Agua embotellada, hábito por cambiar
El uso del agua embotellada (envase PET politereftalato de etileno) con el tiempo ha venido cambiando los hábitos de consumo en relación a este recurso, pues ya es imposible pensar en tomar agua, si esta no se encuentra embotellada y dudamos de la procedencia y/o la calidad del agua que llega a nuestras casas.

El impacto ecológico que traen las botellas utilizadas para envasar el agua es sumamente grande y el rastro que estas dejan en el ambiente aumenta cada vez más a raíz de su demanda. Cada botella de agua tarda en degradarse de 100 a 1000 años y aquellos envases que se reciclan demandan una gran cantidad de energía y combustibles, causando emisiones de CO2 para lograr ser recuperadas y convertirlas en otros productos del plástico reciclado.

Para envasar un litro de agua, es necesario utilizar tres litros de agua, aparte de las grandes cantidades de agua natural que se extrae de los ecosistemas, generando insuficiencia de este recurso en las poblaciones rurales.
Países como Canadá, Estados Unidos, Australia, Japón y Europa adelantan campañas en las que incentivan a los ciudadanos a no comprar el agua embotellada, frenando de esta manera el impacto negativo que genera este proceso industrial y el rastro ambiental que dejan las botellas luego de ser consumida el agua.
En nuestro país las ciudades que se encuentran a una menor altura sobre el nivel del mar, como Montería, Villavicencio, Barranquilla, Cartagena y Neiva, son las que ocupan los primeros lugares de demanda de este producto. Teniendo en cuenta esto, es preciso recordar que mediante el decreto 1575/07 el Ministerio de la Protección Social a través de la comisión del Agua Potable y Saneamiento Básico, establece el sistema para la protección y control de la calidad de agua para consumo humano, exceptuando el agua envasada, establece que todos lo acueductos de las principales ciudades del país deben estar en la capacidad de garantizar agua apta para consumo humano.





