Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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Serie de estándares para la gestión de información sobre biodiversidad en Colombia

La incuestionable importancia y el poder que tiene la información es un hecho que también tiene lugar en las acciones que se relacionan con la biodiversidad. Con la tecnología y los desarrollos informáticos existentes, será cada vez más fácil obtener formación para la toma de decisiones. Sin embargo, alrededor de la puesta a disposición de información existe en nuestro medio una actitud de desconfianza y prevención. Quien tiene información quiere reconocimiento por su trabajo, lo que es perfectamente legítimo, pero sin ponerla a disposición de otros, la información tendrá sólo un uso y su utilidad será limitada. No obstante, ha comenzado a consolidarse una tendencia global en la que un número cada vez mayor de personas empiezan a entender la importancia, las ventajas y la utilidad que tiene poner a disposición información confiable y de calidad para que otros puedan explorar nuevas aplicaciones interpretaciones y usos. Es así como ya es posible encontrar iniciativas en el tema de biodiversidad, compilando bibliografía, sistematizando colecciones biológicas, digitalizando historias naturales o produciendo publicaciones electrónicas o guías taxonómicas interactivas, basadas en ilustraciones o fotografías digitales.

Ante las preguntas acerca de quién está haciendo esta tarea en Colombia, quién está articulando estas iniciativas y cómo participar en estos procesos, os permitimos presentare sta publicación con el fin de poner en contexto al lector de lo que viene haciendo el Instituto Humboldt en cumplimiento de su mandato de conformar el Sistema de Información en Biodiversidad -SIB que permite articular la información nacional e internacional disponible a través de estándares mínimos que garanticen la interoperatividad de los diferentes sistemas en red y que hace parte de un sistema de sistemas que se conoce como el Sistema de Información Ambiental para Colombia -SIAC bajo la responsabilidad institucional del IDEAM.

El Sistema de Información en Biodiversidad está ya disponible al público en Internet en la página del Instituto Humboldt www.humboldt.org.co/sib y en el portal www.siac.net.co/sib a través del cual ya estamos desarrollando interactivamente el Sistema y las herramientas informáticas que lo soportan como los estándares que presentamos hoy.

 

Para descargar la publicación, haga clic aquí.

Para consultarla en el repositorio institucional, haga clic aquí.

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V Simposio Colombiano de Códigos de Barras de ADN

El Instituto Humboldt, con el apoyo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), The Secretariat of the Convention on Biological Diversity (SCBD), The Global Taxonomy Initiative (GTI), The Centre for Biodiversity Genomics at University of Guelph, iBOL Colombia, y financiado por Japan Biodiversity Fund , invitan al V Simposio Colombiano de Códigos de Barras de ADN, que se realizará el 22 de octubre en el Auditorio Cementos Argos de la Universidad ICESI – Cali, Valle del Cauca.


Dirigido a:
Entidades gubernamentales, tomadores de decisiones y gestores de políticas ambientales. Estudiantes y profesionales en ciencias biológicas.

Objetivos:
- Presentar una visión amplia de la técnica molecular de códigos de barras de ADN para identificar especies invasoras y especímenes confiscados por tráfico ilegal. -Consolidar la red nacional de instituciones interesadas en el desarrollo de librerías de códigos de barras genéticos como aporte al Inventario Nacional de Biodiversidad.

Entrada libre y gratuita previa inscripción hasta el 22 de octubre.
Formulario de inscripción: http://bit.ly/2wSMKCc


Expositores invitados internacionales:

Alex Borisenko
Centro Canadiense de ADN Barcoding
Universidad de Guelph, Canadá.
http://biodiversitygenomics.net/about/leadership


Wilfred Hearty
Earlham Institute (Reino Unido)
http://www.earlham.ac.uk/wilfried-haerty


Programación

Para visualizar la agenda desde su móvil, por favor descargue el archivo.

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Instituto Humboldt presenta su primera novela gráfica sobre biodiversidad

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Bogotá, D.C. 10 de octubre de 2018

 

 

•  El Instituto Humboldt presenta Las Crónicas de la resiliencia, el origen. Esta es la primera, de una serie de novelas gráficas sobre biodiversidad, historia que recrea a una Colombia posapocalíptica, donde sus escasos habitantes intentan regresar al pasado para evitar la catástrofe del futuro.


•  Con una puesta en escena protagonizada por Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, y uno de los personajes de la historia, los asistentes vivirán una experiencia inmersiva en el universo de esta obra de ficción que proyecta escenarios no deseables del mundo futuro, a partir de la evidencia científica actual.


•  La presentación de la publicación se realizará durante la agenda académica de la novena versión del Salón del Ocio y la Fantasía (SOFA), este jueves 11 de octubre de 2018, a las 3:00 de la tarde, en el auditorio José Asunción Silva de Corferias, Bogotá.


•  Los interesados en asistir a la presentación deben llegar al Arco de Corferias a las 3:00 p.m. para obtener boletas gratuitas. Las 50 primeras personas recibirán un ejemplar impreso del libro; las demás, un código de acceso exclusivo para leer la novela online, antes de su publicación y descarga gratuita.


La nueva apuesta literaria de divulgación de la ciencia del Instituto Humboldt rompe con los lenguajes gráficos y textuales hasta ahora explorados, para llegar a nuevos públicos con una propuesta mediada por la ciencia ficción y la realidad, aportando de esta manera a la construcción de una ciudadanía informada y crítica.

Las crónicas de la resiliencia: el origen se incorpora en el universo de la narrativa ilustrada para abordar temas profundos y complejos de la biodiversidad, en este caso la resiliencia ecológica y social (entendida como la capacidad que poseen seres vivos, especies, sociedades y ecosistemas de resistir un shock, sin perder sus funciones básicas y adaptándose a nuevas circunstancias), en tiempos de cambio ambiental global, y el pensamiento sobre futuros posibles.

En esencia, Las Crónicas de la resiliencia: el origen narra la vida en Aguamarina un enclave del año 2100, construido por los últimos remanentes de civilizaciones terrestres, ubicado en pleno Caribe, donde en otro tiempo existiera la compleja red de humedales de la Depresión Momposina, y para ese instante un mar interior en formación.

El origen se remonta al período decisivo en la historia de la especie humana comprendido entre 2015 y 2025, época estratégica para la implementación de cambios definitivos que fueron aplicados y que dejaron un planeta Tierra posapocalíptico por causa, entre muchos factores, del aumento de la temperatura global que ocasionó el desplazamiento de más de 1400 millones de personas, la desaparición de ecosistemas y sociedades, y la extinción del grueso de la biodiversidad marina y terrestre.

