La naturaleza respondió a tal motivación con 200 especies registradas: 93 de plantas, 18 de peces, 23 de anfibios y reptiles, 51 de aves y 15 de artrópodos.

El parte de satisfacción por lo vivido lo resumen las palabras de Alejandro: “pues, al principio conservábamos los bosques porque Banco2 nos daba un reconocimiento, pero cuando nos propusieron el proyecto caímos en cuenta de una cosa: no sabíamos qué había o más bien qué pasaba allá adentro; ahí fue que entendimos lo importante de conocer a fondo las especies. Es muy gratificante, uno se siente muy feliz”.

Del total de especies registradas en el convite, 2 de aves están en el listado de amenazadas del país, 3 de plantas, 4 de peces, 13 de reptiles e igual número de mamíferos. Los resultados de estas actividades y del desarrollo del proyecto reposan, hoy con el nombre Inventario Participativo BanCO2 en la plataforma digital NaturaLista.

Al consultar el listado aparecen 695 observaciones y 316 especies registradas por los participantes; una curiosidad del compilado de datos es el primer y segundo lugar en número de especies registradas (30) y observadas (146) respectivamente, ocupado por Mariela Cárdenas, integrante de la familia “los monos”, y quién antes de utilizar la tablet para hacer fotografías, no sabía usar un teléfono móvil; su confianza y disfrute de la actividad llegaron a tal nivel que alcanzó el record de más de mil fotos tomadas y, por supuesto, una tarjeta de memoria abarrotada.

Así relata, Mariela, su experiencia: “Juan David, un sobrinito me enseñó a manejar la tableta; cuando le cogí confianza, ya salía a caminar por la tarde, al caer el sol, por el jardín de la casa, al río, a las barrancas y le tomaba fotos a las abejas africanas, al maní forrajero, al velo de novia, hasta que un día llené una memoria completica”.

Al enumerar más productos de esta cosecha, por encima de las cifras, que por supuesto son importantes para el conocimiento y valoración de la diversidad biológica por parte de las comunidades y la ciencia, la respuesta apunta a un beneficio mutuo evidente en los puentes de comunicación fluida generados entre investigadores y familias campesinas.

En palabras de Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt: "hemos explorado un proyecto inédito que reconecta a las comunidades con su territorio; ellas están haciendo historia en el país de la biodiversidad con sus miradas y visiones, y al enseñar a nuestros científicos cómo funciona la vida en la cotidianidad. Seguramente, esta experiencia tendrá réplicas en toda Colombia".

Tampoco escapan otros hallazgos al final de este ejercicio: por ejemplo, que el activo de mayor valor para las comunidades campesinas es el bosque, seguido del agua; que la mejor estrategia de comunicación fue el voz a voz, proceso que incrementó la curva de crecimiento de los asistentes a las actividades, donde niños y mujeres lideraron con su presencia; y algo en particular que David Echeverri, biólogo de Cornare, apuntó: “aquí todos nos transformamos, pero más las comunidades. Estos inventarios generaron en ellas orgullo y sentido de pertenencia.”

Lo que resulta esperanzador al ser testigos de tal cosecha es que esta será la primera de muchas otras que se esperan en la zona piloto de un proyecto con estas características y dimensiones. El monitoreo y recolección de información continuarán y, seguro, no tardarán en replicar la experiencia otras autoridades ambientales cuya presencia en la geografía continental colombiana debe ser garantía de conocimiento, valoración, sostenibilidad y conservación participativa.

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Colombianos han generado más de 2.2 millones de datos a través de la ciencia participativa

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Bogotá, D.C. 11 de septiembre de 2018

 



Foto: Expediciones Santander BIO/Felipe Villegas. Instituto Humboldt.
 
•  Más de 150 iniciativas de ciencia participativa en biodiversidad, desarrolladas durante los últimos 5 años, en 25 de los 32 departamentos del país, evidencian el creciente interés de los colombianos en el tema.


