Aaron Bernstein, profesor de la Universidad de Harvard, fue invitado al país por el Instituto Alexander von Humboldt.
 
Las celebraciones que se realizarán este sábado para conmemorar el Día Mundial de la Biodiversidad se verán empañadas por los recientes hallazgos de investigadores que establecen una relación directa entre la extinción de especies y el número creciente de infecciones a las que la humanidad se está viendo expuesta.
 
Superbacterias resistentes a los antibióticos, virus similares al VIH, el resurgimiento de enfermedades que se creían controladas, como el dengue y el paludismo, y la escasez de microorganismos para fabricar medicamentos son sólo algunas de las consecuencias que la depredación del planeta está generando.
 
Aaron Bernstein, pediatra y profesor de la Universidad de Harvard y del Centro para la Salud y el Medio Ambiente Global, está de visita a Colombia para alertar acerca de los riesgos que la pérdida de la biodiversidad trae para la salud.
 
“Más de dos tercios de las drogas recientes, de 25 años para acá, son extraídas de fuentes naturales. Más de la mitad de las 100 medicinas más prescritas en Estados Unidos son derivadas de la naturaleza”, dice Bernstein, cuya labor es, además de escribir best sellers de biología (es coautor de un libro sobre la relación entre la biodiversidad y la salud, junto con el premio Nobel de Paz de 1985, Eric Chivian), atar los puntos del desastre ambiental del planeta para explicarles a las personas, en palabras simples y con ejemplos concretos, lo que está en juego de continuar la extinción de especies, la pérdida de los hábitats, el consumo sin sentido de la Tierra.
 
Sus argumentos hablan de cómo la pesca excesiva en los mares, que afecta, entre muchas otras, a las comunidades de África occidental, ha conducido a la humanidad a una vulnerabilidad extrema frente a nuevas infecciones, desconocidas para el hombre y sumamente letales como la gripe aviar o el H1N1.
 
“Cuando estas personas no pudieron comer más pescado, simplemente porque no había, comenzaron, hace años, a depredar animales de la selva, en algunos casos micos y otros primates. Este consumo puede dar como resultado, de la misma manera que se dice lo dio con el VIH, que los virus de una especie salten a la nuestra por depredación de los huéspedes naturales. En últimas, lo que se ve con claridad, al mirar la historia de un virus o una bacteria, es que ésta puede haber pasado a los hombres por los cambios que éste ha introducido en los ecosistemas”.
 
Bernstein saca cuentas rápidas y habla de unos 1.400 agentes que causan infecciones en los humanos. De éstos, cerca del 75% han pasado algún tiempo viviendo en otras especies. “Muchos piensan que cuando alguien tiene una infección, la ha adquirido de otros humanos. Pero en algún punto esa bacteria vivió en otra especie y esto es algo que la gente no entiende”.
 
El camino que las infecciones tienen hasta el hombre es, para Bernstein, claro signo de que la humanidad no es un asunto aislado del medio ambiente, un hecho superior desligado de su entorno. El investigador afirma que la protección de la diversidad no es una pelea contra el desarrollo, como se ha entendido durante los últimos 50 años: ambas cosas están unidas. “Uno no puede sostener el bienestar de la humanidad sin promulgar el de la naturaleza. Hemos creído que como tenemos toda esta tecnología y vivimos en la ciudad podemos olvidarnos de todo lo demás e igual obtener nuestros recursos. Bueno, no es así”.
 
¿Aún podemos hacer algo?: “Sí -concluye-, pero sólo en el momento en que la gente se dé cuenta de que lo que está en riesgo no sólo es la vida de otras especies, sino la nuestra”.
 
 
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