Entre la diezmada vida humana amenazada, un grupo de seres humanos de distintas disciplinas del saber sobrevive gracias al desarrollo de la Bioconectividad, una mezcla de avances tecnológicos y cognitivos, a través de los cuales pueden “conectarse” con el código genético de plantas y animales para acceder a una nueva dimensión y con ello crear condiciones favorables, innovando, además, en aspectos tecnológicos, agricultura, manejo del agua, transporte, matriz energética, vestuario y arquitectura.

Por medio de un novedoso desarrollo tecnológico, la Biovisualización, los acuamarinenses recorren la memoria contenida en códigos genéticos de ciertas especies para visualizar al planeta en otros tiempos históricos, observando el mundo a través de los ojos de ciertos animales y seres vivientes de épocas pasadas que, en diferentes contextos, han superado adversidades y atesorado un sinnúmero de lecciones de resiliencia.

Estos logros han prolongado la existencia de la especie humana y permitido la búsqueda de estrategias para mitigar las hostiles situaciones ambientales que afrontan, como el actual colapso de la capa de suelo permanentemente congelado en el Ártico y expulsiones masivas de gas metano que aumentan el peligro, la tensión y temor entre los habitantes de Aguamarina.

La solución, aunque rechazada por la sociedad acuamarinense, estará en manos de Kelidra, Aurora y Kelonia, cuando guiadas por su padre, Ceiba, utilicen la Bioteletransportación. Viajando al pasado, justo al río Bita (Vichada) y a la Comuna 13 en Medellín (Antioquia), e incidiendo en las personas por medio de experiencias significativas, intentarán que algunos ciudadanos generen cambios sustanciales que modifiquen el curso de la historia humana.

Esta familia cronista de la resiliencia creará una red de líderes ciudadanos, los Alfa, procurando corregir el rumbo de una sociedad que con sus decisiones terminó envuelta en una catástrofe estrepitosa y mortal.

Las crónicas de la resiliencia: el origen será la primera de varias entregas impresas y digitales (con distribución y descarga gratuita en la web del Instituto a partir del 01 de noviembre de 2018) de una serie pensada para demostrar que en la resiliencia, y sus múltiples manifestaciones, se encuentra la respuesta a cómo pueden las cosas cambiar y persistir al mismo tiempo.
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Familias campesinas dieron “sopa y seco” a expertos en biodiversidad


Foto: cortesía Cornare



En un espacio de presentación de resultados de un inventario de biodiversidad, la constante es que los protagonistas y asistentes sean expertos, en menor o mayor escala, de las ciencias biológicas y afines. Unos y otros pasan por el escenario para lanzar nombres científicos, cifras y datos, presentados en diapositivas, que engrosan los registros de riqueza natural y ratifican a Colombia entre las potencias mundiales.

Pero cuando la compilación de datos es realizada por comunidades campesinas guardianas de ecosistemas y socias del Esquema Banco2, de los municipios antioqueños San Francisco y Sonsón, la reunión se torna festiva, despreocupada, espontánea y las formas del relato pasan por lo desenfadado, sin que ello le reste rigor científico.

Esas fueron, justo, las características predominantes de la reunión donde 15 familias provenientes de las veredas La Hinojosa, La Fe, La Cristalina, La Hermosa y Pocitos compartieron los resultados de un año de labores conjuntas en los Inventarios Participativos de Biodiversidad, iniciativa que presume ser la primera de su tipo en Colombia, y en la que recibieron acompañamiento de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), el Instituto Humboldt, las universidades de Antioquia y Católica de Oriente, la Sociedad Antioqueña de Ornitología y Ecoral durante el proceso.



Corazón y familia en un proyecto

A través del modelo ciencia participativa, comunitaria o ciudadana (nombres con los cuales también se le conoce al ejercicio del intercambio de conocimientos), la tecnología y procedimientos para recolección de datos en campo pasaron al dominio de “los monos”, todo un batallón de niños y adultos pertenecientes a los Cárdenas, y a las manos de catorce familias más involucradas y comprometidas con esta iniciativa.

El más sonriente de todo el proyecto y de “los monos“, según repitieron en reiteradas oportunidades varios de los asistentes a la reunión, es Luis Alejandro Cárdenas, un líder nato y carismático que no ahorra esfuerzos al momento de referirse a su familia y a los habitantes de la vereda La Hinojosa: “¿nosotros? (risas), pues… somos personas amables, humildes, amigables y con ganas de conservar los bosques que tenemos. Nos comprometimos y le metimos el corazón y la familia a este proyecto”.

Estos clanes familiares adicionaron a sus jornadas habituales en el campo y la finca, caminatas y recorridos en los cuales instalaron cámaras trampa y maniobraron tabletas y binoculares, herramientas que se sumaron al azadón, al machete, a la pala, el pico o el rastrillo usados en las tareas agrícolas.

La dinámica resultó similar al proceso que estas familias campesinas siguen para la siembra, fertilización y cosecha de productos agrícolas. La “semilla”, en este caso, la pusieron Cornare y el Instituto Humboldt al revisar documentación histórica disponible reunida en proyectos anteriores, académicos, bases de datos y similares, con los cuales identificaron una zona geográfica con predominantes vacíos de información, en comparación con aquellas que poseen amplios estudios y reconocimiento nacional por su oferta turística.

Paso seguido, seleccionaron e invitaron a las familias circundantes a la zona para diseñar con ellas una metodología que facilitara el levantamiento de los datos necesarios, no sin antes reconocer en el territorio las áreas de importancia estratégica y, en ellas, las presiones causadas por la actividad humana, los factores de pérdida de biodiversidad, fragmentación de suelos y contaminación de aguas. La primera fase solo estuvo concluida hasta la definición de un cronograma de realización del monitoreo y la formación en el manejo e instalación de las herramientas tecnológicas de apoyo.



Ese gato si sirvió

La “semilla” se arrojó al suelo fértil. De ahí en adelante todo sería cuestión de atención a los detalles, constancia y tiempo hasta la cosecha. Los resultados del primer inventario comunitario confirmaron la presencia en el territorio de 104 especies de aves (capitos, guacharacas, gallinetas, el paujil, pájaros barranqueros, collarejas), 14 de peces, 43 de plantas y 21 de anfibios y reptiles.

En más de 600 videos, gracias a las cámaras trampa instaladas por las familias, quedaron registradas 15 especies de mamíferos como tigrillos, osos mieleros y perezosos, conejos e incluso una chucha que “posó” por lo menos cien veces frente al lente, lo que indica que, entre otras, las comunidades superaron a sus maestros al poner en práctica la técnica del gateo (una persona se pone a gatas o en cuclillas e imita el movimiento de animales silvestres caminando desde diferentes ángulos en frente del objetivo de la cámara).