•  Población campesina (con un 76 %) es quien más hace ciencia participativa en Colombia; también destacan habitantes urbanos (61 %), indígenas (33 %), afrodescendientes (19 %), raizales (6 %) y palenqueros (5 %). En cuanto a instituciones, las ONG ocupan el primer lugar (30 %), seguidas de universidades (26 %) y de entes gubernamentales (9 %).


•  Los grupos biológicos que han sido más registrados por los colombianos son el de las aves con un total de (2.253.201), los insectos (9860), las plantas (9035), los peces (6176), los reptiles (1739) y el de los anfibios (1081).


Durante los últimos años, la contribución de habitantes rurales y urbanos de Colombia para registrar y comprender las dinámicas de la naturaleza se ha hecho más evidente. Gracias a la tecnología, la colaboración entre investigadores y comunidades ha aumentado siendo hoy una realidad, inviable en otro momento de la historia.

Así lo demuestran los más de 2.2 millones de datos abiertos (que duplican los existentes en otras fuentes como colecciones biológicas o universidades) generados voluntariamente por colombianos que han registrado la naturaleza, demostrando así la contribución que la sociedad hace al conocimiento de la biodiversidad del país; y los resultados obtenidos luego del análisis aplicado por el Instituto Humboldt a más de 130 iniciativas nacionales de construcción de saber científico de forma participativa, disponibles en el Reporte de Estado y Tendencias de la Biodiversidad Continental de Colombia.

La captura masiva de datos es una de las formas en que las ciencias, especialmente las ambientales, han puesto en marcha iniciativas participativas o ciudadanas, un concepto que parece reciente pero que en la práctica existe desde hace algunas décadas.

Proyectos de tipo contributivo (50 % de participación) que buscan apoyo en la recolección de datos, algunos con más de 25 años de implementación en Colombia como los censos de aves; modelos colaborativos (31 %) de inventario o monitoreo que involucran participación en el análisis de la información; y propuestas de cocreación (19 %) que plantean y responden la pregunta de investigación de la mano con las comunidades, hacen parte de la oferta que viene desarrollándose en el país.

Frente al tema, los colombianos han volcado su interés hacia las aves, las cuales representan el 99 % de los datos abiertos recolectados con ciencia participativa. De las 1925 especies que tiene el país, 1785 se han rastreado por este medio; en plantas, los registros bastante bajos pues alcanzan solo 2253 especies de las 30.3768 conocidas, un número desalentador tratándose del segundo país con mayor abundancia a nivel global.

También despiertan interés en la sociedad los grupos de insectos, peces, anfibios y reptiles, pues así lo demuestran los registros, dato que podrían tener en cuenta los científicos al priorizar la investigación de otros grupos aún desconocidos, o con una alta complejidad.

Esta forma de poner en circulación el conocimiento científico a través de la participación activa de la sociedad desde sus habilidades, recursos o herramientas, que ha sido difundido en gran medida gracias a la tecnología, ha permitido realizar análisis antes impensables por fuera del ámbito científico.

La ciencia participativa


Aunque documentar las propuestas todavía tiene sus limitaciones, incluso en aquellas que llevan décadas, es posible identificar algunos avances, principalmente, a nivel de registros, para los cuales existen plataformas, estándares y protocolos que permiten integrar y curar la información. La clave está en la participación de especialistas que contribuyen a la planeación y calidad en la obtención y depuración de los datos reunidos.

En las más de 130 iniciativas de construcción de conocimiento científico de forma participativa, analizadas en una encuesta realizada por el Instituto Humboldt, uno de los puntos clave a identificar fueron las actividades en las cuales se involucró de manera directa a la sociedad.

La constante en la mayoría de propuestas de ciencia participativa en biodiversidad está en el aporte en recolección de datos, o muestras,por parte de las comunidades, aunque existe una tendencia creciente respecto a la vinculación de la población en otras actividades de investigación como la elección de preguntas o el análisis e interpretación de resultados.