Emocionado por la contundencia de los frutos logrados Carlos Mario Zuluaga, director de Cornare, destacó el trabajo de las familias campesinas: “si algo descubrí con este proyecto es que los saberes están en el campo; que los científicos tienen ponchos o ruanas, sombreros, azadón y machete; y enseñan la esencia y fundamento de la naturaleza: la conservación, misma que practican no porque así reza la teoría sino porque es la vida de las comunidades”.

Pero no fue fácil conquistar tal nivel desde el inicio. Al comienzo, cuando la comunidad instaló las cámaras trampa, la ubicación no resultó óptima, “porque quedaban más o menos altas o a algunas personas se les olvida prenderlas”, comenta entre risas, Alejandro. Por ello, el acompañamiento constante de los expertos trajo consigo mejores resultados.

Convencido de la dimensión de la iniciativa en la que se embarcó, y una vez vivida la experiencia, Juan Guillermo Ospina, zootecnista de la Universidad de Antioquia, considera que: “el verdadero resultado es la construcción de sociedad, más que un listado o fotos bonitas, porque fue un compartir de conocimientos para el uso responsable de los recursos naturales”.

En una segunda oportunidad, llamada Biominga o Convite por la biodiversidad, “los monos” y sus vecinos se armaron de tabletas y binoculares con la intención de registrar aves, peces y flores en el monte. La sorpresa fue mayúscula cuando a la convocatoria llegaron cerca de 60 personas de la comunidad entre niños y adultos. La naturaleza respondió a tal motivación con 200 especies registradas: 93 de plantas, 18 de peces, 23 de anfibios y reptiles, 51 de aves y 15 de artrópodos.

El parte de satisfacción por lo vivido lo resumen las palabras de Alejandro: “pues, al principio conservábamos los bosques porque Banco2 nos daba un reconocimiento, pero cuando nos propusieron el proyecto caímos en cuenta de una cosa: no sabíamos qué había o más bien qué pasaba allá adentro; ahí fue que entendimos lo importante de conocer a fondo las especies. Es muy gratificante, uno se siente muy feliz”.

Del total de especies registradas en el convite, 2 de aves están en el listado de amenazadas del país, 3 de plantas, 4 de peces, 13 de reptiles e igual número de mamíferos. Los resultados de estas actividades y del desarrollo del proyecto reposan, hoy con el nombre Inventario Participativo BanCO2 en la plataforma digital NaturaLista.

Al consultar el listado aparecen 695 observaciones y 316 especies registradas por los participantes; una curiosidad del compilado de datos es el primer y segundo lugar en número de especies registradas (30) y observadas (146) respectivamente, ocupado por Mariela Cárdenas, integrante de la familia “los monos”, y quién antes de utilizar la tablet para hacer fotografías, no sabía usar un teléfono móvil; su confianza y disfrute de la actividad llegaron a tal nivel que alcanzó el record de más de mil fotos tomadas y, por supuesto, una tarjeta de memoria abarrotada.

Así relata, Mariela, su experiencia: “Juan David, un sobrinito me enseñó a manejar la tableta; cuando le cogí confianza, ya salía a caminar por la tarde, al caer el sol, por el jardín de la casa, al río, a las barrancas y le tomaba fotos a las abejas africanas, al maní forrajero, al velo de novia, hasta que un día llené una memoria completica”.

Al enumerar más productos de esta cosecha, por encima de las cifras, que por supuesto son importantes para el conocimiento y valoración de la diversidad biológica por parte de las comunidades y la ciencia, la respuesta apunta a un beneficio mutuo evidente en los puentes de comunicación fluida generados entre investigadores y familias campesinas.

En palabras de Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt: "hemos explorado un proyecto inédito que reconecta a las comunidades con su territorio; ellas están haciendo historia en el país de la biodiversidad con sus miradas y visiones, y al enseñar a nuestros científicos cómo funciona la vida en la cotidianidad. Seguramente, esta experiencia tendrá réplicas en toda Colombia".

Tampoco escapan otros hallazgos al final de este ejercicio: por ejemplo, que el activo de mayor valor para las comunidades campesinas es el bosque, seguido del agua; que la mejor estrategia de comunicación fue el voz a voz, proceso que incrementó la curva de crecimiento de los asistentes a las actividades, donde niños y mujeres lideraron con su presencia; y algo en particular que David Echeverri, biólogo de Cornare, apuntó: “aquí todos nos transformamos, pero más las comunidades. Estos inventarios generaron en ellas orgullo y sentido de pertenencia.”

Lo que resulta esperanzador al ser testigos de tal cosecha es que esta será la primera de muchas otras que se esperan en la zona piloto de un proyecto con estas características y dimensiones. El monitoreo y recolección de información continuarán y, seguro, no tardarán en replicar la experiencia otras autoridades ambientales cuya presencia en la geografía continental colombiana debe ser garantía de conocimiento, valoración, sostenibilidad y conservación participativa.

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Colombianos han generado más de 2.2 millones de datos a través de la ciencia participativa

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Bogotá, D.C. 11 de septiembre de 2018

 



Foto: Expediciones Santander BIO/Felipe Villegas. Instituto Humboldt.
 
•  Más de 150 iniciativas de ciencia participativa en biodiversidad, desarrolladas durante los últimos 5 años, en 25 de los 32 departamentos del país, evidencian el creciente interés de los colombianos en el tema.


•  Población campesina (con un 76 %) es quien más hace ciencia participativa en Colombia; también destacan habitantes urbanos (61 %), indígenas (33 %), afrodescendientes (19 %), raizales (6 %) y palenqueros (5 %). En cuanto a instituciones, las ONG ocupan el primer lugar (30 %), seguidas de universidades (26 %) y de entes gubernamentales (9 %).


•  Los grupos biológicos que han sido más registrados por los colombianos son el de las aves con un total de (2.253.201), los insectos (9860), las plantas (9035), los peces (6176), los reptiles (1739) y el de los anfibios (1081).


Durante los últimos años, la contribución de habitantes rurales y urbanos de Colombia para registrar y comprender las dinámicas de la naturaleza se ha hecho más evidente. Gracias a la tecnología, la colaboración entre investigadores y comunidades ha aumentado siendo hoy una realidad, inviable en otro momento de la historia.

Así lo demuestran los más de 2.2 millones de datos abiertos (que duplican los existentes en otras fuentes como colecciones biológicas o universidades) generados voluntariamente por colombianos que han registrado la naturaleza, demostrando así la contribución que la sociedad hace al conocimiento de la biodiversidad del país; y los resultados obtenidos luego del análisis aplicado por el Instituto Humboldt a más de 130 iniciativas nacionales de construcción de saber científico de forma participativa, disponibles en el Reporte de Estado y Tendencias de la Biodiversidad Continental de Colombia.

La captura masiva de datos es una de las formas en que las ciencias, especialmente las ambientales, han puesto en marcha iniciativas participativas o ciudadanas, un concepto que parece reciente pero que en la práctica existe desde hace algunas décadas.

Proyectos de tipo contributivo (50 % de participación) que buscan apoyo en la recolección de datos, algunos con más de 25 años de implementación en Colombia como los censos de aves; modelos colaborativos (31 %) de inventario o monitoreo que involucran participación en el análisis de la información; y propuestas de cocreación (19 %) que plantean y responden la pregunta de investigación de la mano con las comunidades, hacen parte de la oferta que viene desarrollándose en el país.

Frente al tema, los colombianos han volcado su interés hacia las aves, las cuales representan el 99 % de los datos abiertos recolectados con ciencia participativa. De las 1925 especies que tiene el país, 1785 se han rastreado por este medio; en plantas, los registros bastante bajos pues alcanzan solo 2253 especies de las 30.3768 conocidas, un número desalentador tratándose del segundo país con mayor abundancia a nivel global.

También despiertan interés en la sociedad los grupos de insectos, peces, anfibios y reptiles, pues así lo demuestran los registros, dato que podrían tener en cuenta los científicos al priorizar la investigación de otros grupos aún desconocidos, o con una alta complejidad.

Esta forma de poner en circulación el conocimiento científico a través de la participación activa de la sociedad desde sus habilidades, recursos o herramientas, que ha sido difundido en gran medida gracias a la tecnología, ha permitido realizar análisis antes impensables por fuera del ámbito científico.

La ciencia participativa


Aunque documentar las propuestas todavía tiene sus limitaciones, incluso en aquellas que llevan décadas, es posible identificar algunos avances, principalmente, a nivel de registros, para los cuales existen plataformas, estándares y protocolos que permiten integrar y curar la información. La clave está en la participación de especialistas que contribuyen a la planeación y calidad en la obtención y depuración de los datos reunidos.

En las más de 130 iniciativas de construcción de conocimiento científico de forma participativa, analizadas en una encuesta realizada por el Instituto Humboldt, uno de los puntos clave a identificar fueron las actividades en las cuales se involucró de manera directa a la sociedad.

La constante en la mayoría de propuestas de ciencia participativa en biodiversidad está en el aporte en recolección de datos, o muestras,por parte de las comunidades, aunque existe una tendencia creciente respecto a la vinculación de la población en otras actividades de investigación como la elección de preguntas o el análisis e interpretación de resultados.

La tendencia global en el área de ecología y conservación evidencia que el 100 % de los proyectos involucraron la participación ciudadana en la etapa de recolección de datos, sin embargo, cabe resaltar que para el diseño de metodologías, análisis e interpretación de la información los ciudadanos también intervinieron, pero esta vez en más del 50 % de los casos.

Si se habla de financiación, las organizaciones no gubernamentales y universidades, que ejecutan la mayoría de iniciativas de ciencia participativa, obtienen recursos principalmente de fuentes públicas (37,1 %) y privadas (31,9 %), asimismo de personas naturales (9 %) o contribuciones internacionales (7,8%).

Los aspectos que más requieren de presupuesto para garantizar la sostenibilidad en el tiempo de los proyectos son: profesionales para el acompañamiento de los procesos, equipos para la toma de muestras, desplazamientos por puntos de la geografía nacional e incentivos para voluntarios.

Frente al acceso a los datos reunidos por medio de la ciencia participativa en el país, si bien gran parte de estos (76 %) se encuentran digitalizados o en formatos análogos, no son de libre consulta. En contraste, solo el 24 % de la información producida por los colombianos está disponible en portales de datos abiertos.

En esta vía, aparecen las plataformas móviles y web como Naturalista (con 24.212 registros de ciencia participativa); eBird (con 1.802.684 registros de especies de aves); XC (con 19.460 sonidos de aves del mundo); AntWeb (base de datos mundial con 5752 registros, imágenes e información sobre hormigas); la Infraestructura Mundial de Información sobre Biodiversidad (GBIF) (con 5752 datos publicados en línea); y el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB) (que reúne ya más de 427.433 datos), que vienen posicionándose dentro de los medios más eficientes para compartir datos y crear comunidades virtuales alrededor de la naturaleza.

Entre los retos que la ciencia participativa tiene por superar está la gestión integral de la información y el conocimiento; la liberación y acceso a los datos recolectados, muchos de ellos asentados en libretas de campo y computadores de investigadores y comunidades; la generación de productos informativos pensados para diversas escalas y públicos; el reconocimiento e integración de diversos sistemas de saberes y actores; y la trazabilidad del impacto de estas iniciativas en la ciencia, las personas y los sistemas socioecológicos.

La clave para continuar la expansión de modelos de ciencia participativa en biodiversidad, y alcanzar avances de forma conjunta, es migrar los proyectos de corto a largo plazo anclados a recursos económicos capaces de fortalecer, en el tiempo, las relaciones entre los diversos actores, construir a partir de intereses comunes y aportar de forma significativa en la respuesta a preguntas claves sobre la diversidad biológica colombiana.
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Seminario Internacional "Avances en la Gestión de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos en la Planificación Urbana"

El 27 y 28 de septiembre se realizará el primer Seminario Internacional: Avances en la Gestión de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos en la Planificación Urbana, organizado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Pontificia Universidad Javeriana, con apoyo del Instituto Humboldt, la Agencia de Cooperación Alemana-GIZ de Colombia y México y la Oficina Presidencial para la Cooperación. El Seminario contará con 30 invitados internacionales y nacionales que discutirán sobre el reconocimiento e incorporación de la biodiversidad en la planificación urbana como pilar para la productividad, competitividad y el desarrollo de ciudades sostenibles.

Algunos de los conferencistas magistrales son:

· Cecilia Herzog, Investigadora asociada de la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro. Presidenta y cofundadora del Instituto Inverde de Brasil.

· Sonia Reyes, Investigadora de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del Centro para Desarrollo Urbano Sostenible (CEDEUS).

· Brigitte Baptiste, Directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt de Colombia.

· Cesar Rey, Experto en procesos de ordenamiento Territorial, Manejo Forestal y protección de la Biodiversidad en entornos urbanos y rurales.