La tendencia global en el área de ecología y conservación evidencia que el 100 % de los proyectos involucraron la participación ciudadana en la etapa de recolección de datos, sin embargo, cabe resaltar que para el diseño de metodologías, análisis e interpretación de la información los ciudadanos también intervinieron, pero esta vez en más del 50 % de los casos.

Si se habla de financiación, las organizaciones no gubernamentales y universidades, que ejecutan la mayoría de iniciativas de ciencia participativa, obtienen recursos principalmente de fuentes públicas (37,1 %) y privadas (31,9 %), asimismo de personas naturales (9 %) o contribuciones internacionales (7,8%).

Los aspectos que más requieren de presupuesto para garantizar la sostenibilidad en el tiempo de los proyectos son: profesionales para el acompañamiento de los procesos, equipos para la toma de muestras, desplazamientos por puntos de la geografía nacional e incentivos para voluntarios.

Frente al acceso a los datos reunidos por medio de la ciencia participativa en el país, si bien gran parte de estos (76 %) se encuentran digitalizados o en formatos análogos, no son de libre consulta. En contraste, solo el 24 % de la información producida por los colombianos está disponible en portales de datos abiertos.

En esta vía, aparecen las plataformas móviles y web como Naturalista (con 24.212 registros de ciencia participativa); eBird (con 1.802.684 registros de especies de aves); XC (con 19.460 sonidos de aves del mundo); AntWeb (base de datos mundial con 5752 registros, imágenes e información sobre hormigas); la Infraestructura Mundial de Información sobre Biodiversidad (GBIF) (con 5752 datos publicados en línea); y el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB) (que reúne ya más de 427.433 datos), que vienen posicionándose dentro de los medios más eficientes para compartir datos y crear comunidades virtuales alrededor de la naturaleza.

Entre los retos que la ciencia participativa tiene por superar está la gestión integral de la información y el conocimiento; la liberación y acceso a los datos recolectados, muchos de ellos asentados en libretas de campo y computadores de investigadores y comunidades; la generación de productos informativos pensados para diversas escalas y públicos; el reconocimiento e integración de diversos sistemas de saberes y actores; y la trazabilidad del impacto de estas iniciativas en la ciencia, las personas y los sistemas socioecológicos.

La clave para continuar la expansión de modelos de ciencia participativa en biodiversidad, y alcanzar avances de forma conjunta, es migrar los proyectos de corto a largo plazo anclados a recursos económicos capaces de fortalecer, en el tiempo, las relaciones entre los diversos actores, construir a partir de intereses comunes y aportar de forma significativa en la respuesta a preguntas claves sobre la diversidad biológica colombiana.
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Seminario Internacional "Avances en la Gestión de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos en la Planificación Urbana"

El 27 y 28 de septiembre se realizará el primer Seminario Internacional: Avances en la Gestión de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos en la Planificación Urbana, organizado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Pontificia Universidad Javeriana, con apoyo del Instituto Humboldt, la Agencia de Cooperación Alemana-GIZ de Colombia y México y la Oficina Presidencial para la Cooperación. El Seminario contará con 30 invitados internacionales y nacionales que discutirán sobre el reconocimiento e incorporación de la biodiversidad en la planificación urbana como pilar para la productividad, competitividad y el desarrollo de ciudades sostenibles.

Algunos de los conferencistas magistrales son:

· Cecilia Herzog, Investigadora asociada de la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro. Presidenta y cofundadora del Instituto Inverde de Brasil.

· Sonia Reyes, Investigadora de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del Centro para Desarrollo Urbano Sostenible (CEDEUS).

· Brigitte Baptiste, Directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt de Colombia.

· Cesar Rey, Experto en procesos de ordenamiento Territorial, Manejo Forestal y protección de la Biodiversidad en entornos urbanos y rurales.

 

Nuestro objetivo

Propiciar un espacio para que participantes procedentes de diferentes países de América Latina compartan experiencias sobre la importancia de la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos en la planificación y el ordenamiento de ciudades que buscan una mejor calidad de vida para sus habitantes y transitar hacia la sostenibilidad.