 

Nuestro objetivo

Propiciar un espacio para que participantes procedentes de diferentes países de América Latina compartan experiencias sobre la importancia de la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos en la planificación y el ordenamiento de ciudades que buscan una mejor calidad de vida para sus habitantes y transitar hacia la sostenibilidad.

 

¿Cuándo, dónde y cómo participar?

Fecha y hora: Septiembre 27 y 28 de 2018, 8:00 am – 5:00 pm

Lugar: Auditorio Jaime Hoyos, S.J., Edificio Manuel Briceño Jáuregui S.J. Pontificia Universidad Javeriana

Costo: Entrada libre, previa inscripción. ¡Cupos limitados!

Formulario de inscripción: Clíc AQUÍ

 

Para mayor información:This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

 

Líneas temáticas del Seminario:

Biodiversidad y servicios ecosistémicos urbanos

Redes y estructuras ecológicas

Visión urbano-regional en la gestión de la biodiversidad urbana

Sostenibilidad y resiliencia urbana

 

Agenda

Para visualizar la agenda desde su móvil, por favor descargue el archivo.

Descargar Agenda

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Convocatoria para la revisión del documento de alcance de la Evaluación Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos

CONOCIMIENTO DECISIONES
 

El Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, Colciencias y el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, se permiten invitar a todos los grupos de interés y a la ciudadanía a enviar sus aportes al documento de alcance de la "Evaluación Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos para Colombia"; proceso que se desarrolla con el apoyo y respaldo del Centro Mundial de Monitoreo para la Conservación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, bajo la metodología y marco conceptual de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos – IPBES.

El documento de alcance de la Evaluación Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos y el formato para diligenciar comentarios pueden ser descargados en los siguientes vínculos:

Documento de alcance Evaluación IPBES Colombia para comentarios v23082018

Formato comentarios Doc Alcance Evaluación

Para registrar las proposiciones y/o comentarios por favor hacer uso, únicamente, de la hoja de cálculo identificada con el nombre de "PROPOSICIONES". El archivo completo de Excel debe ser enviado únicamente vía correo electrónico al correo This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. antes del 21 de Septiembre de 2018. Es importante resaltar que los comentarios al documento de alcance no deben ser de carácter editorial (revisión de redacción, ortografía, entre otros), sino aportes técnicos, de información y/o metodológicos, entre otros, que contribuyan a la construcción de la Evaluación Nacional.

Los comentarios serán revisados y puestos a consideración por los expertos nacionales que participaron en la Fase de formulación del documento de alcance.

Agradecemos la amplia y abierta disposición para difundir y participar en este importante proceso.

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Travesía patria: vistazo a la biodiversidad actual de la legendaria ruta libertadora



Un repaso por la historia

Cuenta el libro Colombia, una nación a pesar de sí misma, del historiador David Bushnell, que hacia mediados de 1819, Simón Bolívar llegó de Venezuela al corazón de la Nueva Granda, y lideró un movimiento rebelde que eliminó del territorio el domino español, mismo que gozaba de un profundo descontento por, entre varias razones, las ejecuciones públicas a los revolucionarios e impuestos asfixiantes.

Para el momento, Bolívar contaba con la ayuda de bandadas de fugitivos liderados por Francisco de Paula Santander, quienes acampaban no muy lejos de las estribaciones de la cordillera Oriental, tras resistir los intentos españoles de reconquista de aquella despoblada región.

La llamada ruta libertadora inició (según lo relata en sus páginas la colección del Ministerio de Cultura titulada Por los caminos de la ruta libertadora, de autoría de historiadora Rocío Millares) el 11 de junio en Tame (Arauca), donde el Libertador y su tropa se reunieron con Santander, quien le esperaba con mil infantes y mil cien jinetes. En total conformaron una tropa de 1300 soldados y 800 caballistas con los cuales marcharon hacia el centro del país.

Junto a un ejército mixto conformado por venezolanos, neogranadinos y voluntarios europeos, hombres y mujeres, Bolívar cruzó los llanos inundados, por la época de lluvia del momento, y escaló los Andes por caminos que alcanzaban hasta los 4 mil metros de altura.

El extenso recorrido se dividió en varias etapas, primero la llanura durante un mes, donde remontaron el llano inundado, ríos torrentosos, un piedemonte lluvioso y toda suerte de avatares que nos permite dimensionar los sufrimientos a las que estuvieron expuestas las tropas.

Los soldados sufrieron las inclemencias del mal tiempo, durmieron a la intemperie o sobre los animales, caminaron sin zapatos ni ropa apropiada, atravesaron por ríos caudalosos el ganado para alimentarse, soportaron hambre, desafiaron problemas de salubridad, mientras que los heridos graves toleraron como pudieron sus dolores.

Entre algunas de las poblaciones recorridas por el ejército libertador, los historiadores relatan que tras salir de Tame (Arauca), ingresaron a Casanare transitando por Hato Corozal, Paz de Ariporo, Pore, Tablón de Támara y Nunchía. Una vez en Boyacá, marcharon por Morcote, Paya, Pisba, Pueblo Viejo, Quebradas, Socha, Tasco, Gámeza, Corrales, Topaga, Busbanzá, Floresta, Beteitiba, Tutazá, Belén, Cerinza, Santa Rosa de Viterbo, Duitama, Paipa, Toca, Chivata y Tunja.

Una vez logrado el dominio de los altiplanos, y a punto de una derrota, el 07 de agosto en el camino entre Tunja (Boyacá) y Bogotá (Cundinamarca), el ejército libertador obtuvo la victoria crucial para, tres días despúes, llegar a la capital sin oposición alguna.

Gracias a la batalla de Boyacá, Bolívar logró la libertad del yugo español y el control de un área de población relativamente densa, de la cual podía obtener impuestos, reclutas y provisiones que suministraban las fincas y las pequeñas industrias artesanales.



Así sería hoy la biodiversidad de la ruta libertadora

A partir del análisis de datos geoespaciales para el área correspondiente al recorrido de los patriotas por la llamada ruta libertadora, se obtuvieron registros de presencia de especies biológicas reportadas en 27 municipios.

Durante el análisis, se incluyeron los municipios Ventaquemada y Tuta debido a que fueron colindantes con los puntos del recorrido de los patriotas. La base de datos utilizada para extraer tales registros fue la publicada por la Facilidad Global de Información sobre Biodiversidad (GIBF), actualizada a mayo de 2018.

Dicha base de datos es la fuente disponible más completa, en este momento, de registros de presencia de especies biológicas publicados desde el Instituto Humboldt y otras organizaciones colombianas e internacionales. Cabe aclarar, sin embargo, que tales registros son una aproximación a la biodiversidad real de la zona.



Registros obtenidos:

Arauca

Según los registros, en este departamento del extremo norte de la Orinoquia colombiana habría un aproximado de 641 especies de plantas y 31 de invertebrados; 23 especies de aves como el carancho (Caracara plancus), el paujil copete de piedra (Pauxi pauxi), la pava crestada (Penelope purpurascens), el ermitaño barbudo (Threnetes leucurus), el mosquerito colirojo (Terenotriccus erythrurus), el trepatroncos oliváceos (Sittasomus griseicapillus), el chipe azul (Setophaga pitiayumi), el lechuzón de anteojos (Pulsatrix perspicillata), el hormiguero cuerniblanco (Pithys albifrons) o la cotorra cariamarilla (Pionopsitta pyrilia) por solo mencionar algunos de la extensa lita.

Además, 18 especies de hongos y 13 de mamíferos: murciélagos pardo (Eptesicus brasiliensis), de rostro pálido (Phylloderma stenops), el Anoura luismanueli o el Artibeus obscurus, y el ratón arrocero arborícola (Oecomys bicolor); 12 especies de peces de agua dulce, por ejemplo, el bagre cinchado de los Andes (Cetopsorhamdia picklei) o el tetra diente de gamo (Exodon paradoxus); 12 especies de reptiles: serpientes tatacoa (Amphisbaena alba) y ciega (Amerotyphlops reticulatus), la culebra trepadora misionera (Chironius exoletus), la tortuga estuche (Kinosternon scorpioides), el lagarto Ptychoglossus brevifrontalis, entre otros; y 4 especies de anfibios como la rana verde (Lithobates palmipes) o la vigilante (Scarthyla vigilans).

Casanare

En esta zona del oriente de la Orinoquia del país los registros apuntan a 536 especies de plantas: el cafeto arábigo (Coffea arabica), la contrayerba (Dorstenia brasiliensis), la dama de la noche (Epidendrum nocturnum), la redondita de agua (Hydrocotyle ranunculoides), la guayacana (Imperata contracta), el helecho serrucho (Nephrolepis cordifolia), el árbol tropical de frutos (Pouteria caimito), o el cedrón (Simaba cedron); 230 especies de peces: coridora bronceada (Corydoras aeneus), la anguila eléctrica (Electrophorus electricus), el boquerón (Engraulis encrasicolus), el tijero rojo (Hemiodus gracilis), el falso disco (Heros severus), el curito (Megalechis thoracata), el dólar de plata (Metynnis argenteus), la sardina de río (Pellona flavipinnis), el cuatro líneas barbudo (Pimelodus albofasciatus), o el pez gato (Trichomycterus migrans), entre otras.

Asimismo, 204 especies de aves: el guacamayo macao (Ara macao), el periquito de tovi (Brotogeris jugularis), el zorzalito rojizo (Catharus fuscescens), el trepa troncos tiranino (Dendrocincla tyrannina), el elanio tijereta (Elanoides forficatus), el esmerejón (Falco columbarius), el gavilán patilargo (Geranospiza caerulescens), el hormiguerito de ala rufa (Herpsilochmus rufimarginatus), el piojito picofino (Inezia tenuirostris), el guardabosques gritón (Lipaugus vociferans), el bienteveo cabecigrís (Myiozetetes granadensis), el pitajo de vientre amarillo (Ochthoeca diadema), el tachurí barbado (Polystictus pectoralis), la tángara rosada (Rhodinocichla rosea), entre algunas más.

De igual manera, 62 especies de invertebrados y 53 especies de mamíferos: el ocelote (Leopardus pardalis), el gato moro (Puma yagouaroundi), el murcielaguito narigón (Rhynchonycteris naso), la rata algodonera (Sigmodon hirsutus), el tapir amazónico (Tapirus terrestres), el chigüiro (Hydrochoerus hydrochaeris), el hurón mayor (Eira barbara), el armadillo de nueve bandas (Dasypus novemcinctus), el murciélago lengüilargo (Anoura geoffroyi), entre otras; también, 31 especies de reptiles: la boa constrictor (Boa constrictor) y arborícola (Corallus hortulanus), el gecko (Gonatodes concinnatus), la tortuga tericaya (Podocnemis unifilis), o el lobo pollero (Tupinambis teguixin) y más; y 6 especies de anfibios, por ejemplo, la ranita amarilla (Dendropsophus minutus).

Boyacá

En este departamento, ubicado en la cordillera oriental de los Andes, los registros sugieren 1137 especies de plantas: la marcela (Achyrocline satureioides), la cola de caballa (Equisetum giganteum), la Espeletiopsis guacharaca, la aljaba (Fuchsia magellanica), la flor de porcelana (Hoya carnosa), el junco de esteras (Juncus effusus), la lunaria (Lunaria annua), entre otras; 154 especies de invertebrados y 137 especies de aves, por ejemplo, la amazona mercenaria (Amazona mercenaria), el azulejo real (Buthraupis montana), el colibrí orejiazul (Colibri thalassinus), el picaflor lustroso (Diglossa albilatera), la alondra cornuda (Eremophila alpestris), el halcón peregrino (Falco peregrinus), el colibrí turmalina (Heliangelus exortis), el colibrí colilargo menor (Lesbia nuna), el arañero (Myiothlypis nigrocristata), la tingua bogotana (Rallus semiplumbeus), el lúgano iberoamericano andino (Spinus spinescens), la tangara coronigualda (Tangara xanthocephala), la reinita alidorada (Vermivora chrysoptera), el chingolo (Zonotrichia capensis), y muchas más.

En cuanto a otras especies, 21 de hongos y 18 de anfibios: la salamandra de Chingaza (Bolitoglossa adspersa), por resaltar una de ellas; 15 especies de mamíferos: la zarigüeya orejiblanca andina (Didelphis pernigra), el leopardo tigre (Leopardus tigrinus), el ratón montañero (Thomasomys laniger), el zorro gris (Urocyon cinereoargenteus), por ejemplo; 10 especies de peces y 5 de reptiles: el camaleón andino (Anolis heterodermus), la serpiente sabanera (Atractus crassicaudatus), la lagartija collareja (Stenocercus trachycephalus), entre algunas más. Cabe destacar que en este lugar se encuentran la mayor parte de especies únicas o endémicas, un total de 26, de las cuales 19 son plantas, 4 son aves, 1 es reptil, 1 es pez y 1 es anfibio.