 

¿Cuándo, dónde y cómo participar?

Fecha y hora: Septiembre 27 y 28 de 2018, 8:00 am – 5:00 pm

Lugar: Auditorio Jaime Hoyos, S.J., Edificio Manuel Briceño Jáuregui S.J. Pontificia Universidad Javeriana

Costo: Entrada libre, previa inscripción. ¡Cupos limitados!

Formulario de inscripción: Clíc AQUÍ

 

Para mayor información:This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

 

Líneas temáticas del Seminario:

Biodiversidad y servicios ecosistémicos urbanos

Redes y estructuras ecológicas

Visión urbano-regional en la gestión de la biodiversidad urbana

Sostenibilidad y resiliencia urbana

 

Agenda

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De la flor al plato: Mitos y realidades de las abejas nativas

¿Te imaginas un mundo sin abejas?, ¿qué pasaría con el bienestar de los ecosistemas y de las poblaciones alrededor del mundo? Más del 75% de los cultivos alimentarios dependen de la polinización y en gran medida, sin abejas, no tendríamos a nuestra disposición tanta variedad de alimentos nutritivos y deliciosos.

Con motivo del Día Nacional de la Biodiversidad y resaltando que Colombia reconoce la polinización como un servicio ecosistémico estratégico por el papel clave que desempeña para la conservación de la diversidad biológica, el mantenimiento de la estructura y función de los ecosistemas, la producción de alimentos y la economía mundial, hemos diseñado un recorrido especial donde, de la mano de un experto en abejas, nos adentraremos en el mundo de uno de los polinizadores más reconocidos.

Acompáñanos en esta jornada de puertas abiertas. ¡Te esperamos desde las 8:00 a.m. en el Venado de Oro! Madrúgale a la biodiversidad y conéctate vitalmente con la riqueza natural de la capital colombiana.

¿Por qué el 11 de septiembre es una fecha especial en nuestro país?

El 11 de septiembre es el Día Nacional de la Biodiversidad. Una de las razones por las cuales se conmemora este día es para recordar al Sabio José Celestino Mutis, quien murió el 11 de septiembre de 1808 y quien con la Expedición Botánica dejó una significativa colección de plantas que son una notable base para el inventario nacional de biodiversidad.

La importancia de la biodiversidad, así como la adopción de medidas para su conservación, uso sostenible y distribución de beneficios que se deriven de su utilización, se consignan en la Convención sobre Diversidad Biológica, ratificada por Colombia mediante la Ley 165 de 1994 y materializada a través de la Política Nacional para la Gestión de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos.

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¿De dónde viene lo que te comes?

Más allá del sabor. Hablemos de etnogastronomía y polinización

Definitivamente comer constituye, para muchos, uno de los mayores placeres de la vida. ¿Quién no ha disfrutado de un buen plato de frutas a la hora del desayuno o se ha maravillado con los sabores de la comida típica de algún rincón del país?

Este territorio no solo es rico por sus paisajes, también lo es por el tema gastronómico: la biodiversidad sí que se puede ver reflejada en muchas casas colombianas. Colores, formas y sabores que dan rienda suelta a los platos más variados nos hacen felices los días. Aquí tenemos plantas y frutos desconocidos, raros y comunes que sirven no solo de alimento sino que son la base de múltiples recetas, medicinas, saberes ancestrales y que hasta sirven de inspiración para la creación de artesanías e historias.

Por esa razón, con motivo de nuestra serie #DeLaFlorAlPlato, llega un nuevo Humboldt ConVida donde exploraremos de dónde viene todo aquello que, como resultado final, termina en nuestro plato trascendiendo el sabor.

Acompáñanos sin falta. La cita es el próximo miércoles 5 de septiembre desde las 5:30 p.m. en el Restaurante Ocio (Bogotá) con dos invitados de lujo: el chef Alex Salgado y la bióloga Francis Chaves.

¡Entrada libre hasta completar aforo!