Endemismo

El registro indica que habría 26 especies endémicas, todas en Boyacá. Este departamento comparte una especie de planta con Arauca: el frailejón de Nemequene (Espeletia nemekenei); a su vez, este último departamento comparte una especie única de pez con Casanare: la doncella (Pseudoplatystoma metaense).



Estado de la biodiversidad

El análisis de registros muestra un total de 26 especies clasificadas en los criterios Peligro Crítico (CR), Vulnerable (VU) y En Peligro (EN) de la Unión Internacional para la conservación de la Naturaleza (UICN), todas en el departamento de Boyacá.

En la categoría (EN) hay 11 especies, 9 de plantas: los frailejones de Tunja (Espeletia tunjana), de Belén (Espeletia brachyaxiantha), de García Barriga (Espeletiopsis garciae), de Arbeláez (Espeletia arbelaezii) y discoideo (Espeletia discoidea), la orquídea de San Juanito (Masdevallia coccinea) y la Masdevallia medusa, el castaño de río Claro (Compsoneura claroensis) y la salvia uribei; un anfibio: la rana cutín (Pristimantis mnionaetes); y un ave: el chango de montaña (Macroagelaius subalaris).

En (CR) se reportan 5 especies, 3 de plantas: los frailejones de Paipa (Espeletia paipana) y Oswaldo (Espeletia oswaldiana), y la orquídea Masdevallia ignea; y 2 de aves: el paujil (Crax alberti) y el cucarachero de pantano (Cistothorus apolinari).

En (VU) hay 10 especies, 7 son plantas: los frailejones blanco (Espeletia incana), de Jaramillo (Espeletia jaramilloi) y de Nemequene (Espeletia nemekenei), la salvia hoja de flecha (Salvia rubriflora) y amarguera papilosa (Salvia xeropapillosa), la Passiflora crispolanata y la Paramiflos glandulosus; y con un registro aparecen la lagartija anadia de Bogotá (Anadia bogotensis), la cotorra pechiparda (Pyrrhura calliptera) y el pez doncella (Pseudoplatystoma metaense). Por su parte, Arauca comparte 1 especie de pez: (Pseudoplatystoma metaense) y de frailejón (Espeletia nemekenei) en la categoría (VU) con Boyacá y Casanare respectivamente.



Desde el lunes 23 de julio y hasta el sábado 04 de agosto de 2018, el Instituto Humboldt publicará en su sitio web y canales digitales videos e ilustraciones de paisajes, flora y fauna silvestre representativa de algunos municipios que hicieron parte de la ruta libertadora, que serán presentados por Don José María Restrepo, un criollo de no más de 30 años, amante de la observación, quien armado con pergamino y tinta registrará todo lo que se atraviese en el camino que, dos siglos atrás, estuvo comandado por el prócer de la independencia de Colombia, Simón Bolívar.

La Travesía patria, como se le ha denominado a la campaña, viene con actividades gratuitas para todos que incluyen recorridos guiados desde la sede Venado de oro del Humboldt, descendiendo por senderos de los cerros orientales hasta la Casa Museo Quinta de Bolívar, ¡gran aliado en esta programación especial!

Así mismo, sesiones de conversación como Humboldt ConVida que abordará, desde un ejercicio comparativo, la labor de un restaurador de árboles patrimoniales y antiguos versus la tarea de un restaurador de piezas que se utilizarán en exposiciones de museos, y un Facebook Live para hablar de la historia de la biodiversidad en tiempos de la independencia.

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Colombia a un paso de reconocer iniciativas de conservación de biodiversidad

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Bogotá, D.C. 06 de julio de 2018

 


Foto: Felipe Villegas/Instituto Humboldt.

 

•   En Colombia se han identificado más de 1.500 Estrategias Complementarias de Conservación (ECC) desarrolladas en distintas regiones del país.

 

•   Los colombianos interesados en aportar comentarios al Decreto que reconocerá dentro del ordenamiento jurídico y territorial a las ECC, pueden hacerlo en el sitio web del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS), opción Consulta Pública.

 

•  Una vez firmado el Decreto, por el Presidente Juan Manuel Santos, Colombia aceptará las iniciativas complementarias de conservación como parte fundamental de la protección de la naturaleza y de los beneficios que ofrecen a los colombianos.

 

Las Estrategias Complementarias de Conservación (ECC) en Colombia son esfuerzos de diferentes actores locales, regionales, nacionales e internacionales para la protección de la biodiversidad en el país.

En un país megadiverso y a la vez con una pérdida acelerada de riqueza natural en un 18%, las acciones enfocadas a la conservación de la diversidad biológica son necesarias. En consonancia con esta situación, por primera vez, el Gobierno de Colombia abre la posibilidad de reconocer las ECC emprendidas por distintos actores, como parte fundamental de la protección de la naturaleza y de los beneficios que ofrecen a los colombianos.

Hasta ahora, en el país se han identificado más de 1.500 estrategias complementarias de conservación gestionadas en diferentes regiones. Los distintos actores públicos, privados y comunitarios involucrados en el desarrollo de estas iniciativas consideran que Colombia tiene una oportunidad excepcional para reconocerlas dentro de su ordenamiento jurídico y territorial.

 

Estrategias Complementarias de Conservación (ECC)

 

Las ECC son medidas que se aplican a un espacio geográfico definido, diferente a un área protegida, para mantener y promover en el tiempo los beneficios que ofrece la naturaleza a la sociedad y, de esta manera, aportar a la conservación in situ de la biodiversidad mediante una forma de gobernanza que involucra uno o varios actores.

Las estrategias complementarias son desarrolladas, por lo general a nivel local, y se gestionan por convicción, de manera voluntaria o con el interés de fortalecer los territorios; asimismo reflejan el compromiso de las comunidades involucradas en la conservación de la biodiversidad y las múltiples formas de gobernanza.

El aporte de las iniciativas de ECC es indispensable en cuanto a la provisión de servicios ecosistémicos, la mitigación de riesgos, la adaptación a los efectos del cambio climático, el esparcimiento recreativo, espiritual y educativo; también en lo relacionado al fortalecimiento de la economía local y regional con alternativas como el turismo y los sistemas productivos sostenibles.

 

La consulta pública

 

La iniciativa que reconoce las ECC se encuentra disponible, a través de un decreto, para que los interesados aporten sus comentarios y recomendaciones. La fecha límite es el viernes 06 de julio de 2018, en el sitio web del (MADS), opción Consulta Pública.

La propuesta técnica y normativa es liderada por la Dirección de Bosques del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) y producto de una construcción colectiva con el Instituto Humboldt, la Fundación Natura, el Consejo Internacional para las Iniciativas Ambientales Locales de América del Sur, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza Sur, la Red Colombiana de Reservas Naturales de la Sociedad Civil (Resnatur), Parques Nacionales Naturales de Colombia, los Sistemas Regionales de Áreas Protegidas, ASOCARS, Proyectos GEF SINAP, Conexión BioCaribe y Magdalena Cauca, el Proyecto Áreas Protegidas Locales entre otros. Con esta iniciativa se espera establecer los mecanismos para la identificación, visibilización y reporte de las ECC, y responder a diferentes compromisos asumidos por el gobierno nacional.

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Piden declarar "Probablemente Extinto" al sapo quimbaya

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Bogotá, D.C. 27 de junio de 2018

 


Macho adulto colectado en junio de 1994 en el Parque Natura Regional Ucumarí, Pereira, Risaralda. Foto: John D. Lynch.

 

•  Investigadores de distintas instituciones científicas, nacionales e internacionales, pidieron a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) declarar como Probablemente Extinto al sapo quimbaya, Atelopus quimbaya, especie endémica de los Andes colombianos.

 

•  Los estudios actuales, que intentan esclarecer las razones de la probable extinción del quimbaya, se enfocan en la presencia de la especie exótica trucha arcoíris y un hongo patógeno disperso por todo el mundo.

 

•  En visitas realizadas durante las últimas dos décadas a los mismos sitios donde fueron registrados los sapos en los años 90, no fue detectado ningún individuo, así como tampoco huevos o renacuajos.

 

Según la investigación desarrollada por las entidades nacionales Instituto Humboldt, universidades del Valle y Javeriana de Cali y Wildlife Conservation Society; y las internacionales ProCAT, Centro para la Ciencia Abierta y la Conservación de la Biodiversidad en Costa Rica y la Universidad Autónoma de México, el estado de conservación del género Atelopus en Colombia es crítico, ya que cerca del 80 % de las 44 especies que habitan el país enfrentan un grave riesgo de extinción.

Atelopus quimbaya pertenece a este género de sapos arlequín y se conoce en solo tres localidades de la vertiente occidental de los Andes centrales colombianos: la Reserva Natural La Montaña (municipio de Salento, Quindío), el Parque Natural Regional de Ucumarí (municipio de Pereira, Risaralda), y la Reserva Bosque del Río Blanco (cuenca del río Chinchiná).

Con la intención de esclarecer y comprender las eventuales causas de la disminución, e incluso extinción del sapo quimbaya, el equipo de investigadores reunió estudios científicos históricos y realizó salidas de campo a las tres localidades conocidas como hábitat de la especie para contrastar la información e intentar responder el interrogante.

A pesar del esfuerzo intenso y reciente por hallarlo en estos lugares no hubo avistamientos tras los últimos registros ocurridos entre 1994 y 1997. En cambio, según el estudio, en estos sitios hay presencia confirmada de la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), y se sospecha, del hongo infeccioso Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), dos posibles enemigos de la especie en cuestión.

En la cuenca del río Otún y en el Quindío se sabe de la existencia de la trucha arcoíris, para empezar, debido a dos grandes granjas para la crianza del pez. Se estima que en 1953, la especie exótica fue introducida en los ríos y en los estanques artificiales de la Reserva Natural de Navarco. En las salidas de campo, el equipo de investigadores detectó la presencia de la trucha aun en pequeñas corrientes de agua de los cauces de estas zonas.

El hecho de que la trucha habite en las cuencas donde fue común el sapo quimbaya, hace pensar que estaría involucrada en la disminución de sus poblaciones a través de la depredación, en primera medida de los huevos, y posiblemente de los renacuajos. El equipo investigador mantiene sus sospechas acerca del potencial efecto negativo del pez sobre este grupo de sapos, pues existe evidencia científica del impacto que ha tenido en otras especies de anfibios.

Un dato adicional revela que si bien la introducción de la trucha al país no coincidió con el momento en que inició la disminución de poblaciones del quimbaya, lo más factible es que la expansión de poblaciones de estos peces ocurrió constantemente, y de manera acelerada, hasta alcanzar el hábitat del sapo hacia 1990.


Por otro lado, está el hongo Batrachochytrium dendrobatidis (Bd) originario de Asia y que se encuentra ampliamente distribuido alrededor del mundo. Hoy hay evidencia de la desaparición de poblaciones completas de anfibios causadas por el (Bd), que les afecta la piel, un órgano vital involucrado en la respiración. En animales susceptibles al hongo se producen, por ejemplo, paros cardíacos que matan los organismos.

En general, el género Atelopus es considerado como uno de los grupos más susceptibles entre los anfibios, de hecho el declive de numerosas especies del grupo tiene relación comprobada con el hongo. En el caso del sapo quimbaya, los análisis efectuados a 23 ejemplares, recolectados en 1979 y 1994, arrojaron un resultado negativo para la infección por (Bd).

Por lo pronto, los investigadores no descartan un posible vínculo entre el hongo y el cambio climático o una correlación de múltiples factores estresantes como potenciales responsables de la probable extinción del sapo quimbaya y de la disminución de otras poblaciones de anfibios.

Y aunque los resultados actuales no permiten establecer si (Bd) está o no involucrado en el declive de este anfibio, a la fecha se realizan estudios a ejemplares depositados en las colecciones biológicas del Instituto Humboldt, en Villa de Leyva (Boyacá) para comprobarlo.

De ser posible, a futuro se espera realizar estudios con el material biológico disponible en la Universidad del Valle, el Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia y el Museo de Herpetología de la Universidad de Antioquia, mismos que ayudarían a esclarecer la participación del hongo en la disminución de esta y otras especies de anfibios colombianos.

La importancia del sapo quimbaya, y en general los anfibios, radica en que desde el punto de vista ecológico son buenos indicadores del estado de conservación de ecosistemas debido a lo susceptibles que resultan a la contaminación y degradación del hábitat.

Por el contrario, su ausencia es una señal de cómo el cambio en el paisaje y el ambiente, causados por distintas actividades, afectan la biodiversidad a distintos niveles. En ese sentido, algunos estudios demuestran que los renacuajos ayudan en el mantenimiento de la estructura de las comunidades de algas y la productividad primaria de los ríos y quebradas.

Entre tanto, en medio de los esfuerzos científicos inconclusos y del desconcierto que generan las causas de la posible desaparición de este sapo endémico, los investigadores involucrados en el estudio no se dan por vencidos, en cambio sugieren continuar con los análisis en laboratorios y trabajos en campo en zonas aledañas a las exploradas, con la intención de descubrir poblaciones, quizá no detectadas hasta ahora, del quimbaya y de otras especies del grupo de los Atelopus con características similares.

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