 

Síguenos vía Fb Live con los siguientes numerales:

#OcioDesdeElCorazón

#HumboldtConVida

 

Sobre nuestros invitados:

Alex Salgado: Economista de profesión y cocinero de corazón, Alex es el propietario y cocinero del Restaurante OCIO en Bogotá, lugar en el que presenta su concepto: Cocina Autóctona Colombiana, exaltando la importancia e identidad del producto colombiano, la tradición y el conocimiento culinario de las diferentes etnias del país.

Francis Andrea Chaves: Bióloga MSc. de la Universidad Nacional de Colombia y Candidata a PhD de Colorado State University. Francis tiene formación en biología reproductiva y ecología de poblaciones de plantas. Ha trabajado con cactáceas en zonas áridas y con frailejones en el páramo, identificando mecanismos para su reproducción incluyendo sus polinizadores. También ha contribuido en proyectos de polinización de abejas sin aguijón.

 

Con el apoyo de:

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Una propuesta: excluir áreas del país con ganadería de alto impacto y baja productividad

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Bogotá, D.C. 29 de agosto de 2018


Imagen: Reporte de Estado y Tendencias de la Biodiversidad Continental de Colombia. Instituto Humboldt.
 
•  Los departamentos de Córdoba, Sucre y Antioquia, con amplias áreas en pastoreo, tienen una alta productividad y en la misma medida impactos ambientales, debido a que la actividad ganadera se desarrolla en humedales, zonas declaradas como de importancia para la conservación.
 
•  Las regiones Andina, Caribe y Pacífico concentran la mayor cantidad de áreas que deberían excluirse de la ganadería, pues la actividad se desarrolla en zonas de alta pendiente o en páramos y humedales, combinando en un mismo espacio baja productividad y alto impacto ambiental.
 
Estos resultados se encuentran en el informe sobre áreas aptas para la actividad ganadera en Colombia elaborado por los investigadores Andrés Etter y Andrés Zuluaga, de la Universidad Javeriana, el cual hace parte del reciente Reporte de Estado y Tendencias de la Biodiversidad Continental de Colombia (Bio2017) publicado por el Instituto Humboldt.
 
La ganadería no es buena ni mala per se; por lo tanto, su análisis debe realizarse a partir del contexto donde esta se desarrolla, y evaluar sus beneficios socioeconómicos y los costos ambientales asociados a ella.
 
En los últimos años se han librado fuertes debates acerca de cómo identificar áreas que se excluyan de la actividad ganadera y delimitar aquellas que requieren intensificación productiva o necesitan de un manejo específico para garantizar la conservación de sus ecosistemas naturales.

Y es que parte de la responsabilidad de la ganadería en el deterioro ambiental y de destrucción de los ecosistemas es evidente debido a que su expansión ha sucedido en áreas silvestres como bosques tropicales de tierras bajas, andinos y secos, complejos de humedales, páramos y sabanas con transformaciones drásticas, muchas de ellas irreversibles. 
 
 
A pesar de sus impactos ambientales y baja productividad, el sector ganadero en Colombia sigue teniendo un rol importante en la economía nacional porque genera alrededor del 19 % del empleo agropecuario rural y cerca del 6 % del empleo total nacional

 
En la actualidad, el problema de la ganadería en Colombia se concentra en una baja productividad y alto impacto ambiental, lo que implica una planificación y gestión de la biodiversidad en zonas de pastoreo, teniendo en cuenta limitaciones ambientales y áreas de conservación y de restauración regional y nacional (humedales y páramos).


Precisamente, desde esta perspectiva se analizaron zonas de pastoreo actual en Colombia con presencia de anfibios y mamíferos endémicos; con áreas más fértiles (que compiten con la agricultura); con áreas de altas pendientes (un factor clave pues entre mayor inclinación el nivel de degradación aumenta); humedales y páramos; y con áreas protegidas (parques nacionales, parque regionales, reservas de la sociedad civil).
 

La ganadería a pequeña escala predomina en el país, evidenciada por el hecho de que el 45 % de las fincas tienen menos de 10 animales y el 81 % controla solo el 25 % del hato nacional con menos de 50 animales por finca

 
Una vez identificadas las áreas y sus restricciones biofísicas, se revisaron los niveles de productividad de las zonas actuales en pastoreo para definir cuáles excluir, restringir o promover de la actividad ganadera.
 
La intención es que en Colombia, los sistemas ganaderos con altos niveles de impacto sobre el territorio y baja productividad se excluyan definitivamente de la actividad; aquellos con mayores efectos y resultados, o bien bajos niveles de huella ambiental y de eficiencia productiva sean evaluados para implementar en ellos sistemas silvopastoriles u otras estrategias que permitan elevar su rendimiento, mientras reducen afectaciones.
 

El sector ganadero colombiano representa aproximadamente 1,4 % del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y 19 % del PIB agrícola
 
 
Según el informe las áreas que deberían excluirse, de acuerdo con las limitaciones biofísicas y la baja productividad, se concentran principalmente en las regiones de los Andes, Caribe y Pacífico, mientras que aquellas susceptibles de restricción están, en especial, en el Caribe y los Andes.


Por ejemplo en la región Andina, caracterizada por altas pendientes, ecosistemas de páramo y áreas de nacimiento de gran parte de los ríos que surten la demanda hídrica del país, el tipo de ganadería que se realiza hace evidente su impacto negativo en términos de degradación del suelo y contaminación de los cuerpos de agua.
 
En la Caribe, los conflictos por ganadería están asociados a la trasformación de humedales (gran parte de ellos ubicados en dicha zona) y de suelos fértiles (en especial en las sabanas de Córdoba y Sucre) considerados como de gran potencial agrícola.
 
Por tales motivos, la alta productividad e impacto ambiental en esa región del país amerita una revisión y exclusión inminente de la actividad en áreas de humedales, y una promoción solo en aquellas zonas donde no genere afectaciones.
 
Un escenario ideal para el país es aquel en el cual las áreas de la geografía nacional que presentan conflictos por uso ganadero y que deben excluirse del pastoreo sean usadas para la conservación de ecosistemas naturales; y en aquellas susceptibles de restricción se implementen sistemas agropecuarios sostenibles que combinen árboles con pasturas y animales, y cultivos  con múltiples propósitos.  
En el contexto de las áreas que deberían excluirse, debería priorizarse la conservación de ecosistemas naturales en grandes extensiones de tierra y, en donde sea factible, la delimitación de zonas agrícolas densas que permitan una mayor intensificación de la producción de alimentos.

 
El total de áreas en pastoreo en el país asciende a 35.709.158 hectáreas (ha); de estas, la Orinoquia colombiana ocupa el primer lugar con 11.411.948 ha; le siguen, la Andina con 10.915.099 ha; el Caribe con 6.969.226 ha; la Amazonia con 3.187.019 ha; el Magdalena con 2.154.982 ha; el Pacífico con 848.750 ha; y el Catatumbo con 222.134 ha.
 
 
Como conclusión, el informe considera que el logro de un tránsito hacia la sostenibilidad ambiental y productiva de la ganadería demanda una política integrada de paisaje agropecuario, una conversación entre sectores ambiental y ganadero, y prácticas sustentables.

Sugiere, también, que los análisis acerca de impactos ambientales de la ganadería en la geografía colombiana no desconozcan la dimensión social, es decir la presencia de pequeños productores y familias de escasos recursos económicos en esas zonas, cuyo sustento proviene de esta actividad, situación que no los exime de identificar en su propiedad áreas aptas, a excluir o a restringir, e implementar modelos sostenibles con enfoque silvopastoril y de conservación de los ecosistemas naturales.


Finalmente, plantea que la ganadería del país necesita encaminarse hacia una alta productividad en la que se usen de manera efectiva y sostenible los recursos naturales, de tal forma que los futuros proyectos ganaderos solo puedan realizarse en zonas propicias, y los existentes mejoren su rendimiento disminuyendo los impactos sobre el territorio.
 
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